Vida y estilo

Kam Unitatea, la consulta psicológica itinerante para personas sin hogar

El programa de la cooperativa Lotura Giza Garapena ofrece atención psicológica y sociosanitaria a este colectivo en varias localidades de Gipuzkoa
Psicóloga y paciente, charlando en la consulta sobre ruedas. / Cedida

La jornada empieza para ella cuando todas las mañanas, entre las 8:30 y 10:00 horas, dependiendo del día, se monta en una furgoneta de la marca Renault. El vehículo se distingue con claridad: en la puerta del copiloto se leen en mayúscula las letras de KAM Unitatea y justo debajo, en azul, viene el logo de la cooperativa de emprendimiento social Lotura Giza Garapena. La ruta ya está preestablecida, así como las zonas que se van a visitar durante los cinco días de la semana. Los lunes y viernes, Donostialdea; los martes y jueves toca ir a Eibar; y el miércoles, a Oarsoaldea.

La psicóloga Andrea Monterroso (Santiago de Compostela, 28 años) atiende en esta consulta de atención psicológica itinerante a una media de cinco personas en situación de sinhogarismo al día, con las que transcurre, aproximadamente, una media de unos 45 minutos con cada una de ellas. La mayoría de los pacientes son hombres (un 84%) y la población migrante (58%) supera holgadamente a la autóctona. La edad media de estas personas es de 39 años, aunque en el caso del colectivo magrebí, por ejemplo, suelen ser posadolescentes y veinteañeros. "Cada vez hay más jóvenes en situación de calle", alerta Andrea.

Hay quien necesita un rato más de atención profesional y también a los que "se les hace un mundo" una sesión de tres cuartos de hora. Pero todos ellos comparten un profundo malestar emocional, cuenta la psicóloga, que muchas veces viene acompañado de síntomas depresivos o ansiosos y, en los casos más extremos, pueden incluso derivar en ideación suicida. La sesión, por supuesto, es gratuita.

Una pesada mochila

Entre las personas sin hogar, la población migrante se suele llevar la peor parte. A la mochila de la exclusión social se le suma la del racismo, que les recuerda que este no es su país, y lo que Andrea llama el "ajuste de expectativas" entre lo que les prometen en sus lugares de origen y lo que se encuentran cuando llegan aquí y se dan de bruces con la realidad. Una característica compartida por locales y foráneos es que se sienten solos. Muchas veces la atención psicológica de KAM Unitatea deriva en "un desahogo" para que puedan expresar con libertad sus sentimientos y sensaciones. Sentirse escuchados en lugar de examinados es importante para ellos.

Andrea entró a formar parte como técnica de KAM Unitatea (Kaleko Arretarako Mugikor) en octubre del año pasado. Ha tomado el relevo de Ainhoa García, la psicóloga anterior, quien le trasladó la importancia del "trabajo en equipo", tanto dentro de la propia cooperativa como con el resto de entidades, instituciones y profesionales (albergues, residencias, servicios municipales y trabajadores sociales) que trabajan con los colectivos más desfavorecidos y con recursos limitadísimos. "Una buena coordinación facilita mucho las cosas", afirma Andrea.

Andrea Monterroso, a bordo de la furgoneta de KAM Unitatea. Cedida

Esta unidad móvil, en funcionamiento desde 2021, forma parte de un innovador programa de atención psicológica y sociosanitaria de Lotura Giza Garapena destinada a personas sin hogar o en situación de exclusión social que se desarrolla en diferentes municipios de Gipuzkoa. Desde la cooperativa afirman que el proyecto nace "de la acuciante necesidad detectada en torno a la problemática psicológica y de salud mental" que sufren muchas personas abocadas a vivir en la calle. La iniciativa ha sido reconocida por su labor en más de una ocasión. El pasado 12 de junio, por ejemplo, el programa KAM Unitatea fue premiado por la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) en la categoría sociosanitaria.

Andrea se encuentra con la severísima exclusión de lo que significa no tener un techo. "Hay un gran número de personas que tienen diagnosticada alguna enfermedad mental", confirma. "Entre los migrantes, en muchos casos están lejos de poder estar dentro del sistema de salud, porque les falta la documentación necesaria o tienen barreras con el idioma", añade. Pero luego también está la otra parte, la del cariño que recibe en su día a día. "Son muy atentos. Agradecen muchísimo que estés ahí presente y que los escuches, tener un hueco para ellos". Es la recompensa por tratarlos con dignidad.

Una realidad invisibilizada

Hay de todo. De repente, como recuerda Andrea, la pérdida del universo en el que vivían los ha llevado a subsistir en la calle. Tenían una red familiar, un trabajo, una casa. Y eso se les esfuma. Por su parte, la población migrante (desde magrebíes pasando por portugueses, polacos, argentinos o guineanos, entre otros) no ha podido encontrar un lugar donde poder desarrollar sus vidas dignamente. Viven entre nosotros, pero se vuelven invisibles, como si no convivieran en nuestros barrios y fueran una mera abstracción estadística. O, peor aún, reciben el menosprecio y desdén de una parte de la sociedad, cuando, señala la psicóloga, simplemente suele ser "gente con dificultades que necesita ser acompañada en su proceso".

05/07/2026