Bizkaia

La adrenalina de pintar contra el reloj

El durangarra Fernando de Vicente expone en Beittu Art Factory una treintena de obras creadas en certámenes de pintura rápida
Fernando de Vicente en su estudio / Kevin Doyle

Hay cuadros que nacen durante semanas entre las cuatro paredes de un estudio. Otros, en cambio, ven la luz en apenas cinco horas, rodeados de curiosos, con el viento amenazando el caballete, la lluvia acechando o un sol cambiante que obliga a reinterpretar cada pincelada. Ese es el reto que, desde hace poco más de dos años, ha conquistado al vecino de Durango afincado en Berriz Fernando de Vicente, protagonista de la exposición Pintura Urgente / Premiazko Pintura, que puede visitarse en Beittu Art Factory, en Artekalea, hasta el próximo día 29.

La muestra reúne cerca de una treintena de obras realizadas en certámenes de pintura rápida celebrados desde 2024, trabajos creados en un tiempo medio de cinco horas en los que la capacidad de observación, la síntesis y el dominio de la técnica resultan tan importantes como la inspiración. Una propuesta que forma parte de la celebración del 25 aniversario de Beittu Art Gallery y del décimo aniversario de Beittu Art Factory como academia, y que además supone la primera exposición organizada en el propio local.

La catedral de Burgos Fernando de Vicente

Paradójicamente, el artista nunca sintió una especial atracción por este tipo de concursos, en los que participa con obras realizadas en las técnicas de acuarela y acrílico. Durante años, incluso, ocupó el otro lado de la mesa como miembro del jurado del certamen de pintura rápida de Berriz. “Antes no me gustaban estos concursos. Me parecía una pintura de trucos”, reconoce. Sin embargo, observar durante años a otros artistas enfrentarse al reloj despertó en él una curiosidad inesperada. “Poco a poco me daba más envidia. Pensaba: Jo, eso tiene que ser divertido. Hace dos años y pico decidí dejar de ir como jurado y participar yo para comprobar si era capaz de presentar un buen trabajo en un tiempo limitado”.

Desde entonces no ha parado. El pasado año participó en 39 certámenes y logró premio en aproximadamente uno de cada tres. Este año ha reducido ligeramente el calendario, aunque ya suma 22 concursos y varios reconocimientos. El último llegó en el pasado y maratoniano fin de semana con un tercer puesto en Ispaster, después de participar también en Frías y Burgos.

Aunque el público suele fijarse en el resultado final, el artista asegura que la verdadera batalla empieza mucho antes de dar la primera pincelada. “Lo más difícil sigue siendo elegir el tema, que te dé juego y sea divertido. Después pensar cómo resolverlo y, por último, resolverlo”.

Adrenalina y presión

A diferencia del estudio, donde el tiempo parece detenerse, los concursos convierten cada decisión en una carrera constante. “Hay adrenalina y otra presión. La competición, sobre todo, es contra uno mismo, porque hay muchos elementos que no puedes controlar”. Enumera algunos casi como quien recuerda pequeñas aventuras. “El otro día en Burgos me acribillaron los mosquitos; otras veces el viento te tira el cuadro, empieza a llover o eliges un sitio por el que pasa muchísima gente que no deja de hacer preguntas. Y luego está la luz, que cambia continuamente”. Precisamente esa incertidumbre es la que le ha terminado conquistando. “Hay cantidad de factores que hacen que todo esto sea divertido”.

Plaza Untzaga de Eibar Fernando de Vicente

Todas esas experiencias quedan reflejadas en una exposición que está sorprendiendo a quienes se acercan a verla. “A la gente le están gustando mucho los trabajos; sobre todo les sorprenden los tamaños de las obras”. Para él, además, tiene un valor añadido al ser la primera muestra organizada en Beittu Art Factory. “Está pasando un montón de gente y eso nos hace mucha ilusión”.

Detrás de esa ilusión hay una historia que comenzó hace décadas. “Desde niño supe que me gustaba este mundo”. Aquella intuición le llevó a apuntarse a las clases de pintura que los sábados organizaban en el colegio Jesuitas y, más adelante, a estudiar Bellas Artes. Sin embargo, el camino no fue tan idílico como podía parecer. “Cuando estaba estudiando no me convencía cómo funcionaba la facultad. Quise dejarlo porque quería irme a Arquitectura y mantener la pintura como un hobby”. No lo hizo. “Éramos cuatro en casa y me dijeron: Has empezado esto, ahora lo acabas”. Terminó la carrera y, con el paso del tiempo, comprendió que aquella decisión había marcado definitivamente su vida.

Desde entonces ha compaginado la creación artística con la enseñanza, una faceta que considera profundamente vocacional. “Me gusta ver cómo la gente mejora, progresa y adquiere habilidades. Hay quien viene como una actividad más y hay quien realmente quiere crecer dentro de la pintura”.

Alumnado

En sus clases conviven alumnos de seis y de ochenta años, un abanico generacional que demuestra que nunca es tarde para descubrir el placer de pintar. Lejos de situarse únicamente en el papel de profesor, reconoce que también aprende continuamente de ellos. “Muchas veces aprendo de mis alumnos. Te sorprenden una mancha, una textura o una manera diferente de resolver las cosas”.

Para explicar el aprendizaje de la pintura recurre a una comparación deportiva. “Lo más importante es aprender a mirar. Después viene la mano”. Y añade: “Cuando te enseñan un saque de tenis entiendes la técnica en diez minutos, pero luego tienes que repetirlo 300.000 veces para hacerlo bien. En pintura ocurre exactamente igual. Sabes cómo debe ser una pincelada, pero no sale a la primera. Tienes que hacer, hacer y hacer hasta que la mano aprende”.

Su manera de entender el arte va mucho más allá de una cuestión estética. “El arte para mí es lo que nos diferencia de otros mamíferos y lo que da sentido a la vida”. Considera que cualquier disciplina creativa, ya sea la pintura, la literatura o la música, permite al ser humano dejar de ser un mero espectador de la realidad. “Puedes conformarte con lo que te viene dado o intentar amoldarlo a lo que piensas que debería ser la vida o la sociedad. Para mí el arte es una forma de comunicación. Intentas hacer algo mejor con lo que recibes; eso es el arte y eso es lo que intento hacer”.

Bilbao Fernando de Vicente

Ese mismo espíritu quiere trasladarlo también a Beittu Art Factory. Hace apenas unas semanas organizaron en Ezkurdi una exposición con trabajos de sus alumnos y el objetivo es seguir convirtiendo el espacio de Artekalea en un punto de encuentro cultural. “Queremos que el local sea un sitio de referencia al que venga la gente”. Ya piensan en una nueva muestra para el próximo verano o incluso para las próximas Navidades.

'Me encanta verle feliz'

Mientras tanto, Fernando de Vicente solo pide seguir disfrutando. “Me he enganchado a los concursos. Disfruto mucho pintando”. A su lado siempre está su mujer, Raquel Castro, que observa con satisfacción cómo esa pasión mantiene viva su ilusión. “Me encanta verle feliz. Es un incentivo verle contento. La semana es muy larga y esto le motiva. Además, no le gusta el fútbol… algo le tenía que gustar”, comenta entre risas.

Con referentes como Picasso, Robert Rauschenberg o los acuarelistas Chien Chung Wei y Marc Folly, Fernando de Vicente continúa demostrando que la creatividad no entiende de cronómetros. Al contrario, a veces basta una cuenta atrás de cinco horas para recordar que el arte también puede nacer de la urgencia.

18/07/2026