¿Cómo garantizar el aprendizaje y la capacidad crítica en las aulas en la era de ChatGPT? El decano de la Facultad de Educación de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), Joserra Díez, aboga por reordenar las prioridades en la formación del futuro profesorado: menos dependencia de las pantallas en favor de la lectura, el debate oral y el aprendizaje cooperativo. Para responder a los retos del nuevo curso, el centro ha activado una comisión de diagnóstico sobre el uso de la IA y refuerza el peso de la exposición oral en las evaluaciones para evitar el uso automático de la tecnología y preservar las competencias esenciales.
Ante el vertiginoso avance de la inteligencia artificial y su llegada a las aulas, ¿cuál debe ser el papel de la tecnología en la educación y cómo se va a abordar este reto desde la Facultad?
El criterio pedagógico debe ir siempre por delante de la tecnología. La tecnología está ahí, pero nuestro cometido no es ver qué herramientas seleccionamos y para qué las vamos a usar, sino plantearlo al revés: cómo queremos enseñar en la era de la inteligencia artificial y de qué manera evitamos sustituir el esfuerzo cognitivo por las máquinas. Hay una certeza que nos debe acompañar de forma continua y es que la labor pedagógica y el proceso de enseñanza-aprendizaje son insustituibles porque ocurren entre personas, a través de la mirada, el acompañamiento y la reflexión. A partir de ahí, se construyen la comprensión lectora, la competencia matemática, la competencia científica y la capacidad para expresarnos y redactar, un ámbito prioritario que nos ha llevado a tomar determinaciones concretas. Debemos defender una educación orientada al debate público, pero en la que el humanismo jamás sea sustituido por la tecnología, garantizando además aspectos clave como la accesibilidad. Para ello vamos hemos creado una comisión sobre inteligencia artificial.
¿Qué plazos y objetivos se plantean con la comisión sobre inteligencia artificial?
Queremos tener un diagnóstico propio sobre cómo se utiliza la tecnología, para qué, quién la utiliza y qué implantación tiene en las asignaturas en este momento. Una vez que dispongamos de ese diagnóstico, el siguiente paso es mirar a nuestra referencia principal, Euskal Herriko Unibertsitatea. La EHU ya ha creado un decálogo y una serie de recursos, y lo que debemos hacer es contextualizarlo en nuestra facultad y atender a las directrices generales de toda la universidad, que cuenta con casi 48.000 alumnos y cerca de 3.000 profesores. Nos hemos marcado como meta para este curso académico identificar, sobre todo, las necesidades formativas, pero siempre bajo un prisma ético, humano y humanista.
¿Plantean formación para el profesorado o para el alumnado?
En primer lugar, del profesorado, analizando qué demandas existen; y, por otra parte, del alumnado, para asegurar un uso racional de estas herramientas, que son muy diversas y están presentes en el día a día. Ha llegado un nivel de engagement o enganche absoluto desde hace un par de años. Incluso perfiles que eran muy analógicos o críticos con la inteligencia artificial están hoy totalmente integrados en su uso. Ahí surge el dilema sobre cómo debe ser utilizada.
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¿Y cómo cree que debería usarse?
Frente a encomendar un discurso o una presentación a la IA, la alternativa es reunirse, revisar los objetivos del proyecto y construir algo coherente desde el criterio personal. Hay funciones donde la tecnología ayuda maravillosamente, como las traducciones o la transcripción de entrevistas largas, reduciendo tiempos de días a horas. Sin embargo, luego requiere mucha edición, estilo y criterio ético. Por tanto, los objetivos posteriores de la comisión son determinar las necesidades formativas del profesorado —tanto en formación inicial como a lo largo de la vida— y del alumnado, para asegurar un uso racional y evaluar qué proyección real tienen estas herramientas en el aula.
¿Esta estrategia podría derivar en una modificación del propio currículum?
A nuestra escala, entiendo que el objetivo final tiene que ver con la optimización del recurso, estableciendo límites y procurando que la educación sea inclusiva, de calidad y proporcione recursos para la enseñanza-aprendizaje. El ámbito del currículum es más complejo porque depende del Estado. En las facultades de educación, por ejemplo, participamos en la conferencia de decanos de educación a nivel estatal. Existen órdenes ministeriales que regulan los cambios sustanciales en los grados de formación del profesorado de Educación Infantil y Primaria, donde conviven diferentes corrientes: algunas plantean que la educación tenga una base pedagógica prescindiendo de didácticas específicas, mientras que otros defendemos que la competencia matemática y científica son fundamentales junto al desarrollo de habilidades para una escuela inclusiva y democrática. Debe haber un equilibrio.
