Aryna Sabalenka ha dejado de ganar. Es la frase que resume la actualidad de la número 1 mundial. Comenzó la temporada de forma brillante, pero cada vez se ha ido alejando más de su mejor versión. La tenista bielorrusa volvió a marcharse de un torneo sin levantar el trofeo y lo hizo esta vez en Toronto, donde Ekaterina Alexandrova la derrotó en octavos de final –7-6 (3), 4-6 y 6-4–. No es una derrota aislada. Es otro episodio de una secuencia que empieza a adquirir la dimensión de una crisis.
El contraste con el comienzo del año es evidente. Sabalenka ganó Indian Wells y Miami de manera consecutiva, un Sunshine Double que confirmaba su condición de jugadora dominante. Pero desde entonces, su temporada ha entrado en una pendiente descendente. Sigue siendo la líder del ranking de la WTA, pero cada vez la cuesta más convertir su superioridad en títulos.
La eliminación de Toronto repite la tónica de los meses anteriores. En Madrid perdió en cuartos ante Hailey Baptiste después de haber dispuesto de seis puntos de partido. En Roma cayó frente a Sorana Cirstea tras adelantarse por un set. Roland Garros dejó probablemente la señal más preocupante: Sabalenka vencía 6-3 y 4-1 a Diana Shnaider, con doble break de ventaja, pero terminó perdiendo 3-6, 7-5 y 6-0. En ese encuentro cometió 57 errores no forzados y cedió los últimos diez juegos.
El problema está en la cabeza
La propia Sabalenka identificó entonces el problema. Habló de su cabeza. “Mentalmente no pude recuperarme”, reconoció después de aquella derrota en París, donde admitió haber caído en un “agujero muy profundo y oscuro” del que no supo salir. También confesó estar cansada de perder partidos por una gestión emocional que considera todavía pendiente de resolver.
Es indudable que Sabalenka sigue teniendo el mismo arsenal que la llevó a conquistar cuatro Grand Slam, porque el tenis no se esfuma en unas semanas, pero el problema aparece cuando el partido deja de estar bajo su control. Entonces la agresividad se transforma en precipitación y la búsqueda de golpes ganadores, en una sucesión de errores. Toronto volvió a ofrecer una versión de esa situación por la que atraviesa.
De hecho, Alexandrova, número 19 del mundo, habló de ello cuando reflexionó sobre su plan de partido ante la número 1. “Sabía que tenía que ser muy agresiva, quitarle tiempo y restar sus primeros saques porque intuía que eso le iba a meter presión y haría que se precipitara. No cometí demasiados errores y con mi servicio busqué ser más consistente”, explicó la rusa tras imponerse en Toronto.
La estadística proyecta la transformación de Sabalenka. Su último título continúa siendo el de Miami, conquistado en marzo. Desde entonces han llegado derrotas ante Baptiste (Madrid), Cirstea (Roma), Shnaider (Roland Garros), Pegula (Berlín), Osaka (Wimbledon) y ahora Alexandrova (Toronto).
Sabalenka, en acción durante el torneo de Toronto.
La amenaza por el número 1
La amenaza de Elena Rybakina sobre el número 1 añade presión. La kazaja llegaba al torneo de Canadá con 8.056 puntos, 494 menos que Sabalenka, y pero sin una posibilidad matemática de situarse como nueva líder. En caso de que Rybakina gane el torneo, se quedará a solo 4 puntos de la bielorrusa.
De este modo, el margen se ha estrechado y Sabalenka encontrará una oportunidad de reaccionar, de salir de la espiral negativa, en el US Open, que ya aparece como su último gran reto de la temporada y donde defenderá su condición de vigente campeona así como de número 1 del mundo.