Son las nueve de la mañana y el ambiente en la Facultad de Educación de la EHU es de expectación máxima. El Aula Magna Juliana Agirrezabala está llena hasta la bandera. Sin un solo asiento libre, la escalinata central se ha convertido en el único refugio para decenas de estudiantes. El escenario rinde homenaje a la maestra y pedagoga que revolucionó el acceso femenino a la universidad como primera directora de la Escuela Normal de Maestras de Bizkaia en 1902. Hoy, las futuras generaciones de docentes se agolpan en este espacio impulsadas por un reto igualmente transformador: redescubrir qué signigica educar en plena era de ChatGPT.
El encuentro no tiene lugar en un momento cualquiera. Se produce en un punto de inflexión para la escuela vasca, donde la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y la sobreexposición digital han reabierto el debate tras el bajo nivel en comprensión lectora obtenidos en el Informe PISA. Frente a la paradoja de una generación hiperconectada que sufre para procesar y analizar un texto largo, la universidad busca respuestas para una realidad que avanza más rápido que el propio marco normativo. En palabras del decano de la Facultad de Educación, Joserra Díez, el reto de las universidades pasa por armar a los futuros maestros de un criterio pedagógico sólido frente al algoritmo.
Partiendo de la evidencia de que el profesorado “no siempre dispone de la formación necesaria para utilizar las tecnologías emergentes de manera eficaz y crítica”, las investigadoras y vicedecanas de Educación Nahia Idoiaga e Idoia Legorburu presentan los resultados del proyecto europeo EmTech4HE (programa Erasmus+) realizado en colaboración con universidades de Bélgica, Grecia, Chipre y Turquía. La iniciativa busca garantizar un aprendizaje ético e inclusivo más allá del mero uso de dispositivos. Fruto de esta investigación nacen 19 módulos formativos prácticos sobre IA y realidad extendida, que están disponibles en la web del proyecto. “Hemos desarrollado recursos específicos para el profesorado y fortalecido la red entre universidades de distintos países”, valora Idoiaga, al tiempo que advierte de que la tecnología por sí sola no asegura la excelencia. “Lo más importante –dice–no es utilizar una nueva herramienta, sino reflexionar sobre para qué, cómo y en qué condiciones la empleamos”, una asignatura sobre la que la Facultad de Educación de la EHU seguirá profundizando.
Estudiantes en la Facultad de Educación de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)
PeroEmTech4H es, por ahora, un proyecto aislado. ¿Cómo se debería responder de forma estructural al vertiginoso avance tecnológico? Ante el riesgo la IA redacte trabajos en cuestión de segundos y adormezca la capacidad crítica de los futuros docentes, la Facultad de Educación ha decidido tomar la iniciativa con una premisa clara: la tecnología jamás podrá sustituir a la persona en el aula. Para poner freno al uso acrítico de estas herramientas, el centro universitario ha introducido este mismo curso académico un giro sustancial en el sistema de evaluación del Trabajo de Fin de Grado (TFG). La memoria escrita deja de ser el único eje del proyecto de cuarto curso y la defensa oral ante el tribunal triplica su peso en la nota final, pasando de un testimonial 10% a un determinante 30%. El 70% restante quedará en manos de la tutorización continua a lo largo de los meses. “Ante la posibilidad de que un generador de IA elabore la memoria escrita, hemos modificado la evaluación para poner en valor la capacidad de exposición, la argumentación y el dominio real del tema por parte del alumnado”, explica a DEIA el decano de la facultad. De esta forma, el centro busca blindar la autoría de los proyectos y comprobar de tú a tú si el estudiante ha asimilado realmente los conceptos o si ha delegado la redacción en un algoritmo.
El criterio pedagógico
El movimiento no es un hecho aislado, sino el primer paso de una filosofía que la dirección del centro defiende con rotundidad. “El criterio pedagógico debe ir siempre por delante de la tecnología. La tecnología está ahí, pero nuestro cometido no es ver qué herramientas seleccionamos y para qué las vamos a usar, sino plantearlo al revés: cómo queremos enseñar en la era de la inteligencia artificial y de qué manera evitamos sustituir el esfuerzo cognitivo por las máquinas», subraya Díez.
En un momento en el que el debate sobre las pantallas en las aulas está al rojo vivo —azuzado por los mediocres resultados en lectura o matemáticas del Informe PISA—, desde la facultad de la universidad vasca apelan a rescatar la esencia de la enseñanza. “Hay una certeza que nos debe acompañar de forma continua y es que la labor pedagógica y el proceso de enseñanza-aprendizaje son insustituibles porque ocurren entre personas, a través de la mirada, el acompañamiento y la reflexión. A partir de ahí se construyen la comprensión lectora, la competencia matemática, la científica y la capacidad para expresarnos y redactar”, remarca el decano, quien aboga por defender un modelo educativo orientado al debate donde el humanismo prime sobre la pantalla.
Comisión específica sobre inteligencia artificial
Con el objetivo de articular medidas de mayor calado a corto plazo, la facultad acaba de activar una comisión específica sobre inteligencia artificial. Su primer cometido para este curso será elaborar un diagnóstico preciso sobre cómo, quién y para qué se están utilizando estas plataformas en las distintas asignaturas. A partir de esa radiografía interna, el centro contextualizará la guía general y el decálogo aprobados recientemente por la EHU para su comunidad de 48.000 estudiantes y 3.000 profesores. “Nos hemos marcado como meta para este curso académico identificar las necesidades formativas, tanto del profesorado como del alumnado, pero siempre bajo un prisma ético, humano y humanista”, señala Joserra Díez.
Estudiantes en la Facultad de Educación de la EHU.
El diagnóstico abordará un fenómeno indiscutible, el engagement o enganche absoluto que la IA ha generado en los últimos dos años, arrastrando incluso a perfiles docentesque históricamente se mostraban analógicos o escépticos. El dilema no es la prohibición, sino el uso racional. Como ilustra el decano, frente a encomendar una presentación entera a la IA, la alternativa pasa por la reflexión propia. “Hay funciones donde la tecnología ayuda maravillosamente, como las traducciones o la transcripción de entrevistas largas, reduciendo tiempos de días a horas. Sin embargo, luego requiere mucha edición, estilo y criterio ético”, afirma este experto que combina las ciencias biológicas con la innovación pedagógica en sostenibilidad.
Vuelta al papel y la voz
A la espera de reformas normativas de fondo, que avanzan con lentitud en la Conferencia de Decanos a nivel estatal por la falta de consensos ministeriales, el profesorado de la universidad pública vasca ya combate en el día a día las tareas automáticas mediante el ejercicio de la libertad de cátedra. El gran aliado del centro está siendo su estructura modular multidisciplinar, implantada en el curso 2011-2012 y en la que los alumnos trabajan en pequeños equipos cooperativos de entre tres y cinco personas para resolver retos que concluyen en exposiciones orales. En la práctica diaria, los docentes están desterrando las búsquedas bibliográficas mecánicas o los trabajos individuales frente al ordenador en casa. En su lugar, se facilita directamente el material en papel dentro de la clase para realizar lecturas concienzudas sin tecnología, elaborar síntesis en grupo y debatirlas in situ ante sus compañeros. “El reto consiste en definir criterios claros para no sustituir procesos cognitivos esenciales que deben ejecutarse con el propio cerebro, como la escritura, la lectura de textos largos en el aula o la comunicación oral”, sentencia Joserra Díez, convencido de que la respuesta a la era digital no pasa por aislarse, sino por afianzar las competencias verdaderamente humanas.