El urretxurra Aritz Egea anunció el año pasado su intención de dejar de competir en las carreras de montaña. Su intención era disfrutar de su familia y de otros deportes. Antes de comenzar a participar en carreras de montaña fue ciclista y triatleta y ha recuperado la bicicleta. El primer fin de semana de abril participó en la versión cicloturista del Tour de Flandes y el pasado sábado en la París-Roubaix.
El Tour de Flandes y la París-Roubaix son dos de los cinco monumentos del ciclismo y Egea ha disfrutado mucho. “Quería dejar de seguir un calendario de pruebas y probar cosas nuevas. Hace tiempo que tenía intención de participar en esas dos pruebas. No esperaba disfrutar tanto: sin prisas, en lugares que forman parte de la historia del ciclismo… He disfrutado, sobre todo, en Flandes. En mi opinión, el Tour de Flandes es la mejor prueba del mundo. De volver, volveré allí”.
Le ha encantado el ambiente ciclista que se respira en Flandes. “La afición al ciclismo se puede oler. Todo está preparado para andar en bici. Sabía que era así, pero era la primera vez que iba y me he quedado flipado. Si buscamos un referente, ese es Bélgica: tanto en lo que respecta a la afición como en lo que respecta a las infraestructuras”.
Además de participar en las dos pruebas, ha visto las carreras de los profesionales. “En Flandes estuvimos en Kwaremont. Pasaron tres veces por allí. Nosotros pasamos con mucho trabajo y ver cómo pasaban los profesionales fue espectacular. En cuanto al ambiente, se suele comparar a la afición vasca con la belga, pero lo de allí está a otro nivel. Es algo parecido a lo que se verá este fin de semana en Sevilla: todo lleno de gente, un ambiente impresionante… Ha sido una gran experiencia”.
La París-Roubaix también es espectacular. “Vimos la carrera en Arenberg. Fue precisamente el primer tramo de pavés que hicimos en nuestra prueba. También el más duro. Si todos los tramos son así, no sé si llegaré a meta, pensé. Hasta el último momento estuve dudando entre la bici de carretera y la de gravel y me incliné por la de carretera. Me alegro, pues así pude sentir el pavés de lleno. De todos modos, acabé mejor de lo esperado. Yo creo que la gente exagera mucho. Es duro, pero se trata de pasar lo más rápido posible. Eso sí, cuando ves pasar a 45-50 kilómetros por hora a los profesionales, no te lo puede creer”.
Ha tenido suerte, pues la París-Roubaix de este año ha sido la más disputada de estas últimas ediciones. Wout Van Aert y Tadej Pogacar llegaron juntos al velódromo de Roubaix. Ninguno de los dos había ganado la prueba anteriormente y se impuso Van Aert. Egea, como la mayoría de los aficionados, quería que ganase el belga. “Soy seguidor de Van Aert. Me alegré mucho, pues sus seguidores estábamos ya un poco alicaídos. A todos los que nos gusta el ciclismo nos parece de alabar lo que ha hecho Van Aert: aunque últimamente todo le salía mal, ha seguido trabajando”.
Egea también seguirá andando en bici. El año que viene hará alguna otra clásica. Probablemente, la Amstel Gold Race. Pero no ha abandonado la montaña. En mayo participará en la Domusa y en junio en la Monte Rosa Sky Race. “Se hace por parejas, con cuerdas y todo. Se sube a 4.000 metros. Me lo tomo como una aventura. Iré con Jokin Guijarro”, adelanta.