Corría el año 1783 cuando, en los laboratorios del Real Seminario de Bergara, los hermanos Juan José y Fausto Elhuyar lograron un hallazgo que marcaría un antes y un después en la historia de la ciencia. Por primera vez aislaron el wolframio, un elemento metálico que, con el paso del tiempo, se consolidaría como una pieza clave en el desarrollo del conocimiento, la industria y la innovación tecnológica. Aquel descubrimiento -considerado la mayor aportación científica del País Vasco- situó a Bergara en el mapa del saber, y constituye el punto de partida de 'W74: razón, poder y futuro', la exposición inmersiva que ya puede visitarse en el museo Laboratorium.
Este hito, escrito entre fórmulas, minerales y cuadernos de notas, cambió el mundo sin hacer demasiado ruido. Lo que comenzó como un logro en la Bergara ilustrada acabó convirtiéndose en un elemento decisivo en la evolución de la modernidad. Mientras el mundo avanzaba, el wolframio (W74) permanecía ahí: discreto, casi invisible, pero siempre determinante. Presente en la tecnología, en los avances médicos que han salvado vidas, en las máquinas que construyen el futuro…; su huella resulta constante. Y, sin embargo, su historia ha permanecido en un segundo plano, lejos del gran relato.
Conectar el pasado, presente y futuro
La muestra que este miércoles ha abierto sus puertas nace precisamente para devolverle ese protagonismo. Impulsada por el museo Laboratorium y el Ayuntamiento bergararra, y con la colaboración de Kutxa Fundazioa, Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa, la propuesta articula un viaje que atraviesa más de dos siglos de historia para conectar pasado, presente y futuro.
“Esta exposición es un recorrido que nos invita a mirar de nuevo a nuestra historia para entender mejor el presente. El wolframio es un ejemplo de cómo la ciencia puede transformar el mundo. Queremos que las personas visitantes descubran, pero también que sientan y reflexionan sobre el papel del conocimiento en nuestra sociedad”, ha manifestado la directora del Laboratorium museoa, Rosa Errazkin.
Por su parte, el alcalde, Gorka Artola, ha señalado que el hallazgo de este elemento químico en Bergara “evidencia que los pueblos pequeños pueden aportar mucho al mundo”, y ha incidido en el compromiso con la investigación y la colaboración.
Presentación de la exposición sobre el wolframio que este miércoles ha abierto sus puertas en el museo Laboratorium.
De la Ilustración al material estratégico
El recorrido sitúa al visitante en la Bergara del siglo XVIII, un enclave singular dentro de la Europa ilustrada. En aquel contexto, la localidad se convirtió en un foco de intercambio intelectual, donde las ideas circulaban con la misma intensidad que los avances técnicos.
Fue en ese entorno donde los hermanos Elhuyar, tras años de formación y viajes por el continente, lograron aislar el wolframio. Un acontecimiento que no fue fruto del azar, sino de una red de conocimiento compartido, investigación rigurosa y visión estratégica.
Pero lo que empezó como un episodio en el ámbito del saber pronto trascendió. Las propiedades de este metal -su extraordinaria dureza y su resistencia a temperaturas extremas- lo transformaron en un material imprescindible. Primero en los laboratorios. Después en la industria. Más tarde, en los conflictos que marcaron el siglo XX.
Convertido en recurso estratégico, esta ‘joya’ de la tabla periódica fue objeto de deseo y motivo de alianzas internacionales e, incluso, de espionaje. Hoy, más de 200 años después de su descubrimiento, sigue siendo esencial en múltiples tecnologías de nuestra vida cotidiana.
La directora del museo Laboratorium, Rosa Errazkin (derecha) en el recorrido por la muestra.
Tres espacios
Lejos de una exposición convencional, 'W74: razón, poder y futuro' se plantea como una experiencia que se recorre con el cuerpo y los sentidos. Una propuesta museográfica contemporánea que combina escenografía, tecnología audiovisual y objetos históricos.
El viaje arranca en un salón del siglo XVIII, donde se recrea el contexto del hallazgo. La puesta en escena, los elementos interactivos y piezas científicas sitúan al visitante en un laboratorio de época; en ese instante en el que todo estaba por salir a la luz.
A partir de ahí, la segunda sala se adentra en un espacio de transición que rompe con lo anterior. Las paredes cobran vida, el sonido envuelve y la narrativa se fragmenta en imágenes, mapas, documentos y códigos. Es el siglo XX: el wolframio aparece como lo que fue, un recurso ligado al conflicto, a las tensiones internacionales y a los intereses ocultos. “No se trata solo de entenderlo, sino de sentir la presión, el secreto y la dimensión geopolítica que lo rodearon”, han explicado durante la presentación de la muestra en la que han estado presentes, entre otras personas, la directora general de Cultura de la Diputación de Gipuzkoa, Mari José Telleria, y la directora de Patrimonio Cultural, Propiedad Intelectual y Depósito Legal del Gobierno Vasco, Urkiri Salaberria.
En la segunda sala las paredes se activan con proyecciones envolventes, el sonido guía la percepción y la narrativa se fragmenta en imágenes, mapas, documentos y códigos.
El recorrido concluye en un entorno contemporáneo, cercano y reconocible. Aquí, el wolframio se revela en objetos cotidianos y tecnologías actuales, conectando directamente con la vida del visitante.
El tercer espacio de la exposición; un entorno cotidiano y reconocible, donde el wolframio se revela en objetos y tecnologías que forman parte de nuestra vida diaria.
Proyectarla al mundo
Más de dos siglos después de su descubrimiento, este elemento químico de enorme relevancia sigue escribiendo su propia historia. Forma parte del presente y del futuro. Invisible, pero fundamental, acompaña de forma constante los avances tecnológicos y científicos que definen nuestra sociedad.
Con este proyecto, concebido como una exposición temporal, Bergara recupera una historia nacida en sus laboratorios para proyectarla al mundo. Una invitación a descubrir que, a veces, los grandes cambios comienzan en silencio y en lugares insospechados.