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El salón de plenos del Ayuntamiento de Lekeitio se viste de gala a partir de este sábado, 18 de julio, para acoger una muestra excepcional que rescata del olvido una de las mayores odiseas navales del siglo XX. La exposición, que se inaugurará oficialmente a las 11.00 horas, contará con la presencia de los familiares de los protagonistas de esta aventura. Se trata de una cita ineludible con la historia, un reencuentro con el legado del lekeitiarra José Lucio Ordorika Ruiz de Asúa (1896-1973), el capitán que lideró la mítica travesía del yate Vita.
De esta manera, casi un siglo después de que el Vita surcara los mares cargado con el tesoro de la República en 1939, el nombre de Ordorika vuelva a resonar con fuerza en su localidad natal. Este homenaje llega tras un emotivo acto celebrado recientemente en la Euskal Etxea de Ciudad de México, donde Nile Ordorika, hija del capitán, hizo entrega oficial de su valioso archivo de navegación al Gobierno vasco para su incorporación definitiva al Archivo Histórico de Euskadi.
Para entender la magnitud de la exposición que se inaugura mañana, es necesario remontarse a febrero de 1939. En los estertores de la Guerra Civil, el gobierno republicano de Juan Negrín fletó en Francia un imponente yate de lujo de 71,5 metros de eslora, originalmente botado en los astilleros alemanes Krupp en 1931. El barco, rebautizado como Vita y puesto a nombre del empresario vasco de confianza Marino Gamboa, zarpó del puerto de El Havre con un cargamento sumamente secreto y valioso: más de cien cajas y maletas con joyas, monedas de oro y obras de arte incautadas por la Caja General de Reparaciones.
Imagen de archivo de la proa del yate fondeado en Shouthampton
El capitán Ordorika, afiliado al PNV, no dudó en rodearse de una tripulación compuesta mayoritariamente por marineros vascos de su absoluta confianza para afrontar una travesía de máxima tensión por el Atlántico. La navegación concluyó en marzo de 1939 en las costas de México, donde las autoridades del presidente Lázaro Cárdenas facilitaron la descarga del cargamento gracias a la mediación del político Indalecio Prieto.
El tesoro en cuestión, destinado a costear el exilio de miles de republicanos, incluiría, según el inventario de Amaro del Rosal, perteneciente al consejo ejecutivo del Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles, "las joyas de la capilla del Palacio Real de Madrid pertenecientes al Tesoro Artístico Nacional, parte del tesoro de la catedral de Tortosa, ropajes y objetos religiosos incautados en la catedral de Toledo, incluido el 'Manto de las cincuenta mil perlas de la Virgen del Sagrario', y las piezas del monetario del Museo Arqueológico Nacional, descritas en el único inventario que se conoce como "ejemplares únicos de incalculable valor histórico", y que no serían las únicas monedas con valor histórico transportadas, puesto que también se hace referencia a monedas de oro de gran valor numismático procedentes del Ministerio de Hacienda y la Casa de la Moneda de Madrid", tal y como explican Francisco Gracia Alonso y Gloria Munilla, autores del libro El Tesoro del Vita, aunque su composición exacta no se conozca con total seguridad, ya que no se hizo un inventario a su llegada en México por las evidentes implicaciones.
Curiosamente, este episodio acabó desatando un enconado conflicto político entre las facciones de Prieto y Negrín, pero la pericia de la tripulación vasca quedó grabada con letras de oro en los anales de la navegación.
Un legado que resurge del olvido
La historia del Vita es también la de sus múltiples vidas: tras servir en la Armada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, pasó por manos de un lobby judío para transportar refugiados a Palestina, se convirtió en cañonero de la Marina de Israel bajo el nombre de INS Maoz y terminó sus días activos como ferry turístico entre Nápoles y Capri. Recientemente, el legendario barco fue localizado en un astillero de los Países Bajos para una restauración que busca devolverle su antiguo esplendor.
Imagen reciente del Vita rebautizado como Argossy, en Harlingen, Holanda.
Memoria y dignidad
Sin embargo, el verdadero tesoro que ahora recupera Lekeitio es el de la memoria y la dignidad. La exposición de Lekeitio no solo rinde tributo a un marino excepcional, sino a toda una generación de arrantzales y navegantes de Bizkaia que arriesgaron sus vidas en defensa de la libertad. Por lo tanto, las familias de José Antonio Bilbao, Rafael Goenaga, Teodoro Urkiaga, Tomás Marqués, Santiago Zumarán, Santos Garamendi, Eugenio Aranguena, Jesús Zabala, Santiago Belaustegi y Antonio Ertze, los incorporados desde el buque Tramontana: Isaac Etxabe, Antonio Brouard, Teodoro Burgaña y Félix Bilbao, y aunque no fueron a bordo, familias de quienes ayudaron a hacer posible esta aventura, como Juan Urkiaga, recuperarán así una parte de su legado e historia.
Los documentos del capitán Ordorika que se expondrán a partir de mañana en el salón de plenos permitirán profundizar, con rigor y emoción, en las entrañas de aquel viaje contra el fascismo. Una historia con sello vizcaino que, por fin, echa el ancla en el puerto de la memoria colectiva.