Actualizado hace 9 minutos
El 1 de noviembre sigue marcado en el calendario, aunque no todo el mundo lo viva de la misma manera. Hay quien acude a misa, quien lleva flores al cementerio y quien pasa el festivo sin participar en ninguna de esas costumbres. La fecha permanece, pero su significado ha cambiado.
El Día de Todos los Santos ha ido cambiando a medida que también lo hacía nuestra visión de la muerte. Factores como el menor peso de la religión en la sociedad actual, las nuevas maneras de despedir a los seres queridos y la fuerte influencia de fiestas como Halloween han transformado la forma en que vivimos estos días. A pesar de ello, la costumbre de visitar los cementerios para honrar a los fallecidos sigue muy arraigada. Aunque el componente estrictamente religioso haya perdido protagonismo para muchos, el deseo humano de recordar a los nuestros sigue intacto.
De los santos a los difuntos
Si miramos hacia atrás, el origen de esta fecha se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Al principio, estos homenajes se dedicaban en exclusiva a los mártires, pero con el tiempo terminaron abarcando a todos los santos. Como detalle curioso, la fecha no siempre fue la misma. Mientras que en Roma se celebraba originalmente el 13 de mayo, en Inglaterra e Irlanda ya se había fijado el 1 de noviembre hacia el siglo VIII. Esta última fecha tuvo tal aceptación que la propia Roma terminó adoptándola de forma oficial un siglo más tarde.
Es habitual confundir el verdadero significado de estas fechas, por lo que conviene hacer una pequeña aclaración. En sus orígenes, el Día de Todos los Santos no estaba pensado para honrar a los familiares fallecidos, sino exclusivamente a los santos reconocidos por la Iglesia. Para recordar a nuestros seres queridos, el calendario cristiano reserva el 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos. Fue en el año 998 cuando el abad Odilón de Cluny fijó esta fecha para que los monasterios de su orden rezaran por las almas de los muertos. Con el paso de los siglos, ambas jornadas se acabaron fundiendo en la memoria popular.
Por otro lado, la coincidencia en el calendario con el Samhain, una antigua festividad europea, ha dado pie a muchas teorías sobre los orígenes de Halloween. A pesar de lo que se suele comentar, no hay pruebas históricas que demuestren que la Iglesia instaurara el Día de Todos los Santos con el único propósito de eclipsar o sustituir una celebración pagana.
Una tradición menos religiosa
La evolución de esta fiesta va de la mano de los cambios religiosos de la sociedad. Durante las últimas décadas, el sentimiento católico ha ido perdiendo fuerza, sobre todo entre los más jóvenes, pero eso no quiere decir que hayamos dejado atrás todas sus costumbres.
Tal y como señala Joseba García Martín, sociólogo de la UPV/EHU experto en la materia, "ha cambiado menos la fecha que la forma de vivirla". Al final, mientras algunas personas mantienen intacto el sentido religioso, para muchas otras se ha convertido simplemente en un día dedicado a recordar a los que ya no están.
Según el Diagnóstico de la situación de la juventud de Euskadi 2024, el 64% de las personas de entre 15 y 29 años se identifica como atea, agnóstica o indiferente, mientras que el 18,4% se define como católica, practicante o no practicante. En el año 2000, la proporción de jóvenes católicos alcanzaba el 56,5%. Las cifras no indican cuántas personas celebran el 1 de noviembre, pero muestran el contexto de secularización en el que la tradición se transforma.
Visitas al cementerio.
Una encuesta elaborada por Ipsos para Mémora y publicada en octubre de 2025, con 500 personas de entre 25 y 70 años en el Estado español, apunta en esa dirección. El 58% afirma celebrar el Día de Todos los Santos cada año. El 70% lo define como una costumbre cultural y una jornada para recordar a los seres queridos, mientras que el 15% lo considera exclusivamente una festividad religiosa. La visita al cementerio sigue siendo una de las prácticas más habituales, señalada por el 48% de los encuestados. Otros optan por reunirse con la familia, dejar flores en un lugar significativo o encender una vela en casa.
