Política

Ana Pontón, candidata del BNG a la presidencia de la Xunta de Galiza: “En Galiza no está en juego ni la reválida de Sánchez ni el premio de consolación de Feijóo”

El soberanismo gallego que representa un renovado BNG aspira a liderar el cambio que acabe el 18-F con las mayorías absolutas del PP en la Xunta, enarbolando a Ana Pontón
Ana Pontón, candidata del BNG a la presidencia de la Xunta de Galiza / EP

Quiere hacer historia y convertirse en la primera mujer que presida la Xunta. Pero no por personalismo, sino por contribuir a que Galiza pueda “encarar los retos de nuestros tiempo” tras el monopolio del PP en el poder en todo el periodo democrático, con excepción de aquel bipartito que en 2005 encabezó el socialista Touriño. Ana Pontón (Chorente-Sarria, 27-VII-1977) se presenta por tercera vez como candidata del BNG y, como ha reflejado el CIS, en disposición de frustrar la mayoría absoluta de Alfonso Rueda porque, como ella admite, “muchísima gente cogerá nuestra papeleta por primera vez”. No solo puede propulsar hacia el éxito al Bloque sino que, gracias a su desempeño, el nacionalismo gallego supo curar sus heridas y reconciliarse. Lo salvó en 2016 arañando seis diputados para llevarlo en 2020, con 19 escaños, a liderar la oposición. Aunque mira las encuestas con distancia, percibe que “hay partido” hasta el 18 de febrero porque “hemos sabido unir en torno a nuestra organización una disparidad de gente muy importante”.

¿Qué sensaciones tiene una vez ya arrancada la campaña? ¿Ve movilizado al electorado?

—Partimos con una sensación impresionante porque estamos notando un gran apoyo al BNG. Hay una enorme ilusión en Galiza que recorre el país de norte a sur. Creo que estamos ante unas elecciones que van a ser históricas y que se encuentran muy abiertas. Se van a decantar por un puñado de votos y por eso es tan importante la movilización, que no se pierda ni un solo voto que quiere cambio y que se concentre en el BNG. Necesitamos un gobierno diferente al del PP, que se ponga al servicio de la ciudadanía gallega mejorando su calidad de vida. Estoy convencida de que el 18 de febrero tendremos presidenta.

¿Hasta qué punto esta cita electoral se halla contaminada por el contexto de la política en el Estado?

—Gallegos y gallegas saben que en estas elecciones no está en juego ni la reválida de Pedro Sánchez ni el premio de consolación de Alberto Núñez Feijóo. Van de sus vidas, de Galiza, y nos jugamos, entre otros asuntos, la sanidad, la educación, el modelo de desarrollo económico, la atención a las personas mayores, cómo ponemos la energía al servicio del país... El PP ha pretendido desviar la atención porque es consciente de que su gestión no se sostiene. Llevamos quince años con un gobierno popular que nos deja una Galiza peor en todos los indicadores y ellos tienen la tentación de ocultar todo esto detrás de lo que está pasando en la política estatal. Pero ya no cuela. Hay una ciudadanía que está cansada, que ha dicho basta y que sabe que la alternativa de futuro es el Bloque Nacionalista Galego.

De entrada, el PP buscó acudir a las urnas sin que casi se notara.

—Es que la fecha electoral la estableció el señor Feijóo desde Madrid en función de sus intereses y tenemos a un presidente, Alfonso Rueda, absolutamente subordinado a él, que ni siquiera se ocupa de decidir cuándo debían ser las elecciones. Lo dijo él: “el primero al que he llamado es a Feijóo”. Está claro quién manda. Cuando hay que escoger entre Galiza y el PP, Rueda elige el Partido Popular.

¿La crisis de los ‘pellets’ es reflejo de esa gestión del PP, que les ha acusado de una “conspiración”?

—Es que se trata de un gobierno superado que no es capaz de enfrentarse a los problemas y, de hecho, esta crisis nos ha recordado su modus operandi de funcionar. El PP gobierna desde la mentira, desde la manipulación y la incompetencia. No sirve ni para gestionar la crisis de la caída de un contenedor al mar con toneladas de pellets en nuestras playas. No están a la altura de Galiza. Pero pasa lo mismo en ámbitos como la sanidad, la emigración de los jóvenes, que se dedica a mirar impasible a las cosas, o que no es capaz de abrir en quince años una sola residencia pública. Su inacción está dejando a Galiza atrás, de ahí esa pulsión de cambio.

Aprovechando lo que ocurre en los otros territorios históricos, ¿también recaen sobre el BNG descalificaciones por sus planteamientos en términos de soberanía?

—El PP quiere jugar con el miedo y con la mentira, intenta atacarnos con bulos y demonizando a nuestra fuerza política. Pero la gente sabe muy bien quién es este BNG. Llevamos ya muchos años trabajando. En los últimos ochos años hemos hecho muy bien las cosas, reconectando con múltiples sectores sociales con un gran talante y capacidad de transversalidad que nos erige en alternativa para construir una Galiza mejor. Su nerviosismo solo demuestra que cada día que pasa ellos pierden votos y el BNG los gana, y que este 18-F está al alcance de nuestra mano hacer algo grande, ser la palanca del cambio.

