Vivimos en una sociedad en la que parece obligatorio estar siempre disponible, contestar mensajes y llamadas de forma inmediata y llenar cada segundo del día con planes y más planes. Aunque quedarse solo en casa a veces se percibe como algo extraño, cada vez más expertos insisten en lo contrario: saber disfrutar de la propia compañía no solo es sano, sino necesario.
La soledad elegida
Conviene aclarar que no es lo mismo sentirse solo que elegir estar solo. La soledad no deseada puede generar tristeza, ansiedad o sensación de aislamiento, pero si es elegida es más bien una pausa para bajar el ritmo y reencontrarse con uno mismo. Y es que, vivir siempre conectado agota: el trabajo, las redes sociales, las obligaciones y la sensación de tener que llegar a todo dejan poco espacio para la calma y para mirar hacia adentro.
De esta forma, queda claro que pasar tiempo a solas tiene muchos beneficios y uno de ellos es la posibilidad de reflexionar. Sin prisas y sin ruido exterior, es más fácil ordenar los pensamientos, revisar las prioridades y entender qué es lo que necesitamos realmente. A veces no hace falta una gran introspección, sino que basta con caminar en soledad, leer un rato o tomarse un café sin mirar el móvil para darse cuenta de cosas que de otra forma no somos capaces de ver.
Un hombre disfruta de un rato de lectura en casa.
Menos estrés e ideas más claras
Sufrir menos estrés es otra consecuencia de pasar más tiempo con uno mismo. Estar constantemente rodeados de estímulos agota mentalmente y disfrutar de ratos a solas es una buena forma de recuperar energía. Algunos estudios incluso señalan que esos momentos de desconexión ayudan a disminuir la intensidad emocional y favorecen sensaciones de calma y tranquilidad.
La creatividad es otro aspecto interesante que surge con la soledad elegida. Muchas personas encuentran sus mejores ideas precisamente cuando están solas y no es por casualidad. Cuando la mente deja de estar pendiente de conversaciones, notificaciones o demandas externas, tiene más espacio para imaginar, conectar ideas y pensar con libertad. Y es justo entonces cuando, de repente, aparece una solución, una inspiración o una decisión que llevaba tiempo bloqueada.
Y hablando de decisiones, la soledad también puede aportar una mayor claridad mental porque a solas resulta más fácil pensar qué queremos de verdad. Querer estar solo no significa aislarse ni vivir desconectado de los demás, sino tener espacios propios donde poder escucharse y tomar decisiones sin ningún tipo de presión ajena.
Disfrutar de la propia compañía
Aunque parezca paradójico, otro beneficio de pasar tiempo a solas es una mejora de las relaciones personales. Y es que, cuando alguien aprende a estar a gusto consigo mismo, deja de depender continuamente de la compañía de otros para sentirse bien. Eso favorece vínculos más sanos, menos basados en la necesidad y más en el deseo de compartir tiempo con otros.
Además, el bienestar que proporciona un tiempo de soledad también nos va a recargar emocionalmente. Igual que el cuerpo necesita descanso, la mente también precisa momentos de pausa y pueden encontrarse paseando, cocinando, escribiendo, haciendo deporte o simplemente disfrutando del silencio. Este a veces puede resultar incómodo, sobre todo si nos enfrenta a pensamientos o emociones a los que nos cuesta enfrentarnos. Por eso, aprender a disfrutar de la soledad es también un pequeño entrenamiento emocional.
La clave de todo está finalmente en el equilibrio y es que pasar tiempo a solas no significa encerrarse ni alejarse de los demás, sino reservarse momentos para uno mismo en medio de una vida cada vez más acelerada en la que lo malo no es no pasar tiempo solos, sino no saber ni siquiera hacerlo.