Actualizado hace 4 minutos
Un tren rodeado de ambulancias, un helicóptero y personal de emergencias. La imagen parece documentar el despliegue tras el accidente ferroviario de Urda, pero esa escena no fue fotografiada allí: está generada con inteligencia artificial. Newtral ha verificado su origen sintético y ha identificado, además de textos ilegibles y figuras desdibujadas, una marca de agua digital que señala su creación con herramientas de Google.
Imagen falsa del despliegue de equipos de emergencia en Urda (Toledo) tras la colisión de trenes.
En Bermatu ya hemos abordado cómo la inteligencia artificial dificulta distinguir lo real de lo inventado en las redes. El accidente de Urda devuelve esa cuestión en unas circunstancias especialmente delicadas: cuando buscamos información sobre una tragedia, una imagen fabricada puede ocupar el lugar de un testimonio.
La cuestión ya no es únicamente si una escena consigue engañarnos. También importa qué creemos haber aprendido después de verla. Una recreación puede hacernos imaginar un despliegue que no fue así, situar vehículos donde no estaban o incorporar a nuestro recuerdo detalles que ninguna cámara registró.
Una escena creíble no es una prueba
La imagen de las ambulancias no es el único ejemplo. VerificaRTVE también ha desmentido una supuesta fotografía aérea del accidente, difundida en TikTok, que mostraba vagones sobre un terraplén. Según su comprobación, estaba generada con IA. La publicación analizada incluía una etiqueta sobre su origen artificial, pero otras que compartían la misma imagen no la mostraban.
Mensaje de TikTok que difunde una imagen creada con IA del accidente de tren en Urda.
Ese recorrido permite entender cómo se pierde una advertencia. Quien recibe una imagen reenviada o una captura puede encontrarse con la escena sin la información que acompañaba a la publicación original. El contexto también forma parte de lo que necesitamos para interpretarla.
Una ilustración identificada como tal puede servir para explicar una situación. El problema aparece cuando se presenta como una fotografía del lugar: deja de ofrecer una representación y pasa a funcionar como una supuesta prueba de lo ocurrido. Que resulte verosímil no acredita que alguien estuviera allí para tomarla.
No todo lo falso está creado con IA
Entre las imágenes atribuidas al accidente también hay fotografías auténticas de otros sucesos. Maldita.es ha localizado escenas del siniestro de Adamuz y de un tren incendiado en Ricla, Zaragoza, difundidas como si correspondieran a Urda. En esos casos, el engaño está en la fecha y el lugar que se les atribuyen.
Fotografías de Adamuz y del tren incendiado en Ricla difundidas erróneamente como si correspondieran al accidente de Urda.
La diferencia importa porque buscar únicamente errores visuales deja fuera una parte del problema. Una fotografía puede ser auténtica, no presentar ninguna manipulación y, aun así, utilizarse para contar algo que no ocurrió en ese lugar ni en esa fecha. Comprobar una imagen exige preguntar de dónde sale, no solo cómo está hecha.
También conviene separar lo que una escena permite observar de las conclusiones que alguien coloca junto a ella. Incluso una fotografía auténtica puede resultar insuficiente para explicar por qué ocurrió un accidente o atribuir responsabilidades. Su valor depende de lo que documenta y del contexto con el que se presenta.
El riesgo de quedarse sin saber qué creer
La investigación sobre vídeos manipulados señala un efecto que va más allá de aceptar una mentira. Cristian Vaccari y Andrew Chadwick estudiaron este problema en un experimento con 2.005 participantes británicos, publicado en 2020 en Social Media + Society. Utilizaron distintas versiones de un vídeo manipulado de Barack Obama y observaron que estos contenidos podían generar incertidumbre, que a su vez reducía la confianza en las noticias de las redes sociales.
El trabajo examinaba un vídeo político, no las imágenes de un accidente, y no permite trasladar automáticamente sus resultados a este caso. Sí aporta una idea relevante: el efecto puede consistir en dejar al espectador sin saber qué creer, aunque no llegue a convencerse de que la escena es verdadera.
Ante una tragedia, esa incertidumbre añade una dificultad a la búsqueda de información. Podemos pasar de aceptar una imagen porque encaja con lo que esperamos encontrar a sospechar de cualquier otra porque ya hemos visto una falsa. Ninguno de esos atajos permite distinguirlas.
Lo extraordinario también puede ser real
Entre las verificaciones del accidente hay una que ilustra la otra cara del problema: la imagen de un raíl atravesando un vagón sí corresponde a Urda. Maldita.es contrastó la escena con otras imágenes difundidas por agencias y con los testimonios de pasajeros. Su apariencia extraordinaria no la convertía en una creación artificial.
Newtral también confirmó la autenticidad de un vídeo grabado desde el interior de uno de los trenes. Para comprobarlo, siguió su publicación en Capital Radio, que identificó al compañero que lo había grabado, y comparó el entorno con imágenes aéreas difundidas por las autoridades. La verificación se apoyó en la procedencia y en coincidencias comprobables, no únicamente en la impresión que producía el vídeo.
Estos casos recuerdan que comprobar sirve tanto para desmentir como para confirmar. La existencia de imágenes sintéticas no permite descartar una grabación por resultar impactante, ni convierte un comentario que diga "es IA" en una verificación.
Antes de compartir, buscar el origen
No hace falta resolver por nuestra cuenta cada imagen que aparece en la pantalla. Antes de reenviarla como un hecho, podemos buscar quién la publicó, si identifica a su autor y si otros registros independientes muestran la misma escena. Una búsqueda inversa también puede ayudar a descubrir si circulaba antes del suceso al que ahora se vincula.
Los defectos visuales pueden despertar una sospecha. Las etiquetas, las marcas de procedencia y las herramientas de análisis pueden aportar información. Pero no conviene convertir una anomalía o el resultado aislado de un detector en un veredicto: lo útil es reunir evidencias y explicar qué permite concluir cada una.
Cuatro pasos para comprobar el origen de una imagen antes de compartirla.
La responsabilidad tampoco termina en quien recibe el mensaje. Quienes crean, publican o reproducen una recreación deben identificarla de forma clara. En una cobertura sobre víctimas reales, el público necesita saber si está mirando un registro del lugar o una escena fabricada.
Volvemos así a una pregunta que ya nos acompañaba al recorrer las redes: ¿esto pasó de verdad? El accidente de Urda muestra por qué merece la pena conservarla sin convertirla en una sospecha contra todo. Comprobar permite frenar una imagen falsa y, al mismo tiempo, dar crédito a quienes sí estuvieron allí para contar lo ocurrido.
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