Actualizado hace 9 minutos
Cuando las temperaturas rozan los cuarenta grados, el cuerpo nos pide consumir cosas heladas: agua con hielo, helados, ensaladas refrescantes o gazpacho bien frío. Sin embargo, si echamos un vistazo a la gastronomía de las zonas más calurosas del planeta (como México, el sur de la India, Tailandia o el norte de África), descubrimos una paradoja sorprendente: sus platos tradicionales están repletos de chiles, guindillas, curry y especias muy picantes. Lejos de ser un error culinario, comer picante cuando hace calor es una de las estrategias biológicas más inteligentes y eficientes para enfriar el organismo.
Guindillas picantes.
La explicación a este fenómeno radica en cómo el cerebro procesa el picor. Los alimentos picantes contienen un compuesto químico llamado capsaicina o piperina. Cuando ingerimos capsaicina, esta sustancia se une a unos receptores de dolor y calor de nuestra boca conocidos como receptores TRPV1. Estos sensores engañan por completo al sistema nervioso, enviando una señal de alarma inmediata al cerebro diciéndole que se está quemando.
La paradoja del sudor
Aunque la temperatura real de la comida sea normal, el cerebro reacciona ante esa falsa alarma activando todos los mecanismos de emergencia para enfriar el cuerpo. El más importante de ellos es la sudoración. Empezamos a sudar por la frente, el cuello y la cara a los pocos minutos de comer picante.
Cuando el sudor llega a la piel y entra en contacto con el aire, comienza a evaporarse. El proceso de evaporación requiere energía, la cual se extrae directamente del calor de nuestro propio cuerpo. Al evaporarse el sudor, la temperatura de la piel disminuye, provocando una sensación de frescor que dura mucho más tiempo que el efecto de un helado. Además, el picante dilata los vasos sanguíneos, lo que favorece que la sangre circule más cerca de la piel y libere el calor hacia el exterior.
Por qué el hielo es un alivio a corto plazo
Para entender por qué el picante es un gran aliado contra el calor, conviene compararlo con lo que ocurre cuando tomamos una bebida helada. Al ingerir algo muy frío, los termorreceptores del estómago detectan un descenso brusco de la temperatura interna.
El cerebro, en lugar de enfriarnos, interpreta que el núcleo del cuerpo corre peligro de congelarse y activa el mecanismo inverso: contrae los vasos sanguíneos para retener el calor y eleva la temperatura interna para compensar. El alivio que nos da un vaso de agua helada dura apenas unos minutos; después, el cuerpo puede acabar teniendo más sensación de calor.
Por supuesto, para que el truco del picante en verano funcione a la perfección, deben cumplirse dos condiciones. En primer lugar, el clima debe ser seco o con algo de brisa. Si estás en una zona con humedad ambiental del cien por cien, el sudor que provoca el picante no podrá evaporarse y la sensación de agobio será aún mayor. En segundo lugar, debes mantener una hidratación constante porque el picante te hace sudar intencionadamente para enfriarte y necesitas reponer líquidos bebiendo agua.