Vida y estilo

El hábito diario que ayuda a las personas mayores a conservar la vitalidad

Mantenerse en movimiento puede contribuir al bienestar físico y cognitivo y ayudar a conservar la autonomía con el paso de los años
Señor mayor escucha música con unos AirPods mientras da un paseo. / Magnific

Cumplir años no significa tener que renunciar a mantenerse activo. De hecho, incorporar movimiento a la rutina diaria es una de las recomendaciones más importantes para un envejecimiento saludable. Y no siempre es necesario realizar ejercicios intensos o acudir a un gimnasio: algo tan sencillo como caminar puede convertirse en un buen punto de partida.

Salir a dar un paseo permite trabajar el cuerpo, pero también supone una oportunidad para romper con el sedentarismo, salir de casa, relacionarse con otras personas y mantener una rutina diaria. Todo ello puede contribuir al bienestar físico y emocional de las personas mayores.

Caminar también estimula el cerebro

La actividad física no solo beneficia a músculos, articulaciones o corazón. El cerebro también puede verse favorecido por mantener una vida activa. Diversos estudios han encontrado una relación entre la práctica habitual de ejercicio y determinados aspectos de la función cognitiva, aunque esto no significa que caminar pueda evitar por sí solo el deterioro cognitivo o la demencia.

En este sentido, mantenerse físicamente activo puede formar parte de un conjunto de hábitos que favorecen la salud cerebral. Caminar, además, es una actividad que puede adaptarse a diferentes edades y condiciones físicas, siempre teniendo en cuenta las capacidades de cada persona.

No se trata de caminar a gran velocidad ni de alcanzar una determinada cantidad de pasos todos los días. Para una persona mayor que lleva una vida sedentaria, empezar con paseos cortos y aumentar progresivamente el tiempo puede ser una alternativa más realista que intentar realizar ejercicio intenso de golpe.

Señora mayor sale a andar por un parque lleno de hojas. Magnific

Un paseo que también ayuda a mantener las rutinas

Otro de los beneficios de caminar es que puede convertirse fácilmente en una actividad cotidiana. Salir a la misma hora cada día, ir andando a hacer algún recado o dar un paseo después de comer son pequeñas estrategias que ayudan a introducir movimiento sin plantearlo necesariamente como ejercicio.

Además, caminar acompañado puede tener un componente social importante. Dar un paseo con la pareja, un amigo, un familiar o un grupo de personas mayores permite combinar actividad física y relaciones sociales, dos aspectos relevantes para el bienestar durante esta etapa de la vida.

También puede ser una buena ocasión para cambiar de entorno. Recorrer un parque, visitar una zona diferente del barrio o simplemente caminar por calles conocidas proporciona estímulos y rompe la monotonía de permanecer muchas horas en casa.

No hace falta caminar durante horas

Uno de los errores es pensar que para obtener beneficios hay que caminar durante mucho tiempo. La actividad física puede repartirse a lo largo del día, especialmente cuando existen dificultades para mantener un paseo prolongado.

Una persona puede realizar varios recorridos cortos en lugar de uno largo. Lo importante es evitar pasar demasiadas horas seguidas sentado y adaptar la actividad a la situación de cada persona.

En caso de tener problemas de movilidad, dolor, alteraciones del equilibrio o alguna enfermedad que limite la actividad física, es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario para saber qué ejercicio resulta más adecuado.

Mujer sentada en el sofá mira su reloj de actividad. Magnific

Otros hábitos que también cuentan

Caminar puede ser una pieza más dentro de una rutina saludable, pero no existe un único hábito capaz de mantener por sí solo la memoria o evitar el deterioro cognitivo. La actividad física debe acompañarse de otros factores relacionados con el bienestar.

Mantener una alimentación equilibrada, dormir adecuadamente, relacionarse con otras personas y realizar actividades que supongan un estímulo mental pueden formar parte de ese conjunto de hábitos. Leer, aprender algo nuevo, hacer pasatiempos, cocinar, escuchar música o participar en actividades sociales son ejemplos sencillos.

Además, mantener cierta autonomía en las tareas cotidianas también puede ser positivo. Hacer la compra, preparar una comida, cuidar las plantas o encargarse de pequeñas tareas domésticas permite mantenerse activo tanto física como mentalmente.

Por tanto, caminar no debe entenderse como un remedio para conservar la memoria, sino como una forma sencilla de incorporar actividad a la vida diaria. Convertir ese paseo en una rutina puede ayudar a combatir el sedentarismo, favorecer la autonomía y sumar movimiento a un estilo de vida saludable durante el envejecimiento.

10/10/2026