Navarra

El abecedario navarro de Ángela Valencia

La diseñadora gráfica e ilustradora ha creado un estandarte de tela con 25 palabras de esta tierra para “poner en valor lo que nos hacer ser quienes somos”
Ángela Valencia posa en la calle Estafeta con su abecedario navarro, estandarte de tela que recoge e ilustra 25 palabras de la tierra.

Abril no pide pantaloneta. En Pamplona chispea, sin llegar a jarrear, y Ángela Valencia llega en villavesa. Se confiesa laminera –podría pedir un garrote y darle un trascáu– pero le mueve algo más urgente. Saca del zacuto el objeto que motiva una narración imposible más allá de nuestras fronteras y comienza a rajar: “Es un homenaje a la cultura de aquí y al poder de las palabras, que dicen mucho sobre nosotros y nuestra forma particular de ver el mundo. Se trata de poner en valor lo que nos hace ser quienes somos. De aquí. De Navarra”. Es su abecedario navarro, un estandarte de tela para que gentes de bajera, yayas y hombricos presuman de esta tierra.

Es un homenaje a la cultura de aquí y al poder de las palabras, que dicen mucho sobre nosotros y nuestra forma particular de ver el mundo. Se trata de poner en valor lo que nos hace ser quienes somos. De aquí. De Navarra

Ángela Valencia - Diseñadora gráfica e ilustradora

La diseñadora gráfica e ilustradora de 29 años, natural de Pamplona, comenzó a pergeñar su idea con el tiempo libre al que obligó la pandemia. “En el confinamiento estábamos todos muy aburridos inventándonos juegos, y me reenviaron una noticia al móvil con palabras de diferentes provincias. En Navarra estaba por supuesto villavesa, y silleta. Que yo pensé, ‘¿esto no se dice en el resto de sitios? ¿Cómo le llaman entonces?’. A modo de juego, empecé a apuntar palabras y a hacer un listado para pasar el rato”, dice.

Ahí se quedó la cosa, pero Ángela seguía con el tema en la cabeza y el verano pasado volvió a su libreta. “Lo acoté y elegí una palabra por letra, que puede ser la más representativa, pero también quería que fuera algo fácil de ilustrar. Por ejemplo, dentera es muy complicado. Y en el momento de escoger también tienes que renunciar a algunas palabras. Al elegir cuto se quedó fuera cuadrilla, que es muy de aquí. Me dio mucha pena, pero es que cuto tenía que estar”. Un magnífico animal que le regaló además la U de untamorros.

Obviando X y W por escasez y cuestión de diseño, Ángela se apoyó en la obra lexicográfica de José María Iribarren y su Vocabulario navarro. “Tiene todas las definiciones, que incluyo en un tarjetón junto con el abecedario. Con ese vocabulario fui acotando, porque había palabras que yo pensaba que eran de toda Navarra pero igual eran de una zona específica. Quería que las palabras agrupasen a toda la comunidad. Y sobre todo que fuesen fáciles de ilustrar”. De ahí a su cuenta de Instragram Anvaliri –Ángela Valencia Iribarren–, desde donde ofrece sus diseños.

El abecedario de Ángela. UNAI BEROIZ

La Pamplona vectorial

El abecedario no es la primera incursión de Ángela como ilustradora de temas autóctonos. Una afición que comenzó de casualidad. “Empecé todo esto por mí, porque cuando me independicé quería poner una lámina de Pamplona en casa. Estuve mirando y no encontré, porque todo lo que hay en Pamplona está pensado para los guiris. Creo que no miran la ciudad o Navarra en general con los ojos con los que la mira alguien de aquí, con los ojos con la que las miro yo. Es otra cosa”.

La fachada del Café Roch, primera lámina de Ángela Valencia. cedida

Por eso, y porque le apetecía meter el Café Roch en su casa, diseñó una lámina con su famosa fachada verde. “La gente que venía de visita a casa lo veía y me decía, ‘oye, ¿por qué no las vendes?’ Y de ahí viene todo”. A su colección añadió el quiosco y una panorámica de la Plaza del Castillo con La perla y el Café Iruña; la fachada del ayuntamiento o las torres de San Cernin. Al principio eran láminas en papel “y luego me atreví a hacer bolsas de tela y estuches. Veía que eso a gente le encanta para regalar”, dice.

Lámina y estuche con la panorámica de la Plaza del Castillo. cedida

Primero dibuja un boceto a lápiz y luego trabaja el diseño con el ordenador. “Lo hago con vectores. A diferencia de los píxeles, los vectores son infinitos y eso me permite aumentar las láminas. Algunas las he impreso a modo de cabecero de cama. Hagas lo que hagas, te va a encajar”. Trabajar con vectores le permite además “interpretar la realidad de la manera más fiel posible. Arquitectónicamente, los edificios son más precisos”.

El kiosko de la Plaza del Castillo, en una bolsa de tela. CEDIDA

En el caso del abecedario, “le puse más colores que a las láminas. Quería que fuera más amable, que lo tengas colgado en casa y pueda ser algo que te acompañe”.

Ángela se plantea sus diseños casi como un hobbie. Trabaja con calma. “Lo hago despacio porque disfruto con el proceso. Y porque además, si te lo tomas como una obligación, le coges tirria”.

Para terminar, promete que seguirá enredando con sus diseños de temática local. “Todo lo que sea poner en valor lo de aquí, y hacerlo cuidado, bonito y con mimo, me encanta”.

Las torres de San Cernin. cedida

19/04/2023