Actualizado hace 5 minutos
George Russell convirtió una pole descomunal en una victoria todavía más contundente. El piloto británico gobernó el Gran Premio de Azerbaiyán con una autoridad que Mercedes lleva tiempo aplicando. Ni las largas rectas, ni los muros, ni los intentos de sus perseguidores alteraron el guion. Lo previsible se hizo material. Russell salió primero y terminó primero, con el único suspense aplicado por el acoso de Max Verstappen, retratando su superioridad en una jornada que le permitió imprimir emoción el Mundial recortando un bocado de puntos en el campeonato respecto al líder, un Kimi Antonelli que sufrió partiendo desde la discreta decimosexta posición.
La alerta llegó el viernes. Russell generó una diferencia de ocho décimas sobre el segundo clasificado para la parrilla de salida, Charles Leclerc. En carrera el margen fue monumental. En las diez primeras vueltas la distancia se fue ampliando a razón de medio segundo por vuelta. Oscar Piastri, que se aupó a la segunda plaza, se quedaba rezagado de forma irremediable. Russell se fugaba en solitario después de una salida que estuvo marcada por la cautela generalizada. Todos evitaron riesgos prematuros.
Mientras Russell completaba un trabajo impecable, demostrando que albergaba algo más que el resto, detrás los Red Bull eran los únicos monoplazas que hacían de las ratoneras calles de Bakú un campo de batalla. Isack Hadjar y Verstappen fueron ganando posiciones a costa de McLaren y Ferrari. Leclerc, quinto, Hamilton, sexto, y Norris, séptimo agotaban temprano sus opciones de podio.
Piastri se defiende de los Red Bull
Piastri, por su parte, resistía en el segundo puesto a la amenaza de los Red Bull. Desde el garaje de la escudería austríaca ordenaron a Hadjar ceder posición con su compañero. Verstappen pasó al acecho de Piastri. Sin embargo, el piloto de McLaren se defendía como gato panza arriba. “El neumático medio no parece demasiado bueno”, advirtió Max. En la recta más larga del campeonato, con 2,2 kilómetros, el neerlandés se echaba encima, a menos de un segundo para poder pulsar el modo boost, pero en las zonas reviradas el australiano cobraba margen. Un tira y afloja que permitió a Hadjar colocarse como una prolongación del monoplaza de Verstappen.
Antonelli, mientras, escalaba a duras penas. A diferencia de Monza, donde ganó la carrera partiendo desde la decimonovena pintura, en Bakú se le atascó su empeño de remontada. En los metros inaugurales cedió una plaza, cayó al decimoséptimo lugar. En diez giros solo pudo elevarse hasta el decimotercero.
Entre tanto, Lance Stroll firmó su cuarto abandono consecutivo por problemas mecánicos. El canadiense evidenció de nuevo la inmadurez del proyecto de Aston Martin, que sigue dando palos de ciego en sus pretensiones de progresar. Fernando Alonso siguió el mismo camino unos giros más tarde.
Russell acaricia el muro
Así, las vueltas se fueron agotando como si se impusiera un armisticio. Nada sucedía hasta que de pronto, en la vuelta 25, Russell reportó problemas de presión en sus neumáticos. Había acariciado el muro. Nadie es infalible. Estaba arriesgando demasiado pese a gozar ya de casi 10 segundos de ventaja. Seguía imponiendo un ritmo medio segundo más rápido que Piastri. No era una escapada repentina, sino una erosión constante. Décima a décima el piloto King’s Lynn iba lapidando a sus rivales. El aviso del muro no le hizo levantar el pie del acelerador. En la vuelta 29 de las 51 programadas, con una brecha establecida de más de 11 segundos, registró su vuelta rápida personal. Una temeridad. Aunque quizá era su particular manera de mantener la concentración.
Red Bull siguió aportando espectáculo. Hadjar solicitó su momento. Era más rápido que Verstappen gracias a sus calzos blandos. Max viajaba con medios. Desde el box dieron permiso para la batalla fraternal, pero exigieron prudencia.
El Mercedes de George Russell en Bakú.
Giro de guion
En la vuelta 31 el rumbo de la carrera viró. Un accidente de Alex Albon introdujo un coche de seguridad que abrió la ventana para el primer y único cambio los neumáticos, cosa que hicieron todos los favoritos, lo que restó incertidumbre a la cita, pero también anuló las diferencias, lo que introdujo nuevas oportunidades para avanzar posiciones. Russell tenía que volver a cocinar su éxito.
Nada más relanzarse la prueba, Verstappen, que partió octavo, logró adelantar a Piastri y alojarse segundo. En ese mismo punto sucedió un accidente múltiple con los dos Alpine y Lando Norris implicados, lo que introdujo un nuevo safety car. Antonelli ya era séptimo. Russell volvía a ver peligrar su triunfo.
Victoria por una milésima
Tras la nueva partida, Russell no pudo sacudirse la amenaza de Verstappen. Por su parte, Piastri se pasó de frenada defendiendo el tercer puesto y descendió dramáticamente. Hadjar saltaba al podio. Russell no podía rodar tranquilo con Verstappen soltando el aliento en el cogote. Había tenido la victoria en el bolsillo y tuvo que sufrir dos relanzadas y el posterior ataque de Max. Pero nada pudo detener al británico en Bakú, donde firmó su tercera victoria del curso por solo una décima. Russell estaba a 81 puntos del liderato y se queda a 66. “La primera parte la he sentido fácil, pero con las resalidas, con Max detrás, no ha sido fácil. Casi me bate y hubiera sido una auténtica pena”, repasó George, que confesó que después del parón “me siento más como yo mismo”. Antonelli, mientras, minimizó daños finalizando quinto, con Leclerc delante y Hamilton en el retrovisor.