Joserra Díez, decano de la Facultad de Educación de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU).
¿La burocracia va por detrás de las necesidades?
A nivel estatal, los cambios normativos dependen de la legislación vigente, la LOMLOE, y posteriormente el Gobierno Vasco realiza la trasposición al currículum vasco. Sin embargo, el currículum y el uso de los libros de texto conllevan sus propias dinámicas por la alta intensidad con la que se emplean.
Ante las carencias que reflejan las evaluaciones diagnósticas y PISA en lectura o matemáticas, ¿la IA agrava el problema o ayuda a solucionarlo?
La prueba PISA, que se realiza al alumnado de 15 años cada tres años, rota su foco principal. En la última edición pesó más la competencia científica, en la anterior la matemática y en la previa la comprensión lectora. Independientemente de la ubicación en el ranking, los datos del País Vasco muestran una seria preocupación. Hay un aspecto transversal clave: la competencia lectora, de la que depende el desarrollo del resto de competencias y aprendizajes. Esto invita a reflexionar sobre la irrupción de la tecnología en las aulas durante los últimos 14 años a raíz de planes como Eskola 2.0. Existen voces discrepantes que proponen prohibir los teléfonos móviles o retirar ordenadores de las aulas, porque el uso constante de pantallas dificulta garantizar si las prácticas se desarrollan mediante el pensamiento y la escritura propia o mediante ChatGPT u otras plataformas.
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¿En qué medida entorpece el aprendizaje el uso continuado de la tecnología?
Sin ser categórico, porque habrá docentes que la integren muy bien en el aula, considero que no facilita el proceso. A cuenta de la tecnología en general, se constata que se lee menos y en fragmentos más cortos, delegando la responsabilidad y la capacidad cognitiva en los dispositivos.
¿Van con retraso los planes de estudio respecto a los cambios reales en las aulas?
Los ritmos institucionales y normativos son lentos. En la Conferencia de Decanos, los intentos de modificar las órdenes ECI que regulan los planes de estudio del profesorado no han salido adelante por falta de consenso ministerial. Los planes de estudio son estáticos debido a la dificultad de alcanzar acuerdos entre la gran variedad de áreas de conocimiento de una facultad de educación (didácticas específicas, pedagogía, psicología, historia, literatura, matemáticas, etc.). Sin embargo, otra cosa diferente es cómo el profesorado incorpora cambios año tras año en sus asignaturas en ejercicio de la libertad de cátedra para responder a los retos actuales. Aunque las titulaciones oficiales cambien despacio, en el aula se van introduciendo ajustes.
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¿Es suficiente ese voluntarismo?
El reto consiste en definir criterios claros para no sustituir procesos cognitivos esenciales que deben ejecutarse con el propio cerebro, como la escritura, la lectura de textos largos en el aula o la comunicación oral. En las facultades de educación de la EHU priorizamos la competencia colaborativa y las metodologías docentes activas, procesos que no pueden ser sustituidos por la tecnología.
¿Qué iniciativas concretas tiene la facultad para enseñar el uso de la IA?
La principal iniciativa actual es la puesta en marcha de esta nueva comisión de trabajo.
Si la IA redacta trabajos en segundos, ¿cómo se adapta la evaluación para garantizar el aprendizaje real?
Un ejemplo concreto aprobado recientemente para este curso académico afecta al Trabajo de Fin de Grado (TFG) en cuarto curso. Ante la posibilidad de que un generador de IA elabore la memoria escrita, hemos modificado el sistema de evaluación incrementando notablemente el peso de la defensa oral ante el tribunal.
¿Cómo cambia la ponderación del TFG?
Hemos pasado del 10% al 30% de la calificación final asignada al acto de defensa oral ante el tribunal. El porcentaje restante corresponde a la valoración del tutor o tutora que ha acompañado el proceso de desarrollo del trabajo a lo largo de los meses. De este modo se pone en valor la capacidad de exposición, argumentación y dominio real del tema por parte del alumnado.
