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Los reyes españoles, Felipe VI y Letizia, han desembarcado este martes para saldar una de las cuentas pendientes más delicadas en las ciudades de Ceuta y Melilla. En un ambiente cargado de emoción contenida, fervor popular y una indisimulable tensión política, Felipe VI pisó suelo ceutí con un propósito nítido: recordar a Marruecos la españolidad de ambas ciudades. La anterior visita de su padre en noviembre de 2007 provocó una crisis diplomática con Rabat que respondió con la retirada temporal del embajador marroquí en Madrid, manifestaciones en las fronteras y una condena pública del rey marroquí, Mohamed VI.
Diecinueve años después, la situación en Ceuta se enmarca en un escenario marcado por la mayor crisis migratoria registrada en la ciudad autónoma y el resurgimiento de las reivindicaciones territoriales marroquíes
La jornada, de una enorme trascendencia política, ha estado marcada por el discurso del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, quien no ha dudado en calificar la realidad actual de la ciudad como una "olla a presión que, en cualquier momento, puede estallar". Un retrato de la profunda herida que arrastra Ceuta acentuado, sin duda, por la convocatoria electoral para las elecciones generales del 29 de noviembre..
Tal y como era de esperar, desde primeras horas de la mañana, miles de ceutíes se agolpaban en los aledaños del Palacio de la Asamblea, portando banderas españoles y coreando vítores a los monarcas. El momento cumbre de la recepción popular ha tenido lugar en el balcón principal del palacio consistorial. Acompañados por el propio Juan Vivas y por el ministro de Política Territorial y jefe del mando único para Ceuta, Ángel Víctor Torres, los Reyes se han asomado al balcón para recibir más vítores
El discurso de Juan Vivas ante el Rey pasará a los anales de la política ceutí por su absoluta falta de concesiones diplomáticas con Rabat y espoleado por las elecciones generales que su partido, el PP, utiliza como bandera contra Pedro Sánchez. Con voz firme, Vivas ha recordado la tragedia de los pasados 30 y 31 de julio, fechas en las que, según denunció, "cerca de 100.000 personas fueron utilizadas para vulnerar la frontera española y la integridad territorial".
Aquella incursión masiva, según dijo "alentada desde el otro lado de la frontera", se cobró un precio doloroso: la pérdida de al menos 141 vidas humanas. Vivas ha sido tajante al señalar la intencionalidad geopolítica de la crisis: la invasión "se concibió, organizó y llevó a cabo con la intención de poner en riesgo la línea de flotación" de la autonomía.
Así relato que las consecuencias de aquella llegada "continúan asfixiando el día a día de la población. "Ceuta no es la que era", ha lamentado el líder del PP en la ciudad autónoma, describiendo un escenario "en el que los vecinos han tenido que cambiar por completo sus hábitos de vida y han visto mermadas su seguridad, su tranquilidad y su libertad". Este colapso, siempre según sus palabras, se traduce en un "grave deterioro de servicios esenciales como la sanidad, la educación y la seguridad", a lo que se suma "una ruina económica acuciante y el constante temor a que la convivencia vecinal acabe por quebrarse definitivamente". "Es una olla a presión a punto de estallar”, relató.
Horas críticas
Pese a su diagnóstico, Vivas ha querido lanzar un mensaje orgullo patrio. Ha asegurado que, si bien la ciudad vive horas críticas, sigue en pie gracias a la solidaridad: "Millones de españoles consideran que si naufraga Ceuta, lo hacemos todos". Para el presidente local, "la defensa de la frontera es la defensa de la soberanía nacional, de la Constitución y del imperio de la ley".
"Ceuta es España hasta la médula, por los cuatro costados, se mire por donde se mire", ha proclamado con vehemencia, recordando que la ciudad autónoma está respaldada por el derecho, avalada por los siglos de historia y firmemente deseada por su población, unida por encima de credos y orígenes: "todos los ceutíes, recen como recen y se llamen como se llamen".
Mirando al futuro, Vivas ha exigido decisiones valientes y soberanas que competen exclusivamente al Gobierno español. Ha reclamado de manera urgente la única solución viable para destensar la presión social: el retorno inmediato a su país de todos aquellos inmigrantes que accedieron de forma masiva e ilegal. Asimismo, ha instado a diseñar un nuevo modelo de seguridad y desarrollo económico que garantice que el control de la frontera ceutí no dependa de las decisiones unilaterales de un tercero, en clara alusión a Marruecos.
La respuesta de los reyes españoles quedó inmortalizada en las páginas del Libro de Honor del Ayuntamiento de Ceuta, donde han expresado su profundo agradecimiento por las infinitas muestras de afecto recibidas, reconociendo que este viaje era una asignatura pendiente en su agenda institucional. "Había una deuda que hoy saldamos al tiempo que transmitimos la cercanía y el afecto de toda España", reza el escrito de Felipe VI. Ahora, queda la incógnita de la respuesta de Marruecos que, todo hace indicar, llegará.