"Él tendría cuatro o cinco años cuando descubrí todo esto”, dice Inma Unzueta (Durango, 61 años), en referencia a la avalancha de emociones e interrogantes que se le vino encima cuando a principios de la década pasada le evaluaron a su hijo, ahora estudiante universitario, altas capacidades intelectuales. “Descubrí un mundo totalmente nuevo, como les pasa a muchas familias. Son tantos los estereotipos que hay en la sociedad, que, en cuanto ven que lo que tienen en casa no coincide con la idea prefijada que tenían, se quedan en shock”.
Una de esas etiquetas o clichés más extendidos es que se tiende a asociar las altas capacidades como algo “superchulo” o “guay”: niños superdotados que son vistos con curiosidad y hasta con un punto de envidia. Nada más lejos de la realidad. “Muchas familias se llevan un susto y no saben muy bien qué hacer. Son chicos y chicas que te dicen: “Yo quiero ser ‘normal’”. Así que para nada es un chollo. De hecho, hay familias que no se atreven a dar el paso porque no lo ven como un don. Debemos aceptar y aprender a vivir con ello”, explica Inma desde su casa de Durango.
Tener un potencial intelectual extraordinario “tiene sus ventajas y desventajas, como todo en esta vida”, asegura la presidenta de Aupatuz, una asociación integrada por unas 500 familias vascas con hijos e hijas con alta capacidad intelectual. Ella define este concepto simplemente como la destreza “de aprender a mayor ritmo, comprender más rápido conceptos abstractos y la capacidad de relacionar áreas más fácilmente”. Por lo tanto, no se trataría solo de obtener una alta puntuación de cociente intelectual.
Un niño trabajando conceptos matemáticos con ábacos.
Estereotipos y clichés
Otro de los estereotipos arraigados en la opinión pública es que las personas de este colectivo, tras años de incomprensiones, no terminan de encajar en su entorno y pueden llegar a tener más problemas sociales. Inma dice que “no se tiene que dar así obligatoriamente” y lo que más bien ocurre es que son determinados contextos los que pueden “crearles problemas. Porque si en ese entorno ni les comprenden ni les aceptan ni les respetan, desde luego que no lo van a tener fácil. O se prepara a la sociedad para reconocer, admitir y respetar la diversidad o vamos mal”.
No se sabe a ciencia cierta el porcentaje de la población con altas capacidades, pero según el criterio de algunos expertos podría rondar el 10 o el 15%. Desde que el Gobierno Vasco puso en marcha en 2023 un protocolo para detectar al alumnado con altas capacidades intelectuales en las aulas, la cifra ha aumentado considerablemente y “cada vez son más las familias que se acercan a Aupatuz. Ahora ya se identifica casi a un tercio de todos los casos”, afirma Inma. A su juicio, el porcentaje de detección es “irrisorio”, más aún teniendo en cuenta que estos protocolos solo se activan al inicio de Primaria y de la ESO, “lo que no quita para que en cualquier momento haya indicios de que pueda haber unas altas capacidades y se tenga que poner en marcha el proceso de identificación, independientemente del curso donde esté el alumno”. Tanto Inma como el resto de las familias de la asociación aseguran que solo buscan que sus “hijos sean felices”.
Tener un potencial intelectual extraordinario “tiene ventajas y desventajas, como todo”, asegura la presidenta de Aupatuz.
Escuela inclusiva
Sobre el proyecto educativo de poder construir una escuela inclusiva, sigue siendo “una utopía”, un objetivo al que aspirar, pero al que “todavía queda mucho camino por recorrer. Una cosa es la teoría y otra la realidad”, lamenta Inma, que insta a abrir el melón de formar al profesorado de acuerdo a “rigurosos criterios pedagógicos”. Otro de los retos aún por resolver en el aula sería el de las “dobles o múltiples excepcionalidades”, asegura. Es decir, los alumnos que, además de altas capacidades, tienen dislexia, déficit de atención o un trastorno del espectro autista que puede interferir en su aprendizaje. Y, a menudo, una característica que se solapa con otra da un perfil que no es evidente ni visible a ojos del docente, por lo que “no se les detecta ni se les atiende como se debería”.
Talleres y visitas
Abriendo una vía distinta. Los intereses de estos niños suelen diferir con los temas tratados en el aula. Tratan de encajar en un molde que no es el suyo y eso tiene consecuencias. La presidenta de Aupatuz relata el caso de un chico que, poco motivado con lo que le enseñaban en el colegio, “al llegar la noche curioseaba en la cama los temas que le interesaban y luego no dormía suficientes horas”. Coincidiendo con la vuelta al cole, la asociación retomará la organización de talleres (sobre matemáticas, literatura, laboratorios de química) y las salidas culturales en familia a museos como Eureka! Zientzia Museoa de Donostia o la Escuela de Ingeniería de Vitoria-Gasteiz. El objetivo fundamental de estas actividades es que “puedan tener entornos seguros en los que sean ellos mismo sin ser juzgados, además de ver que hay otros niños y niñas con los que comparten intereses y están en la misma onda”, cuenta Inma.
La "lotería" del profesorado
“Es una lotería: te puedes encontrar con un profesor que se haya formado y que sepa qué hacer en estos casos y con otros que no tienen ni idea sobre este tema y se basan en mitos y estereotipos”. Inma Unzueta subraya la importancia de acompañar a las chicas y chicos en su desarrollo educativo con el aprendizaje multinivel en el aula. Recuerda que existen manuales y libros sobre estrategias de enseñanza personalizadas mediante un enfoque realista y práctico. La profesora Rosabel Rodríguez, de la Unibersitat de les Illes Balears, presentó modelos de programación multinivel aplicables en el aula en el I congreso internacional sobre altas capacidades intelectuales celebrado en mayo en Bilbao. “Si no tienes suficiente formación, ¿cómo vas a poder dar una atención adecuada? Atender bien a todo el mundo hace que el ambiente del aula mejore, vamos a estar mejor todos”, dice Inma.