Gipuzkoa

Las cantineras del Alarde tradicional de Irun, ante uno de los días más especiales de su vida

Ainara Villimar y Elene Gajate, cantineras de Anaka y Santiago respectivamente, atienden a NOTICIAS DE GIPUZKOA a pocos días de un 30 de junio para recordar
La cantinera de Santiago, Elene Gajate, y la de Anaka, Ainara Villimar / Unai Macias

A medida que se acerca el ansiado 30 de junio, entre redobles, tambores y txilibitos, la ilusión se ha desbordado en las calles de Irun. Quedan ya pocos días para que la ciudad vuelva a vibrar con una nueva edición del Alarde tradicional, y sus cantineras ultiman los detalles para celebrar el que, con toda seguridad, será uno de los días más especiales de sus vidas. Atrás va quedando un mes de junio frenético, de preparativos y nervios de puertas hacia dentro que no se ven, pero que se viven con mucha intensidad. Ainara Villimar y Elene Gajate representarán este año a las compañías de Anaka y Santiago respectivamente. Ambas transmiten una felicidad desbordante y no ocultan su emoción, plenamente conscientes de que, en cuanto empiecen a sonar los primeros acordes de la Diana, comenzarán a protagonizar el San Marcial más especial de su vida.

Un sueño de infancia

Elene, de momento, sigue en una nube desde el día de la elección. A pocos minutos de ir a recoger el traje, explica que “poco a poco lo voy asimilando”. Algo similar ocurre con Ainara, que afirma que “hasta que llega el momento de verte ahí no te lo crees del todo”. Están cumpliendo un sueño de infancia.

La anakatarra recuerda cuando era pequeña e “iba donde la cantinera", algo que "me fascinaba”, añadiendo el orgullo que supone “poder representar al barrio”. No es la primera Villimar que lo hace, su hermana también tuvo el honor de salir elegida en 2018. El sueño es compartido con su homóloga de Santiago, que expresa la ilusión que es para ella “compartir este momento con familia, amigos y todo el mundo”.

Una pregunta sin respuesta negativa

Ambas recuerdan con emoción el día en el que salieron elegidas. Elene estaba “en casa, con las amas, y las izebas, y en el momento en el que tocaron el timbre me quedé paralizada”. La clásica pregunta de si quería ser cantinera fue respondida con un rotundo sí, no se recuerda una negativa a esa pregunta. Ainara en las horas previas “estaba tomando algo”, pero a la hora del comicio se fue a casa. En Anaka la tradición es llamar por teléfono después de la segunda vuelta del proceso para comunicar la elección . Cuando sonó el teléfono, sabía de sobra quién estaba llamando “y ya me puse a llorar como una loca antes de cogerlo”. Después la casa se llenó de familia, de amigos y de mandos de la compañía, “¡y a disfrutar!”.

Tras la elección, a la ilusión se sumaron los nervios porque es un año que van a vivir de manera muy diferente. Ainara reconoce que para ella los nervios son algo habitual de cada día de San Marcial, “pero ahora, viendo todo lo que hay detrás, muchos más, preparando cosas hasta el último minuto”, con “todo enfocado ya al día 30”. Pero la emoción gana a todo, porque, como dice Elene, “no se puede explicar la emoción que supone, sí te imaginas algo pero es más que eso”. Eso sí, aunque ha ido de un lado a otro gestionando y preparando cosas, “está ya todo atado”.

La familia junto a ellas

La cantinera de Santiago tiene claro quién desfilará junto a ella en San Marcial: “Irán mi padre y mi hermano, y un tramo también irá mi novio”. La familia también será fundamental para la anakatarra, que irá “con mi aita y mi cuñado”, aunque ha aprovechado los ensayos para ceder el testigo “al padre de mi mejor amiga, y a un amigo de la familia”. Son días en los que tendrán mucha gente en mente que no va a poder estar a su lado, de gente “como mi aitona y mi abuela” en el caso de Ainara, igual que Elene que recordará “a todos los que no podrán estar”.

Uno de los momentos más recordados por cualquier cantinera es el primer ensayo. Elene recuerda los nervios que pasó en los momentos previos “a pesar de que, sorprendentemente, había estado tranquila todo el día”. Pero la hora de la verdad es distinta, y “cuando subieron a los mandos a casa, y bajé al ensayo, me temblaban mucho las piernas”. Sin embargo, unos pasos después todo fue perfecto, “¡pero al principio no veas!”. El día fue diferente para Ainara, que estuvo “taquicárdica todo el día”, algo que al principio de esa primera toma de contacto con la compañía hizo que le “costara dar el primer paso”, pero pasados unos metros “empecé a disfrutar un montón”.

Unos San Marciales para toda la vida

El gran día está a la vuelta de la esquina, el que terminará de escribir el libro de unos San Marciales que siempre recordarán. Ainara espera con ansia “el momento en el que me recojan de casa, será especial seguro, igual que la arrancada y todos los sitios en los que suelo ver el Alarde, y por la tarde sin duda la calle Mayor”. Sí le han contado, es de imaginar que su hermana, “que el recorrido desde que te recogen en casa en Anaka hasta Urdanibia es muy bonito”, lo experimentará en pocas horas. Elene sentencia con un rotundo “todo momento me hará ilusión”, aunque sí da algún ejemplo como “que toquen la diana en Santiago, que salgamos después a Mosku, subir la calle Iglesia…”, pero a mitad de esta enumeración frena en seco para decir “¡Es que todo me hace ilusión!”.

Para finalizar, ambas lanzan un mensaje a la ciudadanía que apoya el Alarde tradicional, pronunciado por Ainara y corroborado por Elene, que no quita ni añade una coma: “Espero que todo el mundo disfrute, y tenemos que seguir tirando de esto para que siga adelante”. Las que van a disfrutar, segurísimo, son ellas.

26/06/2026