Para Estitxu Ortolaiz el mundo es ese lugar que está delante del objetivo de su cámara de fotos. Dedicada a la fotografía, no deja de pensar en momentos, en lugares o en personas que retratar a través de su lente. Fotógrafa de profesión, repasa su trayectoria detrás de la máquina.
¿Cómo empezó en la fotografía?
De pequeña me encantaba mirar las fotos viejas de casa. Mi padre tenía una cámara pequeña y se la robaba de vez en cuando para hacer fotos, siempre me ha gustado. Después, con 18 años, me preguntaron a ver qué quería de regalo, y pedí una cámara réflex. Hice un curso de fotografía y hasta hoy. Hice un par de cursos más de fotografía para aprender teoría básica. Me gustó mucho y hasta hoy haciendo fotos. Es mi profesión y también mi hobby.
Hasta dedicarse profesionalmente a ello.
Sí, pero primero estudié. Hice imagen y sonido en Andoain, y después trabajé en una tienda de revelado de fotos. Luego me fui a Madrid, y ahí dejé mi trabajo y estuve dos años cobrando el paro. Conseguí pagar varios cursos en Madrid, y poco a poco empecé a hacer fotos de bodas y ese tipo de eventos. Empecé compaginando trabajo y estudios, y hasta que no vi que hacía las fotografías de una manera que a mí me pareciera buena, no empecé a trabajar por mi cuenta.
Permítame el chascarrillo del oficio de preguntarle si también empezó en la BBC, bodas, bautizos y comuniones.
¡Empecé así porque tengo quince primos y me llamaban cuando se iban a casar para ver si les hacía las fotos! Las hacía, a la gente le gustaban y me empezaron a llamar. De esta manera empecé poco a poco, y con eso me iba pagando los estudios. Después estuve trabajando en Otzarreta haciendo fotos de muebles. Traía el cliente el mueble, nosotros iluminábamos, una decoradora decoraba, valga la redundancia, y hacíamos un catálogo. La verdad es que me gustaba mucho. Como yo era la última fotógrafa en entrar, todo lo que había que hacer fuera me lo encargaban a mí. Y la verdad es que eso era una maravilla, porque me movía de un lado a otro, me iba adaptando a la luz que había... aprendí un montón. Al final como más se aprende es trabajando.
Y hace ya más de 20 años se estableció por su cuenta. ¿Tardó en asentarse?
Hay mucho trabajo detrás, pero la verdad es que me asenté bastante rápido porque yo ya tenía un recorrido hecho. No es que lo planeara, me fue llevando la vida a ello. Ahí fui haciendo mi clientela, haciendo un trabajo de comercial para mostrar mi trabajo, que por cierto me costaba mucho hacer, que sigue sin gustarme y lo con el que lo sigo pasando fatal. También te digo que una vez que te asientas no está todo hecho, hay que seguir trabajando y hay altibajos. Ten en cuenta que el mundo de la fotografía ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Y ahora está cambiando otra vez. Porque al principio las campañas eran enormes y había otro tipo de trabajo. Luego entraron las redes, el trabajo ya se simplificó. Y ahora con la inteligencia artificial he notado que la gente empieza a llamarte menos y a hacer más fotos con ella. Y ahí vamos, adaptándonos a lo que hay.
¿Les está perjudicando la inteligencia artificial a los fotógrafos?
Por un lado tienes ventajas. Hay cosas que hago que antes igual no podía hacer, y me facilita el trabajo en el día a día. El retoque, por ejemplo, ha avanzado mucho, y por ejemplo para presentar mis trabajos o para hacer dossieres y textos sí que lo utilizo. Por otro lado es verdad que hay clientes de redes sociales que igual ya me llaman menos, pero hago otro tipo de tareas. Al final es adaptarte y buscar otras formas de trabajar.
¿Y cuáles son esas formas?
Por ejemplo, he empezado a hacer talleres. Con Bidasoa Activa tengo un taller de fotografía con móvil, también de vídeo con móvil utilizando un poco de IA, para comerciantes o para pequeños emprendedores que están empezando y que no pueden permitirse económicamente contratar a alguien para que lo haga. Entonces con estos talleres les enseño a utilizarla bien. Y luego hago proyectos más personales, con instituciones. Por ejemplo, hemos organizado Begirada en Hondarribia, y varias cosas más. Con la IA no se puede hacer todo.
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Mucha gente que piensa que lo que hacen ustedes lo puede hacer directamente la inteligencia artificial. Me gustaría que me dijera algo concreto que ustedes pueden hacer y una máquina no.
Pues el toque personal y la esencia final. La IA puede estar muy bien, pero la tienes que dirigir mucho. Se está llenando la red de imágenes parecidas, y se nota. Los carteles son todos iguales, los textos son todos iguales y las imágenes son todas iguales. Hay que dirigirla, y es lo que podemos hacer nosotros. Luego al final cada uno tiene su estilo y su imaginación. Te puede ayudar, pero más allá de eso… también te digo que en un año no sé cómo será.
Lo que está claro es que no todo el mundo puede hacer de su pasión su trabajo. Usted sí lo ha conseguido, pero imagino que será difícil desconectar.
