Hace apenas una semana comenzaba la jornada del Antzar Eguna de Lekeitio. Incluso antes de que ocurriera nada, ante la anticipación de la llegada masiva de gente a la villa costera, donde el ambiente festivo y el calor apretaban, hubo quien recordó lo sucedido en aquellas Madalenas hace ahora 30 años en Elantxobe.
Y, por desgracia, ocurrió, el puerto de Lekeitio volvió a contener el aliento y lo que debía ser una jornada festiva de Antzar Eguna derivó en una triste jornada tras el fallecimiento de un joven bilbaino de 20 años, al sufrir un grave impacto por una caída. Los equipos de emergencias activaron de inmediato el dispositivo de atención, pero, pese a los esfuerzos desplegados, no pudieron hacer nada por salvar su vida.
La escena evocó inevitablemente la memoria colectiva de la costa vizcaina, trasladando la mirada hacia la dársena elantxobetarra y marcando un inevitable punto de retorno a uno de los sucesos más trascendentales de la gestión portuaria e institucional de Bizkaia.
Fue durante las Madalenas de 1996, cuando, un joven de 22 años, sufrió una caída sobre el lecho marino, de escasa profundidad, del puerto de Elantxobe durante la bajamar. El violento impacto le provocó una lesión medular irreversible que derivó en una tetraplejia.
Aquel dramático traumatismo no solo transformó radicalmente la vida del joven de Gorliz; desató asimismo una batalla judicial sin precedentes sobre la responsabilidad civil patrimonial en recintos portuarios durante eventos masivos. Los tribunales dictaminaron la negligencia del Ayuntamiento de Elantxobe al no disponer de medidas de contención, señalización ni vigilancia adecuadas para prevenir precipitaciones al agua.
La sentencia condenó a la corporación local al pago de una indemnización principal de 600.000 euros que, sumada a los intereses procesales y costas, escaló hasta casi 840.000 euros. Para un municipio de reducida liquidez y escasa población, el fallo judicial supuso una quiebra financiera devastadora que estranguló la capacidad inversora de las arcas municipales durante más de una década.
Cambio en el dispositivo de seguridad de los puertos
Aquel quebranto patrimonial marcó un antes y un después en la organización de las fiestas en la franja costera vasca. Las autoridades locales rechazaron volver a asumir en soledad los riesgos derivados de la lámina de agua, forzando la creación de una nueva estructura organizativa coordinada entre Ertzaintza, Guardia Civil, Capitanía Marítima, Protección Civil y las instituciones locales. Desde entonces, el dispositivo de seguridad se divide bajo competencias estrictas: Capitanía Marítima y Guardia Civil restringen la entrada de embarcaciones en el dominio marítimo; Puertos del Gobierno Vasco y Ertzaintza supervisan los accesos a la infraestructura portuaria; los consistorios locales y la Ertzaintza efectúan cierres de tráfico terrestre a no residentes; mientras que SOS Deiak, DYA y Cruz Roja despliegan recursos de soporte vital y helicóptero de rescate.
La masificación del Antzar Eguna
Aunque no es la misma situación, y si bien es cierto que podía haber ocurrido en cualquier celebración festiva, el reciente suceso vivido en Lekeitio evidencia que la prevención y la responsabilidad individual son indispensables. Sin embargo, el debate trasciende el mero accidente y abre una profunda reflexión sobre la masificación de los eventos en fiestas.
Desde el Ayuntamiento de Lekeitio se ha cuestionado qué modelo festivo está surgiendo y para quién es realmente el Antzar Eguna. En su balance de fiestas, el Consistorio recordaba que esta afluencia desmedida genera situaciones peligrosas y que tanto las personas mayores como las y los niños no pueden disfrutar del día como antes, aumentan los establecimientos cerrados y son numerosos los vecinos que optan por abandonar el municipio para evitar ver su pueblo "patas arriba" subrayaban.