Actualizado hace 4 minutos
Jadeaba la Vuelta, en llamas, la respiración entrecortada, el olor de los olivos, aroma de oro líquido, ungidos los cuerpos de dorado, al sol lacerante, deshidratadas las pieles, la sal blanqueándolo todo en Granada. Una asfixia continua. Los olivos, centinelas chatos, árboles milenarios, perfilaron la ruta.
Festonearon el caminar, cada vez más cansino por el efecto del bochorno, de la canícula que siempre acompaña a la Vuelta. En Andalucía el agua fresca y los hielos cotizaban al alza.
Era el último refugio climático contra el sofoco. En el centro del calor, en el crematorio del sur, la temperatura alrededor de los 40 grados, fuego en el cuerpo, se achicharraban los organismos.
En un día de fuego, de tierra quemada, bochornoso, pura agonía, el dragón Van Aert se despertó con furia El coloso en llamas. Todos ardieron a su alrededor. Una pira.
En el mano a mano quemó a Valentin Paret-Peintre, el único que soportó su despertar violento en el tramo definitivo de la fuga hasta que en el vis a vis solo pudo capitular.
La lava del belga la alimentó y la dirigió Matthew Brennan, su compañero (tercero en meta), que desbrozó el camino para el triunfo imperial del belga, que logró su cuarta victoria en sus participaciones en la Vuelta.
El velocista, amigo, tres veces vencedor en la presente edición de la carrera, cauterizó todas las arrancadas mientras el belga respiraba, en un fluctuante letargo, hasta que rugió con fiereza.
Si en los laureles de Brennan el tajo de Van Aert fue fundamental, en la celebración del belga, el inglés le correspondió con creces.
Brennan y Van Aert charlan durante la fuga.
Fue una victoria compartida que Van Aert, demoledor, innumerables sus ataques, festejó con un puñetazo al aire. Vestido de verde. El gigante verde.
Por detrás, Enric Mas tachó otra jornada en el liderato sin más sofoco que el provocado por el calor y el ritmo, que zarandeó a todos.
"Ha sido un día con calor extremo. En algunos momentos ha sido extraño porque cuando íbamos lanzados notábamos el calor a pesar del aire. Si hace más calor tendrá que haber una reunión de corredores porque sería peligroso salir", advirtió el líder.
Abandono de Mühlberger
La general quedó igual a pesar del avance de Skjelmose, presente en uno de los grupos en fuga. Se desprendió Mühlberger, que abandonó por caída. El austriaco era el mejor porteado de Felix Gall.
La Pandera, que espera este sábado amenazadora será otro encuentro en el más allá. Un crematorio de 12 kilómetros al 7,2% de desnivel. Otro día pedaleando en las ascuas del infierno, sobre las brasas del sufrimiento extremo.
Los ciclistas hirvieron en una plato de sopa ardiente. Al fondo esperaba Sylvania, el lugar que inventaron los hermanos Marx en Sopa de ganso, una de sus más afamadas películas, que rodó unos cuantos planos desde el Mesón de Arroyo en Loja, el punto caliente, el final incandescente de un día por las carreteras que son dragones que escupen fuego, que lanzan llamaradas en todas las direcciones.
Vuelta 2026
Decimotercera etapa
1. Wout van Aert (Visma) 4h34:00
2.Valentin Paret-Peintre (Soudal) m.t.
3. Matthew Brennan (Visma) a 24’’
4. Jarno Widar (Lotto) m.t.
5. Vincenzo Albanese (Education F) m.t.
30. Urko Berrade (Kern Pharma) a 50’’
33. Pello Bilbao (Bahrain) a 1:53
62. Ibon Ruiz (Kern Pharma) a 3:29
67. Mikel Landa (Soudal) m.t.
110. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) a 15:22
135. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) m.t.
