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En el verano de 1924, Ernest Hemingway llegó a Burguete, un pequeño pueblo del Pirineo navarro, con la intención de alejarse del ruido y disfrutar de una de sus grandes aficiones: la pesca. El escritor estadounidense encontró en esta localidad de casas tradicionales y una larga calle principal un refugio desde el que explorar los ríos y paisajes de la zona. Volvería al año siguiente, una experiencia que acabaría dejando huella en su literatura.
Aquellas estancias inspiraron parte del universo de Fiesta (The Sun Also Rises), la novela publicada en 1926 que consolidó su prestigio internacional. En sus páginas, un grupo de amigos recorre Pamplona durante los Sanfermines, entre los toros, el vino y las tensiones sentimentales, antes de buscar unos días de tranquilidad en el entorno de Burguete para pescar truchas.
Ernest Hemingway (1970).
Casi un siglo después, el paisaje que cautivó al escritor sigue siendo uno de los grandes atractivos del Pirineo navarro. A poca distancia de Burguete se extiende la Selva de Irati, un inmenso bosque que parece diseñado para perderse entre árboles centenarios, cursos de agua y senderos rodeados de vegetación.
El antiguo Hotel Burguete, hoy conocido como Hostal Burguete, conserva la memoria de aquellas visitas. En su comedor hay un piano de madera con una inscripción que reza «E. Hemingway 25-7-1923», convertida en uno de los reclamos del establecimiento. Sin embargo, la historia tiene un matiz: la autenticidad de esa inscripción ha sido cuestionada por investigadores, entre ellos el escritor Miguel Izu, que ha estudiado la relación de Hemingway con los Sanfermines. Por tanto, aunque la vinculación del novelista con Burguete está documentada, no puede darse por probado que fuera él quien grabó su nombre en el piano.
17.000 hectáreas de hayas, abetos y agua
Más allá de la huella literaria, la Selva de Irati impresiona por sus dimensiones. Sus aproximadamente 17.000 hectáreas la convierten en la mayor masa forestal de Navarra y en uno de los hayedo-abetales mejor conservados de Europa. Este entorno natural se extiende por los valles de Aezkoa y Salazar, en el Pirineo oriental navarro.
Vegetación en la Selva de Irati.
Las hayas y los abetos dibujan un paisaje que cambia radicalmente con las estaciones. En primavera y verano predominan los verdes intensos; en otoño, las copas se tiñen de ocres, amarillos y rojizos, mientras las hojas cubren los caminos. El invierno, por su parte, transforma el bosque con la nieve y el frío de las montañas.
Uno de sus enclaves más conocidos es el embalse de Irabia, donde el agua refleja las laderas cubiertas de árboles y los senderos permiten adentrarse en el corazón del bosque. La riqueza natural de Irati también se refleja en su fauna: entre las especies que encuentran refugio en este ecosistema figura el pico dorsiblanco, un ave forestal especialmente vinculada a los hayedos maduros.
Basajaun y las leyendas que habitan el bosque
Mucho antes de que Hemingway llegara a Navarra, Irati ya formaba parte de un universo poblado por criaturas legendarias. El folclore vasco-navarro ha transmitido durante generaciones relatos de seres vinculados a las montañas, los bosques y la vida rural.
Entre ellos destaca Basajaun, el señor de los bosques, una figura mitológica descrita como un ser gigantesco y cubierto de pelo que protege a los rebaños y a los pastores, advierte de la presencia de lobos y conoce los secretos de la naturaleza. En algunos relatos aparece también como el primer agricultor, herrero o molinero, al que se atribuye la transmisión de esos conocimientos a los seres humanos.
Basandere y Basajaun.