El solsticio de verano marca cada 21 de junio la jornada más larga del año, un fenómeno astronómico vinculado históricamente a la vida tradicional vasca. En la cultura arcaica, esta bienvenida al calor constituía una festividad vital de carácter pagano de la que dependían directamente el éxito de las cosechas y la prosperidad del caserío. Con el paso del tiempo, el cristianismo fusionó este antiguo culto solar y protector con los ritos religiosos de San Juan, manteniendo viva la fascinación por la fuerza del fuego, el agua y la naturaleza en el cambio de estación.
Por este motivo, hemos querido repasar el origen mitológico de esta señalada fecha charlando con Akaitze Kamiruaga, miembro de Labayru Fundazioa. La divulgadora ha analizado el significado protector de elementos tradicionales como la sanjuan sorta o el eguzki-lore, detallando cómo los ritos vinculados a las hogueras y las propiedades medicinales atribuidas al rocío de la mañana evidencian la estrecha relación entre las costumbres del caserío y los ritmos de la naturaleza.