Casualidad o no, Gorka Bringas aparece al otro lado de la pantalla con una camiseta de los Black Crowes. El músico de Bilbao no reniega de sus referentes del rock and roll ni estando de vacaciones en un camping de la costa alicantina en pleno mes de agosto. Miembro de los renacidos The Flying Rebollos de Portugalete, desde 2011 Gorka Bringas ha emprendido una interesante carrera en solitario anclada en las aguas del rock and roll y con una fuerte personalidad melódica. El álbum Aprendices, recientemente editado en formato vinilo, es su quinto disco hasta la fecha. Bringas también fue guitarrista de El Jinete Eléctrico, que se llamaba igual que aquella película de Robert Redford en la que interpretaba a una estrella de rodeo venida a menos.
El mundillo del rock espera impaciente el lanzamiento del próximo trabajo discográfico de los Flying que, presumiblemente, saldrá a la luz este otoño bajo el título de Nada va a volver a ser igual. Los autores de auténticos himnos rocanroleros como Un verano de perros continúan dando guerra por los escenarios desde su regreso a la carretera 25 años después. Se dice pronto. El sábado 29 de agosto tocarán en la XVIII edición del Festival del Valle de Tobalina de Burgos. Más adelante, el 26 de septiembre, formarán parte de la cuarta edición del certamen gratuito Doberel Fest de Muskiz. Todas las fechas de la banda por la península se pueden consultar en su página web, theflyingrebollos.com.
“Pensé que en los bares se hallaba el camino”, cantaba hace 10 años. ¿Sigue frecuentando los bares tanto como antes o ha bajado el pistón?
—Los bares los sigo frecuentando, siempre van a estar ahí, pero ahora soy más diurno que nocturno. Lo que me sigue gustando es el bar castizo, aunque sea difícil encontrar uno por aquí (vive en Getxo). Al final, hago mucha vida de barrio con mis amigos.
Bilbao siempre ha tenido cierta aura de villa rockera, pero no sé si eso ya es cosa del pasado y los tiempos ya son otros.
—Yo creo que sí la tiene. Claro que sí. Todavía queda bastante escena rockera. Mientras la gente de 40 años para arriba sigamos haciendo música, Bilbao no va a perder esa aura rockera. También hay festivales que se hacen por aquí y a los que nos apuntamos todos los rockeros de la zona, como el de Tobalina, donde vamos a ir los Flying.
Nadie puede decir que Gorka Bringas sea un veleta del rock. Tanto en solitario como con sus otros proyectos, la música rock ha sido el eje de su carrera.
—Es que no he vivido otro tipo de música que no sea rock o blues. Tampoco sé hacer otra cosa, ni lo he intentado siquiera. Nunca se me ha pasado por la cabeza. Al final, las canciones salen como salen, de lo que uno conoce y de la manera en que le nacen. El rock es el eje central de todo lo que hago, sí, aunque te diría que incluso más el blues.
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¿Cómo se consigue ser respetado en esta profesión?
—He intentado hacer siempre las cosas lo mejor posible y ser coherente, hacer aquello en lo que creo. Por supuesto, también trabajando, currando, estando ahí. Y, sobre todo, en el mundo de la música, facilitándole las cosas a la gente que está a tu alrededor. Siendo amigo de tus amigos. Vamos, se consigue siendo, básicamente, una persona normal. En mi caso estoy contento con el camino recorrido y con lo que he hecho hasta ahora, aunque personalmente no me considero una persona especialmente respetada; habrá quienes sí me respeten y otros no tanto.
Fernando Pardo, de Sex Museum, se define como un “obrero del rock”.
—Nunca me ha gustado pensar en la música como un trabajo per se, sino algo más bien con lo que disfruto y me divierto. Por eso nunca me ha dado por estar de una manera muy activa o intentando ganarme la vida haciendo versiones, lo que respeto profundamente. Pero sí, supongo que soy un currela del rock. Porque esto es un trabajo de 24 horas. Siempre estás pensado en una canción o, si no te llega la inspiración, en por qué cojones no tienes una canción en la cabeza. Hasta dormido sueñas con canciones. Yo me he despertado con parte de la letra de una canción y he tenido que levantarme para apuntarla a toda hostia.
“ El del rock es un trabajo de 24 horas. Hasta dormido sueño con canciones ”
¿A quién va dedicada la canción Deberías saberlo del último disco? Parece la ruptura de una pareja o el fin de un proyecto común.
—Aunque es cierto que me han pasado cosas en estos últimos dos años, muchas canciones del disco estaban ya escritas de antemano. Deberías saberlo es una de ellas. No soy una de esas personas que escribe pensando en un tema en concreto; es algo que no se me da nada bien. Prefiero empezar a tirar de un hilo e ir por ahí. Y Deberías saberlo, si bien se podría situar en un momento cercano de mi vida, ya tiene un tiempo.
El rock, vivo y coleando
En este verano tambaleante entre desastres naturales y desgracias humanas, el rock, al que se le lleva dando por muerto décadas, se resiste a ser enterrado. Su final es una fake news, un bulo más. Si los padres de todo, los eternos Rolling Stones, siguen publicando discos pasados los 80 años, el rock and roll no puede ni debe finiquitarse tan fácilmente. Continúan publicándose espléndidos álbumes, de viejas glorias y nuevos artistas, con la guitarra eléctrica como instrumento primordial. Además, el rock siempre ha estado dispuesto a echar una mano y alzar su voz en los periodos convulsos. El próximo disco de los Flying —29 años después del álbum Esto huele a pasta! — es otro ejemplo de que el género, con mayor o menor relevancia, ese ya es otro tema, está vivo y coleando.
El disco empieza con un riff muy Sweet Jane de The Velvet Underground/Lou Reed. Suena a declaración de intenciones.
—No ha sido una cosa pensada o premeditada. Pero es que tampoco hago canciones partiendo de un riff. Empiezo con una sucesión de acordes y sale lo que sale, en este caso un guiño a nuestra manera de Sweet Jane y que se puede ver claramente.
¿Hay alguna banda actual que le llegue al corazón?
—Últimamente estoy escuchando bastante a un músico canadiense llamado Jesse Ropper. También a Marcus King, que ya es uno de los grandes del rock. Y me ando moviendo un poco hacia el indie (ríe), con grupos como León Benavente o Carlos Ares, que tiene cosas guapísimas. A medio camino entre unos y otros, me gusta Leiva.