Es que no quiero desconectar, me gusta esto. Para desconectar de mi trabajo profesional lo que hago son mis proyectos personales y mis imágenes. A veces para desconectar del día a día me voy por ahí a pasear y hacer mis fotos. Por ejemplo, cuando he estado sacando fotos en un barco pesquero no quiero desconectar, y quiero volver a ir. He estado en África y quiero volver. De eso no quiero desconectar nunca. Nunca estoy conforme, entonces siempre quiero hacer más porque siempre quiero mejorar.
Tiene un estilo fotográfico de temáticas muy variadas: retratos, paisajes, interiorismo, gastronomía... Pensaba que la gente se solía especializar más en un tema.
Es que la gente lo suele hacer, y dicen que es mejor. Pero a mí me gusta la fotografía en general. Es cierto que hay temas que igual toco menos. Por ejemplo, me gusta mucho el retrato y me gusta mucho el reportaje. Esto último es lo que más me gusta, ir a ver qué hay por ahí. Me gusta mucho observar la realidad.
Ha hablado del reportaje como la que más le gusta, pero luego no sé en qué tipo de fotografía se siente más cómoda.
Depende de la época. Soy muy cambiante, me aburro de las cosas. Si estoy todos los días haciendo fotos de estudio, al décimo me he aburrido. Si estoy todos los días haciendo reportajes, al décimo me he aburrido o me he cansado. Entonces me gusta la variedad de este trabajo. Porque al final eso también me hace estar más activa. Hay días que estoy todo el día delante del ordenador y estoy encantada, pero si estoy cinco días ya me empieza a doler todo o no me da la cabeza. Me gustan los cambios.
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Me hablaba de un viaje a África. Hizo un reportaje extenso.
Me fui con Behar Bidasoa a Kabuga, a Ruanda. Cumplen 50 años de aniversario y querían hacer algo especial. Estuve alli diez días. Fue una experiencia bonita, pero muy dura. El sitio es espectacular y he aprendido un montón, pero ves situaciones terribles. Gente que no tiene ni para comer, que no tiene luz y que no tiene agua. Y todos viven así. En la ciudad sí que hay algo más de civilización, pero también es un poco de aquella manera, un caos. Es una vida totalmente distinta, que yo ya sabía que lo era, pero no que era a esos niveles ni que había tanta gente en esa situación. Ruanda aún sufre muchas secuelas del genocidio que sufrió hace 30 años, por ejemplo de gente que desaparece. Tiene un gobierno militar. Veías situaciones de llorar detrás de la cámara, gente que no tenía nada a la que le daban un mísero trozo de pan y lo cogían como si fuera oro. Y encima te decían que lo iban a guardar para su hija, que tampoco tenía nada. Una cosa terrible, gente que no tiene absolutamente nada.
No sé qué decirle…
Es que luego la forma de vivir también era distinta. No hay trabajo, no hay empresas grandes ni industria. Las viudas se quedan solas y no tienen para comer, no hay jubilación. Se quedan en la calle. Y allí hace calor y llueve mucho. Entonces ves como la gente acoge a otra, y ves que en una casa pequeña viven 20 personas. Aunque es cierto que la vida la hacen en la calle, porque en casa no tienen muebles, son cuatro paredes y ya está. Behar Bidasoa hace una labor muy interesante, da estudios, becas, casas y posibilidad de tener un futuro.
Un reportaje de esos que no se olvidan.
Sí que te digo que se me hizo muy raro, porque yo estoy acostumbrada a coger la cámara, ponerme en una esquina y que al rato se olviden de mí. Allí era imposible, porque era la única persona blanca que había. Me veían de lejos y se me acercaba la gente gritando para que les sacara una foto, todos posando. Cuando llegué allí pensé “qué exótico todo”, pero claro, al poco te das cuenta de que la exótica allí eres tú. El primer día había un festival súper bonito en torno a la mujer rural, con bailes y discursos, y yo me puse a hacer lo que hago siempre, moverme con la cámara de una esquina a otra. Para cuando me di cuenta estaba todo el mundo pendiente de mí, a ver qué hacía y que no hacía. ¡Ni se enteraron del show! Había otros fotógrafos de la escuela de Kabuga, de Behar Bidasoa, y me imitaban. Si yo me agachaba, ellos se agachaban. Fue bonito, pero muy duro.
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Le da mucha importancia en su trabajo a la mujer.
Sí, porque vengo de una familia de arrantzales. El mundo del mar es durísimo para los que trabajan en él, y le tengo mucho respeto, pero también hay que decir que luego las mujeres llevaban la vida adelante. Mi tía crio a seis hijos, la otra a cuatro, mi abuela a cinco hijos… siempre eran las desaparecidas. Sus maridos sí que les daban importancia, y las relaciones entre la familia eran muy buenas, pero siempre la imagen ha sido la de la mujer en casa, y sí, pero con trabajo e hijos. Y antes era dedicación a los hijos y a la casa, pero ahora encima trabajan fuera. Y es todo el verano. Si naces en familia de pescadores sabes lo que hay, pero algunas mujeres de mis primos no han nacido en ella, y hay que adaptarse. Entonces me gusta darle importancia a eso, por ejemplo a las rederas, que es un trabajo que parece una chorrada, pero nada más lejos de la realidad. Es un trabajo muy importante. Llega un barco de madrugada y hay que coser la red rápido para que se pueda ir a pescar, y si no se hace es un drama para mucha gente, porque sin pesca no hay dinero. Me gusta darle la importancia que se merece.
