Vida y estilo

El mensaje de las familias acogedoras vascas de niños saharauis: “Si quieres hacerlo, hazlo”

Las lezotarras Iratxe Lopetegi y Haizea Etxeberria vuelven a acoger este verano en sus familias a sendas niñas saharauis en el 40 aniversario del programa solidario Oporrak Bakean
La acogida de menores saharauis se produce en los meses de julio y agosto. / Cedida

Iratxe Lopetegi (Lezo, 39 años) dio el paso por primera vez en 2022. Llevaba tiempo con un runrún en la cabeza. Quería animarse, pero no sabía muy bien cómo hacerlo. Hasta que un día escuchó en la radio que hacían falta familias de acogida de niñas y niños saharauis durante el periodo estival. Apuntó el número de contacto del programa solidario Oporrak Bakean. Madre de tres hijos pequeños, le comentó a su pareja que estaba interesada en participar y tuvo una primera toma de contacto con una de las coordinadoras del proyecto. Quería informarse bien, disipar dudas. Y ya no hubo marcha atrás. “Estar con el runrún toda la vida no vale de nada, así que dimos el salto a la piscina”, recuerda Iratxe.

Aquel primer verano con Gaymula no fue un camino de rosas. Afloraron algunos temores: “¿nos sabremos amoldar a ella? ¿Lo haremos bien? ¿Será mucho lío?”. A los que enseguida le dieron la vuelta. Todos en casa se adaptaron “superbién”. Al final del verano llegó la prueba del algodón y confirmó con la niña que la experiencia había sido un éxito: “¿El año que viene te gustaría volver y repetir?”, a lo que contestó: “¡Sí! “.

“Si se fue con esa sensación tan positiva es que algo bueno tuvo que pasar en esos dos meses”, comenta Iratxe. Haizea Etxeberria, su amiga de la cuadrilla, también de 39 años, fue una espectadora privilegiada de todo el proceso. “Vi el lado positivo, el negativo… Lo vi todo”, afirma. Iratxe la animó a que participara en el programa y, después de superar las reticencias iniciales de su pareja, su familia (es madre de dos niños) también dio un paso al frente y acogió a una menor saharaui. “Nunca sabes cómo lo va a recibir tu entorno más próximo. Tienen que cuadrar muchas cosas. Pero, en nuestro caso, cuajó maravillosamente”, comenta.

La acogida de menores saharauis se produce en los meses de julio y agosto Cedida

Cuestión de actitud

“Tiempo, ganas y querer hacerlo”. Esta es la frase que repite, como un mantra, Elixabet Eizagirre, de la asociación Tolosaldea Sahararekin y que desde 2009 colabora con la delegación del Frente Polisario en la coordinación y organización de Oporrak Bakean, que en 2026 cumple 40 años de funcionamiento. Todos los veranos, decenas de familias vascas acogen a niñas y niños de entre 10 y 12 años que huyen del calor extremo de los campamentos saharauis. El plazo de inscripción permanece abierto hasta principios de año. El número varía de un ejercicio a otro, aunque los apoyos se mantienen más o menos estables. Por territorios, Navarra acoge este verano a 100 niños saharauis y le siguen de cerca Gipuzkoa, con 91; Bizkaia con 86 y Álava con 26 niños. Algunos de los menores se quedan en albergues en lugar de en familias.

Iratxe y Haizea coinciden en que el secreto del éxito es que el nuevo miembro se convierta en una pieza más de la familia, con los mismos privilegios y obligaciones que sus otros hijos. “Para que la convivencia funcione tiene que haber unos límites, unas reglas y las mimas oportunidades para todos”, detallan. Haizea dice que sus hijos han aprendido “a compartir todo. Desde el momento en el que entran por la puerta de casa, todo es de todos. Fue muy fácil desde el principio”.

Son dos meses intensos, pero subrayan que la experiencia de acogida merece mucho la pena. Disfrutan de ir a la playa, hacen rutas de senderismo, visitan algún museo y se dan todos juntos chapuzones en el mar o en la piscina. Todos estos planes pueden hacerlos por su cuenta o participando en las actividades impulsadas por las asociaciones de Oporrak Bakean, que se convierten en “un punto de encuentro” con otras familias acogedoras que viven la misma situación. Según cuenta Elixabet sobre su experiencia, “se forma una familia muy grande, estructurada por zonas, aunque luego cada uno lo lleva como puede”.

Antes de despedirse, las dos amigas lanzan un mensaje positivo dirigido a aquellas familias indecisas que dudan si dar el paso que dieron ellas: “Si quieres hacerlo, hazlo. Y si tienes miedo, hazlo con miedo. No se puede convencer de otra manera porque hay muchos casos y son todos distintos. Pero seguro que siempre será una buena experiencia”.

Lazos estrechos

Al principio, el idioma puede ser un hándicap, ya que las niñas y niños saharauis no suelen hablar castellano ni, por supuesto, euskera. Escolarizados desde los 3 años, su lengua materna es el hassania. Iratxe y Haizea cuentan que, durante las primeras semanas, con el lenguaje de los gestos y las señales se palian los posibles problemas comunicativos. Pero pronto dominan “telebista, Nocilla, jolastu y piscina”, bromean. En ambos casos, el trato con las menores saharauis no se termina cuando en septiembre tienen que volver a sus vidas en Tinduf. Periódicamente, realizan videollamadas en las que charlan con las niñas, además de con sus padres, madres y otros familiares del campamento. La relación se extiende así a lo largo del año. 

“El Sahara nunca estará de moda”

El programa Oporrak Bakean cumple 40 años en 2026. Aunque el pueblo vasco ha sido históricamente solidario con la causa saharaui en su lucha por la autodeterminación, Elixabet afirma que ha habido un antes y un después tras la pandemia. El aura de resistencia de los aproximadamente 175.000 refugiados que viven en los campamentos de Tinduf (oeste de Argelia) no se percibe con la misma intensidad de antaño. La población vasca suele colaborar con entusiasmo con las campañas de recogida, pero convertirse en una familia de acogida es otra cosa muy distinta. La falta de atención mediática puede ser una de las causas de este enfriamiento, según argumenta Elixabet: “El Sahara no está de moda, aunque, en realidad, nunca lo ha estado ni lo va a estar nunca porque no interesa”.

12/07/2026