"Una costumbre puede perder parte de su sentido religioso y seguir teniendo mucho sentido familiar", señala el sociólogo. Ir al cementerio, llevar flores o reunirse permite recordar a quienes han muerto y mantener un vínculo con ellos. La práctica puede cambiar de significado sin perder su función.
La muerte fuera de casa
La transformación también afecta al lugar que ocupa la muerte en nuestra vida cotidiana. Hoy, hospitales, residencias y profesionales funerarios participan en buena parte de los procesos que rodean al final de la vida. La muerte sigue presente, pero muchas veces queda lejos de los espacios en los que transcurre el día a día.
El entrevistado también nos cuenta que la muerte está más apartada de nuestra vida diaria. Al mismo tiempo, aparece constantemente en los informativos, las películas y las series. La paradoja es que podemos verla con frecuencia sin tener que enfrentarnos directamente a ella. "En una película podemos acercarnos a la muerte sin que nos afecte directamente… cuando nos toca, entran el dolor y la incertidumbre", explica. Hablar de la muerte en general puede resultar sencillo; expresar una pérdida propia continúa siendo complicado.
También han cambiado las formas de despedirse: hay ceremonias personalizadas, homenajes privados y mensajes en redes sociales en los aniversarios de una muerte. La familia y las tradiciones siguen siendo importantes, aunque conviven con formas más individuales. Compartir recuerdos en internet puede ofrecer acompañamiento, mientras otras personas prefieren vivir el duelo en la intimidad.
Halloween y Gau Beltza
El 31 de octubre ha ganado protagonismo con Halloween, especialmente entre los más jóvenes. La performance que envuelve este día sitúan la muerte en un terreno distinto al de la solemnidad religiosa. Mientras el Día de Todos los Santos mantiene su vínculo con el calendario cristiano, la celebración de origen anglosajón permite acercarse a la muerte desde el juego.
Disfraces de Halloween
El experto de la UPV/EHU considera que esta celebración puede abrir conversaciones sobre un tema que se evita, aunque también puede dejar la muerte reducida a una imagen ligera si la fiesta no va más allá del disfraz y la diversión. "Depende de si se queda en la fiesta o sirve para hablar de lo que significa perder a alguien", plantea.
Un estudio de Jaime Altuna, de la UPV/EHU, y Josu Ozaita, publicado en 2022 en la revista Ankulegi, analiza cómo Halloween, Gau Beltza y Arimen Gaua permiten a niños y adolescentes acercarse a la muerte mediante el miedo y el juego. Estas fiestas pueden crear una experiencia compartida en una sociedad que a menudo mantiene la muerte a distancia.
En el País Vasco también se está recuperando Gau Beltza, una tradición vinculada a las costumbres populares de estas fechas. Según el Museo del Caserío Igartubeiti, en distintas zonas rurales se vaciaban calabazas, se introducían velas y se colocaban en portales o caminos. Estas prácticas estaban ligadas a las creencias sobre las almas de los fallecidos. Su recuperación responde al interés por transmitir las tradiciones locales, aunque no todo se reproduzca exactamente como en el pasado.
Estas tres festividades pueden convivir en una misma sociedad sin significar lo mismo para todo el mundo. Una mantiene su carácter religioso, otra representa la muerte a través del ocio y el miedo, y la tercera permite recuperar prácticas vinculadas a la cultura vasca.
Una fecha que sigue teniendo sentido
Las diferencias entre generaciones existen, pero no conviene convertirlas en una regla. Algunas personas mayores mantienen la festividad por tradición religiosa o familiar; muchos jóvenes se acercan desde el recuerdo, la cultura o el ocio. Eso no significa que hayan dejado de necesitar espacios para despedirse.
García Martín cree que el Día de Todos los Santos seguirá teniendo un lugar en el calendario, aunque sus significados sean cada vez más diversos y estén menos ligados a la Iglesia para una parte de la población. La visita al cementerio y el recuerdo de los seres queridos pueden mantener viva la fecha incluso entre quienes no practican ninguna religión.
Ya sea con flores en el cementerio, vaciando calabazas o dejando un mensaje en redes, la necesidad de recordar a los que ya no están sigue ahí. La tradición cambia, pero el vínculo se mantiene.