Verdadero o Falso

La IA y el algoritmo ponen a prueba la creación literaria

La polémica surgida en Francia por el supuesto uso de IA en una novela candidata al premio Goncourt abre el debate sobre la eficacia de herramientas de IA como Pangram para detectar posibles fraudes con las consecuencias para los autores en entredicho
Thélyson Orélien con un ejemplar de su novela
Thélyson Orélien con un ejemplar de su novela / Grasset

Actualizado hace 8 minutos

Puede resultar chocante que una herramienta de inteligencia sea la encargada de dilucidar si un texto, véase una novela, ha sido escrito utilizando IA. Quizá muchos se pregunten si es fiable la conclusión que arroje un detector de IA que use la misma tecnología. Entre esos muchos pueden estar tanto lectores como profesionales del mundo editorial tras conocer que, supuestamente, la IA se había colado en el premio literario más prestigioso en Francia, el Goncourt.

La polémica desatada con el caso de la novela C’était ca ou mourir del haitiano-canadiense Thélyson Orélien, retirada por la Academia Goncourt de la lista de candidatos al galardón, puede abrir debate y plantear preguntas del estilo de cómo puede sustentarse una acusación de tal calado o si el hecho de detectar en un texto similitudes con IA quiere decir que, efectivamente, ese texto completo haya salido de una herramienta de inteligencia artificial y, por lo tanto, su autor deje de ser sospechoso para ser declarado directamente culpable.

Es interesante, por tanto, conocer cómo son y cómo funcionan las herramientas que se utilizan para tratar de probar que una obra literaria o fragmentos de la misma son fruto de la utilización de la inteligencia artificial. En la lista podemos encontrar Copyleaks; Originality.ai, que además de detectar contenido generado por IA puede comprobar un posible plagio; GPTZero, más utilizado en el ámbito educativo y la que quizá es la más conocida, Pangram.

Este detector de IA ha sido el utilizado en el caso de la obra de Orélien y, por tanto, el que con sus resultados ha hecho que se determinara la exclusión de la obra del escritor.

Fue fundado en 2023 en Nueva York por investigadores de IA de Tesla y Google y se presenta como “un detector de IA que realmente funciona” con una precisión de hasta un 99,7%.

Pangram está entrenado para detectar los modelos más recientes de empresas como OpenAI, Anthropic o Meta, entre otros. Analiza un texto siempre sin hacer comparaciones con otros y, en caso de encontrar algún rastro de escritura generada por IA, lo hace constar detallando la parte o proporción del texto total en el que haya podido ser utilizada. Según detalla en su web, para su análisis “utiliza el procesamiento del lenguaje natural y un enorme conjunto de datos de escritura humana y artificial” como el estilo de escritura, la elección de palabras, la sintaxis y la estructura gramatical. Con un poco más de detalle, lo que hacen detectores como Pangram es, por ejemplo, medir la longitud de las frases o detectar si algunas palabras o expresiones se utilizan con mayor o menor frecuencia.

Herramientas de IA como Pangram dirimen entre la creación humana y la artificial

Herramientas de IA como Pangram dirimen entre la creación humana y la artificial ChatGPT

Precedentes

El caso de Thélyson Orélien no es el único en el que una obra ha sido puesta en entredicho por el supuesto uso de IA. Este mismo año tenemos otros dos ejemplos. En marzo, la editorial Hachette retiró la edición británica y canceló el lanzamiento estadounidense de Shy Girl (Chica tímida), una novela de terror autopublicada por la californiana Mia Ballard en 2025. Después de que las dudas surgieran de los propios lectores y tras ser sometida a Pangram, la conclusión fue que hasta un 78% de la obra era resultado de la IA.

Y este mismo mes, el autor zimbabuense Simbarashe Kundizeza negó haber usado inteligencia artificial para escribir The Blue Fighter (El luchador azul), con la que acababa de ganar el premio Caine para escritores africanos y que fue puesta bajo sospecha tras la publicación de un artículo en la revista The Atlantic.

Investigaciones

Diversos estudios se han ocupado de tratar de detallar el grado de eficacia de estas herramientas de detección. Entre humanos e IA: evaluación de la fiabilidad de las herramientas de detección de texto basadas en IA comparó varios modelos y encontró discrepancias entre herramientas como GPTZero o Writer a la hora de estudiar textos humanos y otros generados por ChatGPT-4.

Louie Giray, investigador de la Universidad Mapúa de Manila, lideró en 2024 el estudio El problema de los falsos positivos: la detección mediante IA acusa injustamente a los investigadores de plagio mediante IA que analizó las consecuencias que para un autor pueden tener unas conclusiones erróneas de una de estas herramientas. En él se señalaba que “si bien las herramientas de detección de IA son valiosas, es necesario un sano escepticismo debido al riesgo de falsos positivos u otras limitaciones. De hecho, la detección de IA debe complementar la toma de decisiones humanas, no reemplazarla”.

La última valoración sobre la IA en la literatura la ha aportado el británico Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, para quien “cuando la IA sea capaz de hacer algo “original”, los escritores tendrán un problema”.

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2026-10-31T16:02:09+01:00
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