La legión romana pasó de ser una milicia temporal de ciudadanos ricos a una fuerza profesional permanente gracias a las reformas del general Cayo Mario en el año 107 a.C. Sus soldados afrontaban veinticinco años de servicio obligatorio bajo una disciplina de hierro. Esta maquinaria no solo combatía, sino que funcionó como una gran empresa constructora que levantó calzadas y campamentos estables que originaron urbes como León o Zaragoza.
El ilustrador y divulgador Juan de Aragón, ha regresado al espacio "La Historia detrás de la Historia" para desgranar los secretos de estos míticos cuerpos de combate. En esta tercera entrega, el creador del proyecto de divulgación de historia universal "El fisgón histórico", ha continuado analizando el Imperio romano pero desde la perspectiva del día a día de los legionarios, detallando su durísimo entrenamiento, la organización en cohortes y el brutal sistema de castigos y recompensas.