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La vuelta al cole no solo cuesta a los niños. En el Parlamento Vasco también ha habido quien ha apurado el reloj antes de volver a ocupar su sitio. A las puertas estaba esperando ya la primera reivindicación: un pequeño grupo reclamaba que la estación de metro de Usansolo se mantenga en el centro del municipio. Dentro, poco corrillo y mucho compañero conocido. Durante los escasos minutos que han permanecido en el hall, las delegaciones se han mantenido fundamentalmente entre los suyos.
Amaia Martínez ha sido de las más madrugadoras en llegar junto a los parlamentarios de EH Bildu. La otra imagen ha sido la de todos los miembros del Gobierno que han llegado andando al hemiciclo. El resto ha llegado con menos margen para conversaciones. Ya dentro, Eneko Andueza ha roto por un momento esa dinámica: con Imanol Pradales ya sentado, ha sido el único que se ha acercado a saludar al lehendakari antes del comienzo del pleno.
Una de las paradojas de la mañana ha llegado con las pantallas. Mientras el lehendakari Pradales advertía desde la tribuna sobre una relación cada vez más difícil de gestionar con móviles y redes sociales, bastaba levantar la vista para comprobar hasta qué punto resulta complicado escapar de ellas. No ha habido colores políticos: teléfonos en una bancada y en la siguiente, también entre los escaños del Gobierno. Ha habido momentos en los que prácticamente una fila entera compartía postura: cabeza inclinada y mirada en la pantalla.
Móviles y pantallas acapararon la atención de los parlamentarios.
El parlamentario socialista Ekain Rico incluso ha añadido sonido a la escena. Durante unos instantes se ha colocado unos auriculares y, más tarde, ha acercado el teléfono a Andueza para mostrarle algo. Qué escuchaba o qué había en aquella pantalla queda entre ellos. Entre tanto móvil ha destacado por contraste el rector de EHU, Joxerramon Bengoetxea: durante buena parte del discurso mantuvo la mirada hacia la tribuna sin que se le viera recurrir al teléfono.
Las casi dos horas han dado margen para que la atención se manifestara de formas muy distintas. Pello Otxandiano (EH Bildu) ha seguido algunos pasajes con una expresiva sucesión de gestos desde su escaño; Miguel Ángel Morales ha optado durante unos segundos por un particular momento de “reflexión” con los ojos cerrados. La cabezada ha durado poco y recuperaba enseguida la atención. A su lado, el también popular Iñaki Oyarzabal ha permanecido pendiente de la tribuna.
También ha habido imágenes que difícilmente se producen con los micrófonos abiertos. El socialista Jorge Juez se giró hacia Amaia Martínez, de Vox, y ambos intercambiaron unas palabras entre sonrisas. Una pequeña conversación entre bancadas para esa otra crónica que transcurre mientras desde la tribuna se libra la política con mayúsculas.
Estrenos y despedidas
El palco de autoridades ha tenido también su particular estreno y despedida. Mikel Mancisidor ha asistido por primera vez como Ararteko a un Debate de Política General, mientras Juan Mari Aburto ha afrontado el último como alcalde de Bilbao. Aburto ha compartido asiento y conversación con el expresidente del Parlamento Juan Mari Atutxa -un habitual en este tipo de debates- durante buena parte de la mañana. Han hablado sentados y han seguido haciéndolo al levantarse y abandonar juntos la tribuna de invitados para el descanso.
Elisabete Etxanobe, Juan Mari Aburto y Ana Otaduy.
Ha sido entonces cuando los corrillos que han escaseado a primera hora ganaron los pasillos. Pradales ha aparecido junto a Aitor Esteban y Joseba Díez Antxustegi, con el joven portavoz jeltzale muy cerca del lehendakari durante esos minutos posteriores a la intervención.
En la calle, entretanto, había cambiado la pancarta. A la reivindicación de Usansolo de primera hora se han sumado los pensionistas, que volvieron a exhibir las 145.142 firmas recogidas para su iniciativa legislativa popular. Dentro han comenzado las valoraciones de los partidos; fuera han continuado las reivindicaciones.
La mañana ha empezado con cada grupo entre los suyos y ha terminado con los corrillos ocupando los pasillos. Entre medias, casi dos horas de discurso han dejado una segunda sesión paralela y sin micrófonos: la de los saludos, las pantallas, los gestos y esas conversaciones que solo se descubren cuando la mirada se aparta por un momento de la tribuna.