Actualizado hace 6 minutos
La Fórmula 1 vivió en el Gran Premio de Bahréin, trasladado a Malasia por el conflicto bélico de Oriente Medio, una escena difícil de imaginar en la máxima categoría del automovilismo: cinco coches en paralelo, monoplazas avanzando a paso de tortuga, pilotos que pisaban el acelerador sin recibir respuesta… Y cerca de hora y media de retraso debido a las condiciones de mojado y los fallos electrónicos derivados de las mismas. Nadie comprendía qué estaba sucediendo. Se había instalado un problema que erosiona la imagen del campeonato.
El primer contratiempo fue la lluvia, que obligó a Dirección de Carrera a posponer la salida. El asfalto estaba demasiado mojado y se antepuso la seguridad de los pilotos. Posteriormente, cuando la carrera se fue a poner en marcha, apareció un fallo electrónico generalizado que llevó a un nuevo retraso, en este caso de alrededor de 50 minutos. La Federación Internacional de Automovilismo (FIA) explicó que un error del software que suministra a todos los equipos por igual había ocasionado pérdidas de potencia en los monoplazas.
Según detalló la FIA, durante el intento de tomar la segunda salida, los coches se pusieron en marcha detrás del coche de seguridad para evaluar las condiciones de la pista durante la vuelta de formación. Los coches rodaron a una velocidad extremadamente baja para la configuración del sistema electrónico, lo que provocó un fallo. El software anuló la entrega de potencia. “Era como estar en un kart de alquiler y que se te acabara el tiempo. Pisabas el acelerador, intentabas acelerar y no pasaba absolutamente nada”, atestiguó Sergio Pérez.
Mercedes se resguarda de la lluvia antes de tomar la salida.
Así, la salida tuvo que abortarse. La FIA ondeó la bandera roja y los coches regresaron al pit lane ante el desconcierto generalizado. La carrera no podía lanzarse sin aclarar por qué varios monoplazas habían perdido potencia. “Tuve que parar en la pista, detener el coche, el motor, y volver a arrancarlo. Nunca había hecho eso antes”, explicó Lewis Hamilton. La Fórmula 1 se enfrentaba a un fallo electrónico que debía resolverse para poder reanudar el procedimiento de salida.
El director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, declaró que el origen del problema estaba en el software que gestiona la entrega de energía de estas nuevas unidades de potencia introducidas en 2026. Argumentó que la combinación de velocidades extremadamente bajas, la escasa adherencia y los ajustes previstos para rodar en mojado desencadenó en un fallo que no había aparecido hasta que ocurrió en Sepang. “No conseguimos probar el software tan exhaustivamente como nos habría gustado porque este año ha habido muy poco rodaje sobre mojado. Se produjo una combinación de circunstancias que hizo que apareciera este fallo”, confesó Tombazis.
Actualizaciones para todos los equipos
La nueva normativa de 2026 ha aumentado el protagonismo del sistema eléctrico y, en mojado, incorpora limitaciones específicas de potencia. Es decir, los coches son capados. La solución de emergencia para eliminar las restricciones que detectaba el software fue modificar el sistema con una actualización que se distribuyó entre todos los equipos. Todas las escuderías tuvieron que instalarla para poder competir. Si bien, la FIA admitió a la postre que esa actualización estaba siendo probada sin ningún test previo. Los pilotos fueron como cobayas. “No probamos las actualizaciones, pero creo que era la forma de gestionar una situación de este tipo”, reconoció la FIA.
Los pilotos se mostraron sorprendidos al conocer las explicaciones. “Estos motores son muy complicados y llevan muchísimo software. Yo fui el primero en activarlo y entonces miré por el retrovisor y pensé: ‘Espera, ¿me están esperando a mí o qué está pasando?’”, comentó Max Verstappen, a la postre ganador de su primera carrera de la temporada.
