Un reciente estudio liderado por la investigadora Anna Barbuscia del grupo de investigación OPIK de la EHU revela que la maternidad genera un impacto desigual y profundo en la salud de las mujeres, a diferencia de los hombres, cuyos niveles de bienestar apenas varían al tener hijos.
Basada en una encuesta realizada a nivel europeo, en la que se recogen los datos de cerca de 20.000 individuos, la investigación destaca que las madres experimentan un incremento significativo de síntomas depresivos, especialmente cuando los hijos alcanzan la adolescencia, un fenómeno que no se observa en los padres.
Esta brecha de salud se explica por la persistencia de la carga mental, las expectativas de una crianza intensiva y la "doble carga" de compaginar el empleo con las tareas domésticas, lo que lleva a las mujeres a sacrificar hábitos saludables como la actividad física.
El estudio concluye que las consecuencias de la maternidad se extienden mucho más allá del posparto, subrayando la urgencia de fomentar una corresponsabilidad real y políticas de conciliación que protejan el bienestar materno a largo plazo.