Lo que no se puede dudar, vistas cuatro exposiciones suyas, es que es usted de Hondarribia. Hariya, Axalian, Itsasoa y Haziya, dedicadas a las rederas, a los barcos de pescadores, al mar y a la labranza. ¿Cómo nacen esos proyectos?
Yo creo que he nacido con ellos, mis primeras fotos eran de barcos. Mi padre no es arrantzale porque es de Oiartzun, pero mi abuela es de baserri y mi abuelo era pescador, y vivían con nosotros. Mi abuelo, cuando ya no podía ni andar, salía todos los días al balcón a ver qué tiempo hacía para salir al mar. Miraba a Jaizkibel para ver si se podía pescar o no. He crecido ahí. Después también me iba al puerto a bañar y mi abuela me preguntaba a ver qué barcos había, y los fui aprendiendo poco a poco. Siempre me ha gustado, mis tíos iban al mar y me alucinaba, y mis primos. He visto algún vídeo de cuando iban a pescar a las Islas Azores y me parecía increíble. Es verdad que a mí no se me ocurría ir, pero luego a veces pensaba que ya iría a ver cómo lo hacen. Y al final lo conseguí, y fue una experiencia dura, pero brutal.
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¿Qué le diría a la gente que piensa que puede hacer una foto magnífica simplemente con un teléfono móvil?
Que se puede, pero que tiene que contar algo. Lo que importa es saber manejar la herramienta que tienes, y manejarla tú mismo, no que te lo haga el móvil. Cualquier cámara es buena, hay algunas mejores, pero lo que importa es la idea, lo que cuente la foto y lo que te lleve a recordar. Una foto te lleva al momento. A mí me gusta mucho ver las fotos de familia de hace 20 años, porque hay gente que ya no está entre nosotros, pero tú te acuerdas de lo que sentías en ese momento. Algunas fotos te llevan ahí, y está muy bien.
En lo personal, ¿cómo se siente al llevarse un galardón tras recibir el premio Argazkia?
¡Pues es la primera vez que me dan un premio! Me hizo ilusión, porque es un reconocimiento a tu trabajo. Ahí presenté el proyecto Matriarcado, adjuntando las mujeres del mar con las de la tierra. Son mundos distintos, pero la esencia es bastante parecida. Comparaba todo el peso que han llevado, y el matriarcado como tal, que mandaban mucho. ¡A mi abuela no le soplaba nadie! Eran mujeres muy potentes, como tenían que ser. A mí me encantaba.
También está en la organización de Begirada, el congreso de fotografía de Hondarribia.
Efectivamente. Nos gustaba mucho el congreso de Euskal Foto, y se dejó de hacer por temas suyos. Nos dio mucha pena a algunos fotógrafos de aquí de la zona, hablamos con el técnico de cultura, nos pusimos entre varios a organizarlo y salió muy bien. Movió a mucha gente. Lo que quisimos fue sacar el proyecto a la calle, que no solo fueran charlas de fotógrafos buenos. Algo bueno que tienen estas charlas, por cierto, es que no hace falta saber de fotografía, te cuentan historias y proyectos interesantes. Nos contaron historias de gente que estaba en el corredor de la muerte, de inmigración… temas muy potentes. No te hablan de técnica, te hablan de historia.
¿Y cómo lo llevaron a la calle?
Hicimos una exposición en la calle, hicimos talleres para jóvenes para que sean conscientes de lo que publican en redes y aprendan a hacerlo bien, hicimos también un rally fotográfico infantil con cámaras instantáneas y se fueron los niños y niñas a hacer fotos por el centro e hicimos una exposición con esas fotos… ¡hubo ambientillo!
¿Qué reportaje le gustaría hacer que no haya hecho aún?
Me apetece mucho ir a las mariscadoras de Galicia. De pequeña íbamos de vacaciones a Galicia 20 días a un camping, y sí me apetece. Pero en realidad cualquier tema me gusta. Ahora por ejemplo voy a hacer uno en Matía con gente mayor. Vamos a hacer entrevistas en vídeo y vamos a hacer fotografías, y la idea es luego hacer una exposición con esas fotos, con un código QR que te lleve a la entrevista, en la que cuentan cómo ha sido su vida. Y mostrar que son mayores, pero que la vida ni mucho menos ha terminado, que sigue y que hay cosas para disfrutar y para hacer. Quiero seguir también con Matriarcado y con las mujeres del mar.
Entiendo que le gusta más estar detrás de la cámara que ser protagonista.
¡Siempre, y cuando me hacen fotos lo paso fatal! Además, te pones a mirar a ver qué objetivo está usando la otra persona, piensas que lo harías de otra manera… cuando haces fotos a un fotógrafo te quedas con la duda de si le estará gustando.