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Hay profesionales a los que la televisión convierte en estrellas de la noche a la mañana. Y luego están los que se ganan cada escalón a base de paciencia, oficio y muchísimas horas delante y detrás de una cámara. Ion Aramendi pertenece claramente al segundo grupo. A sus 49 años vive, como dirían los más jóvenes, su auténtico prime.
Este verano, precisamente, se ha quedado sin vacaciones. Pero pocas renuncias saben tan ricas como esta. Mientras buena parte de la población prepara las maletas rumbo a la playa, Ion se pone al frente de El verano se mueve, el nuevo magacín vespertino de Telecinco con el que Mediaset intenta su mayor reto: seguir reconstruyendo las tardes. Comparte aventura con Kike Quintana, sobrino de Ana Rosa, en un formato que combina actualidad, entretenimiento y mucha tele en directo.
Ion Aramendi en una foto de archivo
Aunque hoy muchos le identifiquen con Reacción en cadena, Supervivientes o los debates de Gran Hermano, conviene recordar que su gran escuela fue Sálvame. Allí pasó siete años como reportero detrás de famosos, exclusivas y directos imposibles. Él mismo lo ha reconocido en más de una ocasión: “Todo lo que sé de televisión se lo debo a ellos”.
Tras abandonar Telecinco, muchos pensaron que su carrera perdería impulso. Pero ocurrió justo lo contrario. Regresó a Euskadi para ponerse al frente de Qué me estás contando en ETB2, un formato donde pudo demostrar que detrás del reportero había un magnífico presentador. Fueron algo más de dos temporadas que terminaron convirtiéndose en el mejor escaparate posible.
Tras abandonar Telecinco, muchos pensaron que su carrera perdería impulso. Su historia pudo ser muy disntinta, pues antes de periodista fue jugador de baloncesto
Y entonces llegó la llamada de RTVE. Primero fue El Cazador, después Mejor Contigo, más tarde el talent The Dancer y, poco a poco, Ion dejó de ser un rostro conocido para convertirse en una apuesta segura. En 2022 regresó a Mediaset por la puerta grande para conducir los debates dominicales de Supervivientes y asumir poco después las riendas de Reacción en cadena, uno de los concursos que mejor ha funcionado en la parrilla en los últimos años (bien lo saben los mozos de Arousa). A ello se sumarían los debates de Gran Hermano VIP y de la edición anónima del reality.
¡Y eso que su historia pudo ser muy distinta! Antes de convertirse en periodista profesional fue jugador de baloncesto. De hecho, llegó a competir en categoría EBA defendiendo los colores de varios equipos salmantinos, ciudad en la que además estudió Periodismo en la Universidad Pontificia. Más tarde regresó a Euskadi y, cuando parecía que todavía buscaba su sitio en el mundo, decidió hacer las maletas y marcharse a Australia. Allí trabajó como encargado de un restaurante griego, perfeccionó su inglés y descubrió otra de sus pasiones: el surf.
Al volver tampoco encontró inmediatamente su camino. Durante un tiempo trabajó revisando bombonas de butano. Hasta que un anuncio de televisión cambió completamente su destino. Sus padres vieron una oferta para buscar reporteros en un nuevo programa llamado Sálvame. Se presentó. Le escogieron. Y el resto ya forma parte de esta jugosa historia.
Pero si la vida profesional le sonríe, la personal parece hacerlo todavía más. Acaba de celebrar quince años de matrimonio junto a María Amores. Se casaron en 2011 en una ceremonia desenfadada y, desde entonces, han construido una familia numerosa junto a sus tres hijos: Ion, Lucas y la pequeña Marieta. De hecho, María acaba de incorporarse como colaboradora al nuevo programa veraniego de su marido.
Ambos presumen además de un excelente estado de forma. Practican boxeo con frecuencia en un gimnasio madrileño y suelen compartir en redes sociales una vida alejada del artificio habitual del mundo televisivo. Ion nunca ha ocultado que su verdadera prioridad son sus hijos y suele definir a María como “el motor” de toda la familia. Quizá ahí resida buena parte de su éxito. En una profesión donde tantas veces triunfa el personaje, Aramendi ha conseguido algo mucho más difícil: seguir pareciendo la misma persona que repartía butano, jugaba al baloncesto o perseguía famosos con un micro en la mano. Solo que ahora, en lugar de correr detrás de la noticia, es él quien ocupa el centro del plató.