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El sector de la salud busca aliarse con el de las finanzas para crecer

Los clústeres vascos de salud y finanzas exploran vías de colaboración para sacar adelante proyectos que serán necesarios en un contexto de nuevas necesidades sanitarias pero que exigen apoyo a largo plazo
La investigación sanitaria es uno de los campos en los que se espera un gran crecimiento empresarial en la próxima década.
La investigación sanitaria es uno de los campos en los que se espera un gran crecimiento empresarial en la próxima década. / Magnific

El sector de la salud es uno de los que son considerados estratégicos en muchos planes nacionales de reindustrialización. Y lo es por varias razones. El envejecimiento progresivo de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y la necesidad de contar con cadenas de producción propias para así no depender de suministros desde Asia -como quedó de manifiesto con la pandemia- han acrecentado la necesidad de hacer más visible este sector. Pero requiere de soluciones de financiación específicas, también en Euskadi. Lo constata un reciente informe del clúster financiero vasco, BasqueFIK, que explora mecanismos económicos en colaboración con el de salud, Basque Health Cluster.

El documento realiza una serie de propuestas para asentar un esquema de alianza entre ambos sectores, el financiero y el de salud, puesto que las sinergias entre ambos pueden desembocar en la creación de bienes y servicios de alto valor social. “Euskadi cuenta con un ecosistema de salud de vanguardia, y también con otro financiero e inversor robusto, diverso y altamente profesionalizado”, subraya el informe. Las estadísticas resumen la contribución de ambos sectores. El ecosistema vasco de la salud tuvo una facturación de 9.500 millones en 2024, según datos de la SPRI. Desde un enfoque de inversión estratégica, destaca la Industria Biosanitaria, conformada por 300 compañías que facturan 1.104 millones de euros y que generan 5.384 empleos de alta cualificación. Por otra parte, el ecosistema financiero e inversor vasco representa entre el 8% y el 10% del PIB de Euskadi y agrupa a más de 300 entidades y 50.000 profesionales.

Pero, en muchas ocasiones, el campo de la salud -al contrario que en países como Estados Unidos, Francia, Alemania o Suiza- ha sido un “desconocido” para el espectro financiero, tanto a nivel estatal como en la CAV. “Europa lidera en investigación básica y fracasa sistemáticamente en la fase de conversión a empresa”, explica el informe, que recoge asimismo que el 66% de las compañías europeas de alto crecimiento se consolida fuera del continente, y uno de cada tres unicornios europeos traslada su sede al exterior en busca de rondas de crecimiento. La inversión financiera está acostumbrada a trabajar en colaboración con sectores que ofrezcan resultados en el corto plazo, y el de la salud requiere de una visión distinta, dado que está acostumbrado a trabajar con investigaciones científicas que necesitan paciencia. Está asentado en “ciclos más largos, necesidades de capital más especializadas y procesos donde la generación de valor se produce en horizontes distintos a otros sectores”, expone el informe.

Una oportunidad para el arraigo y el empleo de calidad

El crecimiento del sector de las tecnologías sanitarias y biomédicas representa uno de los sectores con potencial tractor a futuro incluidos en del Plan de Industria Euskadi 2030. En este sentido, tanto BasqueFIK como Basque Health Cluster reseñan el potencial del sector de la salud para convertirse en una industria con más relevancia en el tejido económico de la CAV y, además, con crecimiento y empleo arraigado en el territorio. Entre los propios “factores diferenciales”, se citan “el alto conocimiento sectorial, una relación de cercanía directa entre agentes, la atracción y retención de talento y un entorno fiscal y regulatorio propio y, sobre todo, un compromiso con el arraigo y la soberanÍa sanitaria del país”. 

En este sentido, el director general de Basque FIK proclama también que “el crecimiento de la industria biosanitaria puede generar importantes oportunidades de empleo cualificado en ámbitos como la investigación, la biotecnología, las tecnologías médicas, la digitalización y la salud, además de otros perfiles vinculados a la gestión y el desarrollo empresarial”. A su juicio, se presenta una oportunidad para promover “una actividad económica de alto valor añadido, favoreciendo al mismo tiempo el arraigo del conocimiento, el talento y los centros de decisión en nuestro territorio”. 

