Actualizado hace 1 minuto
Sencillamente impresionante. Kimi Antonelli escribió el capítulo más brillante de su breve carrera y uno de los más épicos de la historia; en cualquier caso, la mayor remontada en Monza y la segunda de toda la memoria de la Fórmula 1. El joven piloto italiano escaló dieciocho posiciones para adjudicarse una insospechada victoria en el Gran Premio de Italia y dar un contundente golpe de autoridad en el campeonato. Penalizó con un cambio de unidad de potencia que no impidió su séptima conquista del curso. Tremendo varapalo para un George Russell que lideró gran parte de la carrera pero fue víctima de la degradación de sus neumáticos y del ritmo de un chico llamado a ser un piloto cuanto menos de época. Una actuación histórica.
Russell difuminó deprisa la sorpresa de la pole de Pierre Gasly. En la segunda vuelta ya había nuevo líder. Detrás, nada más dispararse la carrera, Ferrari vivía el enésimo duelo fratricida. Charles Leclerc estranguló a Lewis Hamilton en la zona exterior de la segunda curva. Hubo contacto y este último pisó la grava antes de descender hasta el décimo puesto. Solo unos instantes después, también en el segundo giro, Leclerc trató de proteger su cuarta plaza, pero el monegasco perdió la adherencia y se estrelló. Un violento accidente que se saldó sin consecuencias físicas. Desastre para Ferrari. El anunció de la entrada del coche de seguridad precedió al ondeo de la bandera roja. La prueba quedaba detenida; había que reparar las protecciones.
La segunda salida fue un regalo para Antonelli. El líder del Mundial había acudido a Monza con una ventaja de 59 puntos sobre Russell y Hamilton. El escenario obligó al italiano a asumir una carrera de supervivencia al partir desde las catacumbas de la parrilla; a la vez, sus rivales directos gozaban de una ocasión de oro. No obstante, en solo una vuelta Antonelli fue capaz de auparse hasta el decimotercer lugar y la nueva salida en parado brindaba otra gran oportunidad para avanzar otro buen número de posiciones. Con el abandono de Leclerc, saldría decimosegundo.
Russell obró una buena arrancada. Logró abrir una brecha de dos segundos sobre Max Verstappen, que por su parte rebasó a Gasly, quien a su vez fue cediendo plazas. Pero de pronto Verstappen logró anular las diferencias, impulsado por sus neumáticos medios en lugar de los duros de Russell. El neerlandés lanzó el ataque por la primera plaza en la vuelta 12. Se transformaba en el tercer líder de la carrera.
Antonelli, líder en 18 vueltas
Verstappen comenzó a defender la cabeza. Russell se desgañitaba y frustraba a la vez al observar a Antonelli en su retrovisor. El italiano llegaba como un cohete. Russell recuperó el liderato en la vuelta 15. A la vez, Antonelli se desembarazaba de Verstappen. Y entonces sucedió lo que pocos podían imaginar. En la vuelta 18, Antonelli se alzó al frente de la prueba de su tierra natal. Monza vibraba con la excepcional remontada. Había ganado dieciocho posiciones en el mismo número de vueltas. Magia.
“Me quita presión... y me haría mucha ilusión ganar. Me subiré al coche con la mente despejada y voy a disfrutar, pero el objetivo es sacar el mejor resultado”, manifestó Kimi tras conocer que saldría desde la última posición de la parrilla, porque tres pilotos partieron desde el pit lane. El joven talento italiano estaba obrando una suerte de milagro. Podía ser el último italiano ganador en su país desde que lo hiciera Ludovico Scarfiotti al volante de un Ferrari en 1966.
Russell fue capaz de recuperar el liderato. Los Mercedes comenzaron a hacer el yoyó. Verstappen se beneficiaba de ello para seguir enganchado. Entonces desde el garaje de la escudería de Brackley instaron a evitar cruces de adelantamientos para distanciar al piloto de Red Bull. “Entonces me estáis diciendo que me quede detrás de Russell”, confirmó Antonelli. Era una tregua obligada, impuesta, con un Antonelli obediente y disciplinado. Tendría su oportunidad de besar la gloria.
Kimi Antonelli, en Monza.
Alonso abandona
Las vueltas se fueron consumiendo. En la vuelta 25 Fernando Alonso condujo el coche a la retirada por problemas mecánicos. Seguido Lance Stroll paró el segundo Aston Martin. Nueva debacle. La introducción de un virtual safety car alteró el guion de la lucha por la victoria. Mercedes ordenó parar a Antonelli. Verstappen replicó el cambio de gomas. Russell se mantuvo en pista, como líder, pero con una estrategia paralela, de una sola parada en vez de dos. “Tenía sentido dividir estrategias”, admitió Russell. “Era lanzar una moneda porque nadie sabía lo que ocurriría”, añadió. Le salió cruz.
De repente Russell pasó a ser objeto de investigación por una posible infracción con bandera amarilla en pista. Quedó indemne. El británico trataba de aferrarse al liderato mientras Antonelli y Verstappen recortaban la distancia. “Voy todo lo rápido que puedo”, sentenció Russell.
La culminación
Antonelli llevaba a cabo una sangría. Anuló el margen de Russell. En la vuelta 48, el italiano estaba a rueda del británico. Kimi cometió un error en el primer intento, cuando pisó la grava al pisar un trozo de asfalto fracturado. Pero a la segunda, en la vuelta 50 de las 53 programadas, completó su gran obra maestra, un milagro del automovilismo. “Es como estar en casa en el simulador”, acertó a decir, incrédulo.
Russell finalizó segundo, un inmenso batacazo para sus aspiraciones de campeón. Verstappen acabó tercero, eclipsado por el gigante Antonelli, a quien cada día parece más difícil detener en sus aspiraciones de convertirse en leyenda. Ya son 66 puntos de margen en el campeonato. “Es un sueño hecho realidad, increíble. No podía ni imaginar que estaría aquí hoy”, confesó Antonelli, que sigue haciendo historia en la Fórmula 1.