General
1. Enric Mas (Movistar) 45h08:51
2. Primoz Roglic (Red Bull) a 1:45
3. Felix Gall (Decathlon) a 2:06
4. Richard Carapaz (Education First) a 3:53
5. Oscar Onley (Ineos) a 4:29
24. Urko Berrade (Kern Pharma) a 48:26
31. Pello Bilbao (Bahrain) a 1h03:34
37. Mikel Landa (Soudal) a 1h17:36
53. Ibon Ruiz (Kern Pharma) a 1h35:28
98. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 2h15:48
121. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) a 2h37:57
En honor a aquel rodaje, se inauguró en Loja el Mirador Sylvania en la misma ubicación, donde aparecen las figuras de los hermanos Marx, así como la del cámara que grabó aquella insigne escena.
Sopa de ganso significa en el argot, algo sencillo, pan comido, pero en la travesía hacia Loja todo era enrevesado, laberíntico, desmadejado y complejo. El hilo conductor, como en todos los filmes de los hermanos Marx, era el enredo.
De la época en la que se filmó la conocida película, censurada por Mussolini en Italia porque entendió que se trataba de un insulto personal, era Antonio Destrieux.
Nacido en Loja de padre francés (“su padre vino a vivir a Loja desde París”, contó su nieta este año en una entrevista en Tarragona Ràdio), fue uno de los ciclistas más destacados de la tierra en los años 30 y 40.
Se puso un dorsal en tres ediciones de la Vuelta (1935, 1936 y 1942). Fue reclutado como carabinero durante la Guerra Civil, perteneció a las Milicias Motorizadas de Tarragona y acabó preso durante seis meses en un campo de concentración franquista en Mallorca. Volvió a competir, era parte del F.C. Barcelona, de su sección de ciclismo, tras la guerra.
Casi un siglo después de aquella secuencia, la carrera dispuso un metraje de una fuga prensada por las tenazas del calor en un terreno abrupto, sinuoso, el sube y baja.
Territorio comanche, ideal para los clasicómanos. En eso se destacó Van Aert, un ciclista excepcional. Todoterreno.
En ese territorio disecado, abrumado por el peso del calor denso, se formaron tres habitaciones colindantes, pero separadas por los tabiques del tiempo. Compartimentos estancos.
Una primera fuga con una decena, Vermaerke, Brennan, Bisiaux, Berthet, Martin, Kron, Leknessund, Albanese, Rodríguez y Craps, una segunda, con una treintena de dorsales, entre ellos Van Aert, Paret Peintre, Widar, Berrade, Elosegui o Pello Bilbao, y el pelotón, más alejado, ajeno a ese debate entre los escapados. Enric Mas era un silbido, sereno, contento y feliz. El mallorquín estrenaba una bici decorada de rojo para enfatizar su jerarquía.
Los puertos de la Venta de la Cebada, el Alto de los Legionario y Puerto de Granada, 7,4 kilómetros al 5,6%, salpimentaron la ruta. Actuaron de cortafuegos entre los distintos focos de calor. En el último, la metralla era el sonido de la carrera.
Van Aert, todo potencia, derrochón, se alistó al grupo de su compañero Brennan. Quedaron en pie, además de ellos, Widar, Bisiaux, Vermaerke, Fisher-Black, Albanese, Paret-Peintre, Dalby...
Latigazos por delante. Chasquidos por detrás. Acción-reacción. Todo sucedía a muchísima velocidad. Con los motores recalentados. Echando chispas. Un carrusel de ataques.
El tambor de un ametralladora Gatlin. Los escapados, sin la presión del grupo, que no pudo darles caza, aprovechó para refrescarse. Después se cruzaron las miradas de desconfianza y otra salva de ataques.
Bisiaux, Vermaerke, Dalby... Brennan, el hombre más rápido de la Vuelta, soldaba cada intento. Van Aert observaba en el fondo del grupo, acomodado en el chaise longue, la exhibición del inglés.
Entonces emergió el belga como una bestia, a modo de una estampida. Un salvaje. Desatado. Paret-Peintre fue el único en poder subirse a él, reventado el resto. Jirones de piel, escombros de huesos. El efecto del volcán belga. Van Aert entra en erupción.