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El diagnóstico social de la localidad, que ha llevado a cabo el Ayuntamiento de Eibar, refleja un escenario marcado por un acusado envejecimiento de la población, dificultades de acceso a la vivienda —especialmente para la juventud— y una percepción creciente de malestar en la convivencia, en la que no falta la sensación de desequilibrio entre barrios.
Esta realidad sirve de base para el planteamiento de un cambio estratégico en las líneas de actuación, en las que se destaca el impulso del trabajo comunitario, la creación de espacios de mediación, el refuerzo de la participación ciudadana y el fomento de iniciativas favorables al encuentro entre personas de distintas edades y orígenes. A todo ello se suma una apuesta clara por un modelo centrado en el cuidado y la calidad de vida.
Todos estos datos formarán parte de una exposicion abierta al público que tendrá lugar en el salón de pleno hoy, martes, 21 de abril, a las 18.00 horas.
Encuesta y entrevistas
El estudio es el resultado de más de 500 encuestas a pie de calle, entrevistas a representantes políticos y agentes sociales, foros participativos y análisis de datos institucionales.
El alcalde, Jon Iraola, subrayó que la ciudad mantiene una identidad sólida, vinculada a su pasado industrial y a un fuerte sentimiento de pertenencia, pero reconoce que los cambios sociales obligan a adaptarse.
La transformación demográfica, con un índice de envejecimiento superior al 190 %, y el aumento de la diversidad social plantean nuevos retos en ámbitos como los cuidados, la cohesión social y la planificación urbana.
A su vez, la concejala de Servicios Sociales, Sonia Archeli, destacó que las situaciones de vulnerabilidad son cada vez más diversas y exigen respuestas más flexibles y coordinadas.
Aunque Eibar dispone de una red de atención sólida, esta se enfrenta a una demanda creciente que pone a prueba su capacidad de respuesta.
Problemas cotidianos
Entre los retos detectados figuran el debilitamiento de los vínculos sociales tradicionales, el aumento del individualismo y cierta distancia entre la ciudadanía y las instituciones.
A ello se suman problemas del día a día: ruido, limpieza, tráfico, accesibilidad o percepción de inseguridad, además de cuestiones estructurales como la pérdida de comercio local o el acceso a la vivienda.
El informe del Ayuntamiento de Eibar señala desequilibrios entre barrios, con mayor concentración de intervenciones en zonas como el centro y Urkizu, y una percepción de diferencias en el dinamismo urbano.
Además, los foros participativos han puesto sobre la mesa preocupaciones como la segregación escolar, la existencia de infraviviendas, la falta de espacios para jóvenes o la sensación de una administración lenta y burocrática.
Cambios en el modelo de administración
Ante este escenario, el diagnóstico plantea pasar de una administración que responde a demandas a otra que facilite, acompañe y promueva la implicación ciudadana.
Ese modelo requiere una acción coordinada a distintos niveles —institucional, social y comunitario— para afrontar problemas complejos desde una perspectiva integral.
Entre las líneas de actuación destacan el impulso del trabajo comunitario, la creación de espacios de mediación, el refuerzo de la participación ciudadana y el fomento de iniciativas que favorezcan el encuentro entre personas de distintas edades y orígenes.
En el ámbito urbano, se propone avanzar hacia un modelo centrado en el cuidado y la calidad de vida, con medidas como la rehabilitación de vivienda vacía, la mejora de la accesibilidad, la creación de espacios de ocio cubiertos y la regeneración de zonas como Txonta.