“Era como la carrera de Lego, íbamos a la misma velocidad. En un momento dado llegamos a estar cinco coches en paralelo en la recta porque no entendíamos qué estaba pasando. Después completamos una vuelta y vi que todavía había otros ocho coches avanzando a paso de tortuga”, añadió. El vencedor en Sepang fue contundente: “¿Qué se puede decir? No es lo que uno quiere para el deporte. Espero que se haya aprendido la lección”.
“Nunca había visto que una carrera se retrasara por un 'bug'"
El líder del Mundial, Kimi Antonelli, manifestó que “fue una locura”. “En un momento dado, íbamos cinco coches en paralelo en la recta, porque no entendíamos lo que estaba pasando”, expresó. Oscar Piastri recurrió a la ironía: “Nunca había visto que una carrera de Fórmula 1 se retrasara por un bug. Esa sí que es nueva”. El australiano también sufrió una pérdida de potencia. “Yo me quedé atrapado durante aproximadamente un segundo. Cuando el turbo no funciona en estos coches, casi sale más a cuenta empujar el coche que utilizar el motor. Fue bastante extraño. No dio una buena imagen, pero creo que sería injusto señalar a alguien antes de tener una explicación”, manifestó.
Nadie se mordió la lengua. El vigente campeón, Lando Norris, fue especialmente crítico: “Es simplemente horrible. No sé, esto demuestra que no deberíamos tener nada de todo eso, toda esa parte electrónica”. Sergio Pérez dio un voto de confianza a la organización, aunque criticó lo sucedido: “Estoy seguro de que aprenderemos de ello como deporte. Pero lo que ha ocurrido hoy es totalmente inaceptable para este deporte”.
Sensación de inseguridad
A nadie se le escapaba la sensación de inseguridad que pueden vivir los pilotos ante una situación semejante. En este sentido, Oliver Bearman aseguró que la situación llegó a asustarle. “Nunca había visto nada parecido. Me quedé sorprendido. Ni siquiera sabía que la FIA podía controlar nuestro pedal del acelerador. La verdad es que fue bastante aterrador. Mi acelerador dejó de funcionar, aunque parece que también les ocurrió a todos los demás. El motor simplemente se quedó al ralentí”, señaló.
Fernando Alonso, uno de los más críticos con la actual Fórmula 1, aludió al proceder de Dirección de Carrera y aprovechó para atizar al reglamento. “Parece que Hamilton estaba en la cuneta y hubo estrés. He tenido abandonos en mitad de las carreras de este año y nunca pararon porque nosotros abandonábamos. Hubo que parar la carrera para que Hamilton volviese a salir. Ha sido raro”, denunció, antes de decir que existe “demasiada tecnología” involucrada y añadir que “los espectadores tampoco la aprecian realmente”.
Carlos Sainz fue más allá. El madrileño afirmó que “la Fórmula 1 necesita hacer una profunda autocrítica y analizar cómo hemos llegado a esta situación”. A su juicio, resulta “evidente que el reglamento es extremadamente complicado para los pilotos, los equipos, las unidades de potencia y los fabricantes”. Y lanzó una pregunta: “Mi única incógnita es: ¿quién decidió hace cinco años que este era el camino a seguir?”.
La Fórmula 1 dará marcha atrás
El resultado deportivo, con Verstappen volviendo a lo más alto del podio, Antonelli dejando casi sentenciado el título y Hamilton protagonizando una genial remontada, terminó empañado por una escena que reaviva el debate. La tecnología que debía convertir estos monoplazas en los coches más sofisticados de la historia dejó incapaces a varios de ellos. Fue el reflejo de una Fórmula 1 que, según el sentir generalizado, se ha complicado demasiado.
Por de pronto, en el primer año de la implantación del nuevo reglamento, ya se sabe que la FIA dará marcha atrás; volverá a conceder mayor importancia a la parte de combustión de las unidades de potencia de manera progresiva. Del reparto actual de potencia, mitad térmico y mitad eléctrico, se pasará al 58%-42% en 2027 y al 60%-40% en 2028. El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, también ha asegurado que en 2030 regresará una nueva generación de motores V8 que, aunque conservarán una parte híbrida, serán más simples y menos pesados y caros.