Hondarribia se prepara para vivir el próximo 25 de julio uno de sus ritos más especiales: el Kutxa Eguna. Esta tradicional celebración simboliza el antiguo traspaso de poderes entre los dirigentes de la Cofradía de Mareantes de San Pedro. El protagonismo recae en una joven, papel reservado en exclusiva a las hijas de arrantzales, que es la encargada de trasladar sobre su cabeza la kutxa, un cofre de 18 kilos que contiene en su interior las reliquias y los libros de cuentas de la entidad.
La comitiva parte a las 18.00 horas desde la Hermandad de Pescadores al son del 'Oquendori', interpretado por la Banda de Música Ciudad de Hondarribia, escoltada por arrantzales y autoridades, en dirección a la parroquia de la Asunción y del Manzano. Tras leer el balance anual y devolver el material al cofre, el grupo regresa hacia el arco de la Hermandad bajo los acordes de 'Bajo la doble águila'. En ese punto tiene lugar el instante cumbre: los giros de la joven sobre sí misma con el cofre en la cabeza. La tradición dicta que de este número de vueltas dependerá la abundancia y la calidad de la pesca anual.
Olaia Goikoetxea será la portadora de este año
El honor recaerá este año en Olaia Goikoetxea. A una semana de la cita, mantiene los nervios bajo control. “Al estar haciendo los ensayos lo llevo bien, ¡pero el 25 seguramente será otra cosa!”, confiesa. Ese día, la tradición familiar guiará cada uno de sus pasos. “Casi toda mi familia es arrantzale. Mis abuelos han sido pescadores, mi padre y mis tíos también. Eso hace que no solo lo sienta por la calle, en el ámbito familiar también noto esa responsabilidad”, admite.
Su elección resultó una sorpresa. Aunque sabía que tenía opciones, no esperaba que le tocara esta vez. Por si fuera poco, el evento coincidirá casi al milímetro con su cumpleaños: “Justo hago los 24 el día anterior, será una bonita forma de celebrarlo”.
Una llamada mientras preparaba la cena
Olaia supo que portaría la Kutxa el 28 de junio, mientras preparaba la cena en fiestas de Irun. Fue entonces cuando recibió la llamada de Norberto Emazabel, director de la Cofradía. “al principio me costaba creérmelo”, relata. Sus amigos, presentes en ese momento, pensaban que el aviso tenía que ver con las notas de la universidad, pero el motivo era mucho mejor. “Me empezaron a abrazar, y además también estaba por ahí mi hermano”, recuerda sobre aquella noche redonda.
Tras la emoción inicial, telefoneó a casa, aunque “mi familia ya lo sabía, porque les habían pedido mi teléfono para darme la noticia”, cuenta. Su madre, ipso facto, “empezó a organizar y preparar todo”. Una vez rebajado el nivel de euforia entre tantas felicitaciones, Olaia se puso en contacto con su padre, que se encontraba en la mar faenando. “Le dije que estaba súper contenta, pero es que todos lo estamos”, añade. En realidad, él había sido el primero en enterarse a través de Emazabel.
Una jornada emotiva
Será una jornada profundamente emotiva. “Para mis abuelos hubiera sido muy bonito verme”, cuenta. Quien no se lo perderá será su amona, que tras el nombramiento “se puso como una moto, y ahora está intentando venir a todo lo que puede”. La intención de la familia era mantenerle en secreto el mantón y el vestido que va a utilizar, pero ha sido imposible: “¡Está casi más emocionada que yo!”, confiesa
También será especial la presencia de su padre durante los preparativos y el mismo día 25. En principio iba a estar en la mar, pero una lesión de rodilla le ha obligado a coger la baja y regresar a tierra de forma prematura. Con él, a diferencia de con la amona, sí están consiguiendo ocultar el vestido y el mantón escogidos, un misterio que de momento “solo sabemos cuatro personas”.
Este año podría ser redondo para la hondarribiarra, ya que también opta a ser cantinera. Como hija de pescador, entra directamente al sorteo final, y al depender exclusivamente del azar, afronta el proceso con calma: “Estoy bastante tranquila. Si salgo será genial, y si no, se intentará otro año”.
Consejos de sus predecesoras
Desde su elección ha realizado varios ensayos. Reconoce que lo lleva "bastante bien", pese a que temía que el proceso fuera más duro. “Empecé con la kutxa vacía y la hemos ido llenando poco a poco hasta alcanzar el peso, y de verdad que ha ido bien”, explica. Para sobrellevar esos 18 kilos, ha recibido valiosos consejos de sus predecesoras. La principal advertencia es no sostener la carga con los brazos, sino utilizarlos para equilibrar el cofre, dejando que la cabeza y el cuello soporten el peso. Pero la recomendación más repetida ha sido otra: “Que disfrute del día”.
Por decidir el número de vueltas
Sobre las vueltas que dará, de momento no lo ha decidido. Los últimos años se ha instaurado una nueva tradición de fijar una cifra, como homenaje a algunas personas cercanas. “Voy sobre la marcha”, dice Olaia, explicando que “también dependerá de cómo me vea en los ensayos, pero aún no lo sé”.
Finalmente, confiesa que lo que espera del día es “mucha emoción y disfrutarlo lo máximo posible”, a la vez que agradece toda su implicación a Norberto Emazabel y a toda la gente que le acompaña en los ensayos y durante todo este proceso. “Quiero disfrutarlo lo máximo posible”. Será un día seguro, para el recuerdo.