Además de enarbolar la bandera social, ¿una de las claves del éxito del ‘nuevo’ BNG ha sido ensanchar el espectro al que se dirige?

—Hemos crecido como organización y a nivel social y electoral. Los ciudadanos, nos voten o no, nos ven con simpatía y saben que un gobierno del BNG será positivo. En los últimos 43 años hemos tenido seis presidentes, todos hombres y de fuerzas estatales. Es el momento de apostar por algo distinto, le pedimos a la ciudadanía que nos dé la oportunidad de demostrarle que un gobierno del BNG puede transformar sus vidas. Nuestro rigor y forma de hacer política gusta a la gente que escapa de toda esa crispación que nos invade desde Madrid. Somos referencia para personas que, a lo mejor no se sienten nacionalistas, pero que nos escuchan y dicen que es el país que ellos también quieren.

Costó mucho recomponer ese espacio nacionalista gallego (el pacto con Anova y la histórica fotografía con Xosé Manuel Beiras y Martiño Noriega) y muchos le señalan a usted como artífice.

—Siempre tengo que rebatir esta teoría porque una persona sola no consigue algo así. Es el resultado de una gran organización y miles de militantes del BNG que en un momento difícil supieron estar a la altura. Supimos hacer las lecturas correctas de nuestros errores. El nacionalismo y el BNG es una necesidad para Galiza. Necesitamos volar con nuestras propias alas y no depender de las decisiones de los partidos de ámbito estatal.

¿Por qué el PSdeG no ha sabido convertirse en esa alternativa?

—Es una lectura que debe hacer el Partido Socialista. Mi responsabilidad es otra. Nosotros hemos sabido engancharnos a diversos sectores sociales que nos ven con capacidad de gobernar y de poder hacerlo mejor.

¿Pero les puede perjudicar la atomización de la izquierda a la hora de tejer esa alternativa al PP?

—Como demócrata no puedo penalizar que exista pluralismo político. Es una realidad que existe y todas las organizaciones políticas tienen derecho a presentarse. Luego, decide la ciudadanía. Es el PP quien está nervioso ante este pluralismo, precisamente porque el voto de la derecha también está dividido. Incluso han pedido a Vox que no se presentara. El PP acude a las urnas absolutamente dopado, utilizando fondos públicos para hacer campaña o manipulando la TVG, que es un auténtico escándalo a su servicio.

¿Cuál es la primera cuestión que hay anotada en el cuaderno de Ana Pontón si logra auparse a la presidencia de la Xunta?

—Solicitar al Gobierno del Estado que nuestra autopista central debe ser transferida a Galiza, hay que eliminar los peajes, no puede ser que seamos quienes paguemos más peajes en el Estado durante tantos años. También que la energía eléctrica que se produce en Galiza se ponga al servicio de la sociedad gallega, tenemos derecho a una tarifa más baja para compensarnos por los costes ambientales y sociales en la producción de la electricidad. Además, queremos implantar un plan de rescate de la sanidad pública con una inversión de 200 millones de euros en Atención Primaria; realizar un gran pacto de país en torno a la ciencia y devolver al Parlamento gallego la centralidad de la vida política.

¿Qué vislumbran respecto a una posible reforma del modelo territorial del Estado?

—La convulsión de la política estatal no ayuda, se ha ido cada vez más hacia posiciones más crispadas y extremas donde no hay lugar para el debate sereno. Pero la única realidad es que el Estado español es plurinacional, pluricultural y plurilingüe, y en algún momento este debate sobre el modelo territorial tendrá que abrirse paso. A nosotros nos interesa una Galiza con voz propia, como nación histórica como Euskadi y Catalunya. Cuanto más peso político y capacidad de decisión tengamos, mejor vamos a poder responder a las necesidades de la ciudadanía gallega. En el corto plazo, nosotros vamos a pedir que se transfieran las competencias pendientes y avanzar en un sistema de financiación que no discrimine a los gallegos y gallegas, y al funcionamiento de sus servicios públicos.

La nueva legislatura se abrió con algún avance en el uso de las lenguas cooficiales.

—La lengua gallega no ha avanzado los últimos años, ha retrocedido. De hecho, somos la única que ha perdido hablantes en el conjunto del Estado y es consecuencia de decisiones políticas del PP. Por ejemplo, aprobó un decreto que prohibe que se puedan enseñar Matemáticas o Físicas en gallego, y que tiene a nuestra lengua en una situación de segunda división. Nuestra lengua necesita un gran pacto de país para garantizar que todo el mundo opte a su conocimiento porque eso es lo que luego te va a dar la libertad para elegir.

Una vez superemos esta estación de las autonómicas, llegarán los comicios europeos. ¿Tienen resuelta ya su apuesta?

—Estamos tan centrados en este 18-F que aún no. Nos pondremos luego manos a la obra aunque lo más lógico sería repetir la coalición de las últimas ocasiones (la coalición denominada Ahora Repúblicas junto a ERC y Bildu). Pero está por abordar.

06/02/2024