Para quienes buscan una escapada que combine historia, una arquitectura única y un entorno natural imponente, la provincia de Burgos esconde un tesoro único: Frías. Situada al norte de la provincia, en la preciosa comarca de Las Merindades y a poca distancia de Euskal Herria, esta joya destaca por ostentar un título nobiliario asombroso. Es, oficialmente, la ciudad más pequeña del Estado. Fue el rey Juan II quien le otorgó el título de ciudad en el siglo XV para favorecer el comercio en la frontera, y a pesar de contar hoy en día con apenas trescientos habitantes, pasear por su casco urbano es entrar en una ciudad medieval majestuosa.
La fisonomía de Frías es un desafío a la gravedad. La ciudad se asienta sobre el Peñón de Frías, una gran roca caliza que se eleva sobre el valle. Al aproximarse por la carretera, la estampa visual es la de una fortaleza inexpugnable rodeada de prados y huertas, donde las casas parecen brotar de la propia roca. Es el destino perfecto para huir de la sobreestimulación urbana y perderse por sus calles de piedra y madera.
Municipio de Frías.
Casas colgadas, pasadizos de roca y el castillo
El trazado urbano de Frías es completamente medieval y se adapta a la estrechez de la roca sobre la que se encuentra. Caminar por sus calles más míticas como la calle de la Cadena o la calle del Mercado la mejor opción para descubrir las famosas Casas Colgadas de Frías. Estas viviendas están construidas al borde del precipicio debido a la falta de espacio en la ladera, las casas crecen hacia abajo en ella y se apoyan unas en otras mediante vigas de madera creando una hilera de fachadas que parecen flotar sobre el abismo.
El monumento que domina el horizonte y define la silueta de la ciudad es el imponente Castillo, edificado entre los siglos XII y XV. Su ubicación es estratégica, ya que está colgado en el extremo más alto de la roca, haciendo de vigía de todo el valle del Ebro. Lo más espectacular del conjunto es su Torre del Homenaje, que se eleva sobre la propia roca caliza. En el extremo opuesto del peñón se levanta la Iglesia de San Vicente Mártir, un templo románico cuya torre cayó en el siglo XIX y tuvo que ser reconstruida, y que guarda en su interior retablos de mucho valor histórico.
Vista del municipio de Frías (Burgos)
Dos rutas espectaculares
Para exprimir al máximo la visita combinando el patrimonio urbano con la naturaleza burgalesa, la primera ruta a tener en cuenta es la Ruta del Puente Medieval hasta Tobera. Se trata de una caminata circular de unos 9 kilómetros y dificultad muy baja, ideal para captar la mejor perspectiva fotográfica de la ciudad. El sendero arranca en el casco histórico y desciende entre las antiguas murallas hacia el fondo del valle. El camino te lleva directo al espectacular Puente Medieval de Frías, una obra maestra de ingeniería de 143 metros que cruza el río Ebro.
Lo que hace único a este puente es la imponente torre fortificada construida en su centro en el siglo XIV y que era el lugar donde se cobraba el pontazgo (el peaje de la época) a los comerciantes que viajaban entre la costa cantábrica y la meseta castellana. Cruzar sus arcos, escuchando el río abajo, te transporta de lleno a la Edad Media. El camino de vuelta bordea los campos de cultivo tradicionales y las riberas del río antes de volver a ascender al peñón.
Si buscas una caminata con un paisaje de naturaleza y cascadas de agua, a solo 2 kilómetros de Frías se encuentra la Senda por el Desfiladero del Río Molinar y Tobera. Esta ruta lineal de unos 15 kilómetros recorre el desfiladero esculpido por el río Molinar. La caminata arranca junto a la espectacular Ermita de Santa María de la Hoz y desde allí, un sendero acondicionado con escaleras y pasarelas de madera discurre junto al cauce del río, que salva el desnivel del terreno mediante una sucesión de cascadas de agua cristalina espectaculares que cruzan el pueblo de Tobera.
Morcilla de Burgos, carnes y el toque dulce
La gastronomía en esta zona de Las Merindades es contundente y está muy ligada a la tierra castellana. El picoteo obligatorio en cualquier bar de la plaza del mercado empieza por una ración de auténtica morcilla de Burgos, crujiente por fuera y tierna por dentro gracias a su combinación de arroz y cebolla. Al ser una zona de pastos y montes, las carnes a la brasa son las reinas de los fogones, destacando el lechazo asado en horno de leña, el chuletón de ternera de las Merindades y los guisos de caza como el jabalí o el corzo en temporada. Para el postre, no dejes de probar el queso fresco de Burgos con miel o las tradicionales peras al vino tinto cultivadas en las huertas del Ebro.