En cualquier hogar que se pregunte, lo habitual es cenar entre las 21:30 y las 22:00 horas, un horario muy arraigado por motivos culturales. Sin embargo, desde hace años los especialistas en nutrición y cronobiología insisten en que tan importante como lo que comemos es el momento en el que lo hacemos.
Cada vez son más los estudios que relacionan las cenas muy tardías y acostarse inmediatamente después de comer con alteraciones del metabolismo, peor calidad del sueño y un mayor riesgo de enfermedades graves, como el cáncer de colon.
Ahora, una publicación de la doctora Sara Marín Berbell en Instagram ha reavivado este debate tras advertir sobre un hábito cotidiano que millones de personas realizan cada noche: cenar e irse a dormir.
La médica asegura estar preocupada por el aumento de pacientes diagnosticados de cáncer de colon y explica que existe un hábito que muchas personas repiten a diario y que podría contribuir a aumentar el riesgo, aunque no sea la única causa.
"Es acostarse después de cenar", afirma de forma contundente.
Según explica, durante la noche el organismo comienza a activar los mecanismos relacionados con el descanso y la reparación celular. Si en ese momento recibe alimentos, el cuerpo interpreta que todavía debe mantenerse activo para completar la digestión. “Si todo esto se altera, se puede producir permeabilidad intestinal, y una inflamación prolongada en el tiempo aumenta el riesgo de cáncer colorrectal”, lamenta.
Los ritmos circadianos
Los especialistas recuerdan que el cuerpo funciona siguiendo ritmos circadianos, una especie de reloj biológico que regula procesos como el sueño, la producción hormonal, el metabolismo o la digestión.
Cuando se cena muy tarde o se ingieren alimentos poco antes de acostarse, estos ritmos pueden alterarse. Estos mecanismos no se adaptan a las costumbres culturales o a los horarios habituales de cada país, por lo que cenar muy tarde puede desajustar el funcionamiento natural del organismo.
Como explica la doctora Marín, cuando el cuerpo comienza a digerir alimentos genera radicales libres, unas moléculas que, si se producen en exceso y no son neutralizadas por los sistemas antioxidantes del organismo, pueden favorecer el daño celular y el estrés oxidativo.
Además, comer antes de acostarse dificulta el correcto funcionamiento del metabolismo. Entre las consecuencias que describen diversos estudios se encuentran una peor tolerancia a la glucosa, alteraciones en la secreción de insulina, un retraso en la liberación de melatonina —la hormona que favorece el sueño— y un aumento de los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. Con el tiempo, estos desajustes pueden afectar tanto a la calidad del descanso como a la salud metabólica, motivo por el que los especialistas recomiendan dejar varias horas entre la cena y el momento de ir a dormir.
Además, Marín recuerda que durante los periodos de ayuno nocturno el intestino desarrolla procesos naturales de mantenimiento que pueden verse interrumpidos cuando se sigue comiendo hasta poco antes de dormir.
El vídeo de la doctora acumula miles de visualizaciones y comentarios. Entre ellos destacan los de varios supervivientes de cáncer colorrectal que piden prudencia al comunicar este tipo de mensajes. Muchos recuerdan que ningún hábito aislado explica por sí solo el desarrollo de esta enfermedad y que existen numerosos factores implicados. "Se pueden dar buenos consejos sin sembrar alarma hablando de cáncer", resume uno de los comentarios más compartidos.
Los órganos no entienden de hábitos adquiridos.