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Alfombra roja para Mas

El líder sin fisuras, controla la ascensión a Peñas Blanca, donde vence Dunbar desde la fuga y Urko Berrade, otra vez protagonista, es cuarto
Dunbar, vencedor en Peñas Blancas.
Dunbar, vencedor en Peñas Blancas. / Efe

Actualizado hace 23 segundos

José Tomás, figura extraordinaria del toreo, retirado por voluntad propia, recogido en el anonimato, asceta, suele andar en bicicleta. Le servía como entrenamiento y, probablemente, como punto de reflexión. El aire en la cara, la libertad y el padecimiento.

El sillín a modo diván. Torero profundo, a modo de su toreo pasional, a dos tintas, pulsión y arrebato, no sería disparatado imaginar a José Tomás meditar sobre la vida, el toro y la muerte mientras pedalea. En sus salidas en bici, José Tomás subía a Peñas Blancas.

José Tomás condujo Javier Guillén y sus colaboradores, al descubrimiento de la montaña en 2013. Desde entonces decidieron anexionarla a la cartografía de la carrera. Antes de aquella reunión, Peñas Blancas vivía en la clandestinidad, ajena a los flashes y los focos, como le gusta a José Tomás, refractario a la exposición pública.

Su montaña en Estepona se hizo famosa.18,8 kilómetros al 6,5%. Eddie Dunbar hizo suya la cumbre desde la fuga. El irlandés, tres veces ganador de etapa en la Vuelta, derrotó a Santiago Buitrago y a Urko Berrade, sensacional el navarro, cuarto en la cima, desde la que Enric Mas otea el horizonte de la Vuelta.

Cada vez más próxima. Apenas le queda rematarla después de gestionar una subida en la que Primoz Roglic trató de agrietar al mallorquín de rostro impenetrable. Refractario a los ataques, acorazado por la confianza y sublimado por las piernas alegres, Enric Mas descontó otra jornada. La felicidad se desenrolla al paso de Mas, al que saluda con fervor, tantas veces derrotado e incomprendido.

En Peñas Blancas, los favoritos llegaron anudados en el mismo pañuelo. Firmaron tablas. El mallorquín continúa intacto. Entronizado a la espera de los fastos. Solo una jornada de montaña le separa de su mayor gesta. La que le coronaría en Granada.

Enric Mas continúa firme en el liderato.

Enric Mas continúa firme en el liderato. Movistar / Sprint Cycling

Lucha por la fuga

En otra travesía al sol, entre montañas desde el Puerto las Abejas y el Puerto del Viento se agitaron los corazones, altos los latidos, rock&rolleros. Carapaz, extraordinario agitador, corajudo, ambicioso, sacudió su deseo. Roglic le acompañó. Enric Mas acudió de inmediato a ese conato de incendio. El ecuatoriano persistió.

Se empeñó y estuvo por delante junto a un grupo de alborotadores. Por un momento, la Vuelta era un pequeño caos que amainó cuando Carapaz fue devuelto al redil y una fuga se consolidó en el frente. Regresó el orden y en el rostro de Mas, que dibujó una mueca de incomodidad cuando la vibración provocó cierta zozobra, se perfiló una sonrisa serena rodeado de los suyos, de sus pretorianos.

La fuga, que se originó después de tres horas de ciclismo a ráfagas, a empellones, no era una inquietud para el líder. Sí lo era para Urko Berrade, de nuevo alistado con el petate de la esperanza. El navarro quería ondear felicidad en Peñas Blancas después de acariciar la gloria en Calar Alto, donde observó con el telescopio de la impotencia la victoria de Omrzel, la estrella que irrumpió en el cielo de la Vuelta.

En Málaga, a modo de bandoleros, galopaban los fugados para encontrarse con el Coloso, como los lugareños conocen a Peñas Blancas, una montaña de la Sierra Bermeja que acoda su mirada hasta dar con la Costa de Sol a través de las rendijas que ofrecen los bosques de pinsapos en Andalucía, una especie de árbol abeto único.

Abandonada la costa, siempre hipnótico el balanceo del mar, la arena atestiguando el deje de las ola, las palmeras a modo de vigilantes, los gaznates, estirados, crecían hacia Peñas Blancas, que fue tierra negra. Tiznada por el fuego. No hace tanto tiempo, un incendio devastó ese paisaje. Olía a tierra quemada, cubierto el recuerdo por la ceniza.

Urko Berrade, otra vez excelente.

Urko Berrade, otra vez excelente. Kern Pharma / Sprint Cycling

El esfuerzo de Berrade

Se hizo más alto y más duro en el puerto. Crudo. Un baile de estatuas de sal. La deshidratación decorando los cuerpos. Huella de la pérdida salina. Rudy Molard fue el primero en mostrarse en la fuga hasta que mostró su jerarquía Buitrago. Gloag y Dunbar, compañeros de equipo, se reunieron con él. Berrade no cedía en su rastreo.

Resistente, perseverante, el maillot a dos aguas. El navarro, combativo al extremo, corría a pecho descubierto. Sensacional su pose. De nuevo en el centro del escenario. El cuarteto empastó sus intereses. La letanía de los ciclistas contrastaba con el fondo azul del mar, que generaba paz mientras el puerto serpenteaba, áspero entre la foresta.

El Red Bull deseaba incendiar la carrera en el arranque del puerto, con gesto adusto y arrogante a modo de bienvenida. Enric Mas solo tenía ojos para Roglic. La Vuelta, que es más del mallorquín, se había reducido a un duelo íntimo con el esloveno.

La chispa de la muchachada de Roglic era escasa. Raúl García Pierna fijó el ritmo. Deforestó al Red Bull. Carapaz dio un paso al frente. Después revoloteó el esloveno. Mas cazó al vuelo al esloveno. Quedaron los mejores. Todos en el mismo puño. No abrieron la mano. Emparejados en las alturas. Empate.

En un paisaje que olía aún a tierra quemada tras el incendio de Sierra Bermeja, donde se asienta Peñas Blancas, con terrazas cortantes negras que dan la espalda al mar, Eddie Dunbar encontró la felicidad. El líder, que acabó el día bebiendo una lata de refresco con calma, saboreando su dulce superioridad, le brotó un sonrisa. Está a un palmo de la gloria. Alfombra roja para Mas.

2026-09-11T16:29:34+02:00
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