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Euskal Jai Berri, en estado de abandono

Fachada del Euskal Jai Berri, que se inauguró en 1977 en Huarte como sede del remonte.

En sus mejores tiempos acogía partidos todas las semanas. Todos los días, con solo una jornada de descanso. Festivales, torneos, citas especiales y, casi siempre, lleno total. El frontón Euskal Jai se erigió en la calle San Agustín de Pamplona en enero de 1909 como un edificio único por su arquitectura en Navarra, para convertirse en el primer frontón largo de la ciudad y colmar los deseos de un buen puñado de pelotazales. Todos los (hoy) bares de copas de la calle Calderería y Tejería eran (antaño) restaurantes que se llenaban los días de partido. Y las calles, a rebosar. Fue, durante décadas, centro del remonte hasta su declive, a partir de la construcción del Labrit en 1952. Celebró su último festival en el 77.

Vista general del frontón Euskal Jai Berri durante un partido en 2010.

Ese mismo año se trasladó su actividad (como Euskal Jai Berri) a Huarte, en una parcela en la que por aquél entonces no había nada, con la intención de relanzar este deporte en tiempos en los que, tal y como explica el concejal de EH Bildu en Huarte, Edorta Beltzunegi, todavía contaba con su público. Y se competía a lo grande.

“Venía gente de toda la Comarca y de más lejos. En Doneztebe, por ejemplo, siempre ha habido cantera de remonte, y muchos acudían desde allí y desde otros pueblos de Malerreka y Baztan. Se jugaba mucho dinero, había grandes apuestas”, relata. Con festivales todos los días, hay quien recuerda, todavía, cómo salía el dinero –en bolsas– escoltado por los Land Rover de la Guardia Civil.

Pero la pelota a mano ya había comenzado a comerse la tostada, desencadenando la caída del remonte y, con ella, la decadencia del propio frontón. Su actividad regular cesó en 2003. Las instalaciones, que ocupan un espacio de 25.000 metros cuadrados y cuentan con capacidad para 1.200 personas, fueron impulsadas por la firma Nuevo Frontón Pamplonés hasta que lo compró el Ayuntamiento de Huarte, a través de la Sociedad Areacea, por 400 millones de pesetas “para intentar relanzarlo” ya en 2002.

“En una operación que no se entiende, Areacea lo arrendó a la empresa Nuevo Frontón Pamplonés, que había fracasado en la gestión. Más tarde se subarrendó el frontón a Oriamendi, con sede en Gipuzkoa y propietaria a su vez del frontón Galarreta”, comenta Beltzunegui. Es la que ha estado a cargo de las instalaciones hasta hace apenas unas semanas.

Goteras y desperfectos

Y es que el pasado 17 de diciembre expiró el contrato de la entidad para gestionar el Euskal Jai Berri, fecha en la que además se cumplen 45 años de su inauguración. El Ayuntamiento pasa a recibir de nuevo un espacio, eso sí, que se encuentra “en un estado lamentable”, valora el edil. EH Bildu accedió a la Alcaldía en 2015 y “desde entonces, una de las primeras tareas pendientes fue la de reunirnos con Oriamendi para ver cómo estaban las instalaciones, porque hacía años que no se usaban. Para cuando pudimos acceder al frontón, tuvimos que realizar varias llamadas y nos encontramos con una caldera que no funciona, goteras que han hecho estragos en butacas de madera, paredes levantadas y con agujeros... No ha entrado nadie, pero es como si hubiera habido vandalismo”, lamenta.

Reclamaron a la empresa ese mantenimiento, “no hubo respuesta y les denunciamos por no haber cumplido el pliego del contrato al respecto. Pero al arrendarlo desde la Sociedad municipal Areacea no se realizó un peritaje previo sobre el estado del local, y no se puede demostrar en qué condiciones lo arrendaron y comparar con las actuales, así que no se pudo hacer nada”, explica.

Asume Beltzunegi que antes de recibir el frontón “teníamos que buscar alguna solución. Nos reunimos en 2019 con Miguel Ángel Pozueta, director gerente del Instituto Navarro del Deporte, que era favorable a recuperar la instalación, y se lamentó por el estado en el que se encuentra, que es una pena. Pero es que realmente el Ayuntamiento no puede hacerse cargo: hay que adaptarlo a personas con movilidad reducida, reformarlo, invertir mucho dinero, y no estamos económicamente como para una inversión de ese calado”, estima. Lo ideal, dice, sería un convenio para que el Gobierno foral se hiciera cargo “por ejemplo, del mantenimiento y la gestión catalogándolo como edificio singular, porque es un frontón con un diseño especial y el único de remonte que existe en Navarra”.

Se planteó la posibilidad de aprovechar los espacios que ocupaban las barras y los palcos como sedes para federaciones minoritarias, con el objetivo de unificarlas, y también se reunieron con representantes de Nicdo (Navarra de Infraestructuras de Cultura, Deporte y Ocio) para tantear el poder utilizarlo también para otros fines, como campeonatos y competiciones de otros deportes. “Pero no lo ven –asume Beltzunegi–. Esa es la respuesta que nos dieron”.

Tampoco pueden asumir el gasto que supone el Euskal Jai. “Estamos obligados a ir a juicio, por lo menos para recuperar el gasto de las reparaciones”, avanza Beltzunegi, que reitera que “no se ha cumplido el contrato en la cláusula sobre mantenimiento”. Asegura que han tocado ya todas las puertas para intentar salvar una instalación en desuso desde hace años cuya recuperación reclaman desde colectivos como el grupo de cesta punta de Berriozar (por las características del frontón, con 54 metros, les permitiría practicar este deporte) y la Fundación Remonte Euskal Jai Berri, que entre sus objetivos destaca el de rescatarlo como instalación emblemática.

03/02/2023