Actualizado hace 6 minutos
La primavera trae, por lo general, días más largos y luminosos, y su luz no solo se cuela en los armarios, sino que también transforma el neceser. Tras meses de tonos apagados, el maquillaje aporta vida; la piel pide más frescura y brillo, ese rubor que parece surgir en el rostro sin ningún esfuerzo.
Con la nueva estación llega también una forma distinta de mirarse al espejo por lo que se buscan texturas más ligeras, acabados más jugosos y colores que estén a la altura de la vitalidad que exigen los días más largos.
Tendencias en primavera
“Cuando empieza el buen tiempo, muchas mujeres buscamos ese efecto sunburn blush, un rubor natural que recuerda al tono que adquiere la piel tras una ligera exposición al sol, acompañado de labiales que iluminen el rostro”, explica Victoria Otero, Brand Manager de Deborah Milano en España y Portugal.
Otras tendencias como el sunset blush, que mezcla rosados y naranjas para recrear el calor de un atardecer en las mejillas, o el strawberry girl makeup, con su piel luminosa y labios jugosos, se han instalado en la rutina diaria de muchas mujeres como respuesta a la búsqueda de naturalidad, de cercanía y de una belleza menos impostada.
Una mujer luce en sus mejillas un rubor muy natural.
La importancia del color
Expertos de Deborah Milano sostienen que el maquillaje sigue siendo un lenguaje y que el color elegido en labios o mejillas no es algo casual, sino que habla de actitud, de intención e incluso de estado de ánimo.
El rojo, por ejemplo, aseguran que es el tono de quien no quiere pasar desapercibida, de quien pisa fuerte y no necesita pedir permiso. Clásico y rotundo, el rojo transmite seguridad, energía y poder. No es un color que se elija a medias sino que o se lleva o no se lleva.
Los labios rojos transmiten carácter y fuerza.
Frente a él, el rosa se mueve en otro registro. Es más ligero y más cercano, conecta con una personalidad optimista y abierta, y aporta un cierto aire juvenil. Evoca dulzura sin caer en lo ingenuo y, en primavera, encuentra su momento natural al fundirse con ese rubor que la propia piel parece reclamar.
Entre ambos extremos, el coral y los tonos melocotón trazan un terreno intermedio. Son colores cálidos, vibrantes sin estridencias, que encajan con mujeres espontáneas, creativas y poco amigas de lo previsible. Tienen la capacidad de iluminar el rostro sin imponerlo y de sumar sin eclipsar.
El nude, en cambio, juega en otra liga. Es la elección de quienes entienden el maquillaje como un ejercicio de equilibrio. Tonos suaves y casi imperceptibles, que realzan sin transformar. Hay en ellos una elegancia discreta, una sofisticación que no necesita destacarse. Funcionan a cualquier hora, en cualquier contexto, y dicen mucho precisamente por lo poco que aparentan.
Y luego están los tonos profundos como el burdeos o el cereza. Son colores que aportan intensidad, que construyen un gesto más definido y suelen asociarse a personalidades con carácter, que buscan un punto de misterio sin renunciar a la elegancia. No son para todos los días, pero cuando se usan, se hacen notar.
Una paleta muy amplia
En ese abanico cromático se mueve hoy el maquillaje, una paleta abierta que las firmas de belleza han sabido ver y han ampliado sus propuestas para adaptarse a esa diversidad de estilos y estados de ánimo. Porque, al final, el maquillaje no es solo una cuestión de estética sino también de actitud y, como la ropa o el gesto, muchas veces habla por sí solo.