Actualizado hace 13 minutos
Dormir bien no es un lujo, es una necesidad fisiológica. Y aunque a menudo se piensa que los beneficios del buen descanso solo se notan a largo plazo, la ciencia demuestra que en solo una semana durmiendo entre 7 y 9 horas diarias el cuerpo empieza a responder de forma clara y medible. Los efectos se notan en cómo te sientes, cómo rindes y cómo funciona tu organismo.
Uno de los primeros cambios aparece en el sistema nervioso. Tras varias noches de sueño reparador, el cerebro mejora su capacidad de atención, memoria y toma de decisiones. Disminuye la sensación de niebla mental y aumenta la rapidez para procesar información. Muchas personas notan ya a los tres o cuatro días que se levantan con más energía sostenida, sin picos bruscos de cansancio a media mañana o por la tarde.
Mejor estado de ánimo y menos estrés
Dormir bien regula de forma directa las hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol. En una semana, los niveles tienden a estabilizarse, lo que se traduce en menos irritabilidad, menos ansiedad y mayor tolerancia emocional. Además, mejora la actividad de áreas cerebrales implicadas en la gestión emocional, lo que ayuda a responder mejor a los problemas cotidianos y a tener una percepción más positiva del día a día. Además, El descanso adecuado influye de forma directa en el control del apetito. En solo una semana durmiendo bien, se normalizan dos hormonas clave: la leptina, que regula la saciedad, y la grelina, que estimula el hambre.
Apetitosas, pero poco saludables, piezas de bollería sobre una mesa.
Esto hace que disminuya el deseo constante de alimentos ultraprocesados y azucarados. Además, mejora la sensibilidad a la insulina, algo fundamental para el control de la glucosa en sangre.
El sistema inmune se refuerza
Durante el sueño profundo, el cuerpo activa procesos de reparación celular y producción de moléculas defensivas. Tras varios días durmiendo bien, el sistema inmunitario responde mejor, lo que reduce la susceptibilidad a infecciones leves y mejora la capacidad del organismo para recuperarse del esfuerzo físico y del estrés.
Dormir bien durante una semana contribuye a una reducción de la presión arterial, especialmente en personas que dormían poco de forma habitual. El corazón y los vasos sanguíneos aprovechan el descanso nocturno para recuperarse, lo que disminuye la carga cardiovascular diaria y mejora la regulación del ritmo cardíaco.