Los infartos no aparecen de un día para otro. Aunque sus síntomas puedan manifestarse de forma repentina, el riesgo cardiovascular se desarrolla durante años y está estrechamente relacionado con factores como el tabaquismo, la alimentación, el sedentarismo, la presión arterial, el colesterol y otros hábitos de vida. Por ello, la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezcan las primeras señales de alarma.
Según señala el cardiólogo Diego Araiza, los hábitos de vida son fundamentales para prevenir infartos. "Soy cardiólogo y veo infartos todos los días. Puedo decirte que puedes hacer para no llegar aquí", señala en referencia al hospital.
El especialista explica que la prevención debe adaptarse a cada etapa de la vida. En este sentido, destaca que el infarto es el resultado de un proceso que puede comenzar décadas antes de que aparezcan los síntomas: "El infarto no ocurre el día que duele el pecho, se construye durante décadas".
El infarto está mayormente provocado por hábitos poco saludables
Las claves para evitar el infarto
En los menores de 30 años, el objetivo principal debe ser evitar la aparición de factores de riesgo. Araiza recomienda eliminar por completo el tabaco y el vapeo, debido al daño que pueden provocar en los vasos sanguíneos.
También considera importante combinar ejercicio de fuerza y actividad cardiovascular, además de reducir drásticamente el consumo de alimentos ultraprocesados y azúcares añadidos.
Entre los 30 y los 50 años, la prevención pasa especialmente por conocer y controlar los principales indicadores de salud cardiovascular. El especialista recomienda realizar controles periódicos de la presión arterial, la glucosa o la hemoglobina glucosilada y el colesterol LDL.
El descanso también adquiere relevancia: mantener un sueño insuficiente de forma crónica puede favorecer alteraciones relacionadas con el estrés y la presión arterial. A ello debe sumarse actividad física regular, con al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado como referencia.
A partir de los 50 años, el control de los factores de riesgo cobra todavía más importancia. Cuando un médico prescribe medicamentos como estatinas o antihipertensivos, Araiza subraya la necesidad de mantener una correcta adherencia al tratamiento. Estas terapias pueden contribuir al control del colesterol y la presión arterial y a reducir el riesgo cardiovascular.
La importancia de la alimentación
La alimentación también desempeña un papel relevante en esta etapa. El cardiólogo propone un patrón de alimentación de estilo mediterráneo, basado en alimentos ricos en fibra y grasas saludables, como el aceite de oliva y los frutos secos, y con un consumo reducido de sodio.