Sin embargo, advierte, “el crecimiento de estas empresas no dependerá únicamente de disponer de talento científico y tecnológico”, ya que, en este sentido, “también será necesario reforzar sus capacidades de gestión, financiación e inversión, especialmente en un sector caracterizado por importantes necesidades de capital y largos ciclos de desarrollo”. A este respecto, Ojembarrena recuerda que el análisis del sector de la salud exige entender que “no es un mercado homogéneo”, y que cada subsector se rige por su propia lógica financiera, temporal y operativa. “Los inversores deben entender que los tiempos de desarrollo prolongados son una barrera de entrada natural e inherente al valor real que se está construyendo”, apunta. Al mismo tiempo, avisa de que la capacidad de financiación no debe descansar solo en entidades y fondos: “las capacidades financieras no son exclusivas de las entidades financieras, sino que resultan cada vez más necesarias en las empresas de todos los sectores”, indica.

De esta forma, la estrategia de los dos ecosistemas es encontrar puntos en común que permitan financiar, con perspectiva de rendimiento financiero, los proyectos del sector de salud. “Existen herramientas e instrumentos financieros capaces de acompañar prácticamente todas las fases del ciclo de vida de un proyecto vinculado al ámbito salud: desde etapas tempranas y procesos de validación tecnológica hasta fases de crecimiento, escalabilidad e internacionalización”, aduce el texto. No obstante, Iker Ojembarrena, director general de BasqueFIK, advierte de que “no basta con disponer de proyectos innovadores y capacidad inversora”, sino que “es necesario conectar mejor ambos ecosistemas, favorecer el conocimiento mutuo y facilitar el acceso a inversores que comprendan las características y los riesgos de esta actividad” caracterizada por una “elevada intensidad innovadora, importantes necesidades de capital y ciclos de desarrollo y maduración generalmente largos”.

“La industria biosanitaria es uno de los sectores con gran potencial de crecimiento y atracción de inversión en Euskadi. Contamos con una base empresarial, científica y tecnológica relevante, con capacidades en ámbitos como la biotecnología, las tecnologías médicas y la salud digital, que ofrecen importantes oportunidades de desarrollo”, dice Ojembarrena. La estrategia financiera que propugnan ambos clústeres combina los instrumentos privados, la inversión pública y marcos fiscales que incentiven las inyecciones de capital. Así, ambas asociaciones defienden propuestas relacionadas con estructuras de coinversión público-privada, fórmulas de acompañamiento compartido para reducir el riesgo en fases críticas y modelos que permitan acercar proyectos previamente filtrados y contrastados por el ecosistema de salud a entidades financieras, family offices e inversores del territorio.

En el campo de los instrumentos públicos se necesitan herramientas “ágiles y constantes en el tiempo”, mientras que en el apartado de la financiación privada será preciso “mejorar la conexión entre las startups y los agentes del ecosistema inversor, como fondos de venture capital y deuda especializada, para evitar que proyectos con gran potencial se vengan abajo por falta de recursos en etapas críticas”. Este es uno de los principales problemas a los que se enfrentan estas iniciativas: en momentos determinantes, en los que el proyecto necesita de nuevas garantías para continuar, el respaldo financiero, en ocasiones, decae. Y es que poner en marcha una idea puede suponer un desembolso de 300.000 euros, pero en las fases de crecimiento y expansión, dos etapas críticas, se pueden llegar a necesitar 10 millones de euros. Euskadi cuenta, según expone el informe, “en cualquier fase del ciclo de vida empresarial y ante distintas necesidades financieras”, con agentes especializados, capacidades e instrumentos adecuados para acompañar el crecimiento de las compañías. No obstante, ambos clústeres coinciden en que es necesaria una “profesionalización de la gobernanza” que “minimice las fricciones” entre la empresa y los inversores.

2026-10-25T08:06:19+01:00
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