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Más allá del TFG, ¿de qué manera influye la estructura modular que implantaron en 2011 para adaptar las asignaturas?
En las tres facultades de educación lo que se estableció fue una estructura modular. ¿Qué significa? Que cada cuatrimestre las asignaturas implicadas desarrollan un trabajo que conforma un módulo multidisciplinar donde el alumnado aborda un proyecto que recoge contenidos de todas las disciplinas simultáneamente. Esto supone que el profesorado tiene que coordinarse previamente para plantear un reto o problema a grupos de trabajo cooperativo conformados por 3, 4 o 5 alumnos a lo sumo, quienes durante esas semanas llevan adelante un trabajo final que culmina con una exposición oral.
Qué relevancia se le otorga a esa presentación oral en la nota final?
Habitualmente un 20%, pero es variable porque tenemos hasta siete módulos por grado. El gran cambio que se ha ido introduciendo es lograr que el trabajo intermedio no sea mecánico ni lo puedan reproducir las máquinas.
Joserra Díez, decano de la Facultad de Educación de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)
¿Qué dinámicas concretas están introduciendo en las aulas para evitar el uso automático de la IA?
Hay determinados módulos donde el profesorado, si propone tareas como la búsqueda bibliográfica, decide facilitar directamente la bibliografía para que cada miembro del equipo haga una lectura concienzuda del trabajo en el aula, en ausencia de tecnología. A partir de ahí, elaboran un resumen que exponen al resto y lo comparten con el conjunto del aula. Se busca evitar continuamente las tareas mecánicas o los trabajos individuales frente al ordenador o en casa, priorizando los trabajos cooperativos donde se resuelve el aprendizaje de forma compartida.
Este modelo modular se aplica desde el curso 2011-2012. ¿Qué balance hacen de esta metodología?
Hay un ejemplo muy bueno que ilustra lo exitoso que puede ser: en secundaria son muchos los institutos que en estos momentos están trabajando en base a estas estructuras multidisciplinares. Y me consta que, en este momento, en tres escuelas públicas de Bilbao también están imitando este modelo.
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En un contexto donde los escolares crecen rodeados de pantallas, ¿cuál es el perfil de docente que requiere hoy el sistema educativo?
Necesitamos personas... Nosotros siempre decimos que los formadores y las formadoras tienen que estar muy bien formados, pero con los pies en el suelo. Por una parte, deben dominar los contenidos. El profesorado tiene que tener un desarrollo competencial importante en muchos ámbitos: controlar la materia, pero sobre todo saber muy bien cómo aprende una persona, de manera individual y colectiva, y cómo se construye el conocimiento. Al mismo tiempo, debe tener en cuenta que va a tener al menos 40 ojitos mirándole desde la mañana a la tarde y que es un líder excepcional en el aula. Desde PISA y la OCDE nos dicen que tenemos que educar en el Antropoceno, un concepto que define un planeta gravemente transformado. Por lo tanto, necesitamos personas con muchos conocimientos, pero que sepan actuar y tomar decisiones fundamentadas frente a los retos actuales, con capacidad de agencia (agency).
¿Considera que debería replantearse o ampliarse el periodo de prácticas de los futuros profesores?
Son seis meses en los últimos cursos. Soy de la opinión de que, emulando otros modelos en Europa, debería haber un año muy exigente, con una tutorización expresa en las escuelas; al menos un año de prácticas. Si estableciéramos ese puente hacia la práctica docente, con un desempeño de responsabilidades absolutas pero con tutorización expresa, daríamos un paso más.
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¿Cuenta la universidad con directrices claras sobre qué uso de la inteligencia artificial está permitido?
Sí, hay una guía y una serie de indicaciones. Es relativamente reciente, de hace unos pocos meses, y es el espejo en el que debemos mirarnos para desenvolvernos dentro de este universo.
¿Existe colaboración entre la EHU y el Departamento de Educación para alinear la formación universitaria con la realidad de los colegios?
Ha habido dos iniciativas por parte del departamento de la consejera Begoña Pedrosa a comienzos de curso. En ellas ha participado una directora del Vicerrectorado de grado, que fue Vicedecana de este centro y cuenta con un conocimiento muy amplio sobre la materia.