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Verdadero o Falso

Velocidad, pausas y texto pegado: las pistas que delatan el uso de IA en clase

Una nueva herramienta analiza cómo se elaboran los trabajos para detectar posibles usos indebidos de la inteligencia artificial
El equipo de Authory.tech revisa las métricas recogidas por la herramienta. De izquierda a derecha, Rosa Garcia, Nil Gàllego y Mar Garcia. F
El equipo de Authory.tech revisa las métricas recogidas por la herramienta. De izquierda a derecha, Rosa Garcia, Nil Gàllego y Mar Garcia. F / Authory.tech

Actualizado hace 10 minutos

Un trabajo perfectamente redactado ya no demuestra necesariamente que el alumno haya comprendido la materia, construido un argumento o escrito una sola de sus frases. La inteligencia artificial generativa puede elaborar en segundos textos ordenados, sin faltas y adaptados a casi cualquier nivel académico, lo que ha situado al profesorado ante una dificultad creciente: sospechar que una tarea no es auténtica resulta relativamente sencillo, pero demostrarlo continúa siendo mucho más complicado.

Una nueva herramienta educativa propone cambiar el lugar en el que se buscan las pruebas. En vez de analizar únicamente el documento entregado, Authory.tech observa cómo se ha elaborado: la velocidad de escritura, el tiempo dedicado, las pausas, las correcciones, el vocabulario utilizado o la inserción repentina de fragmentos completos. El objetivo no es emitir automáticamente un veredicto, sino ofrecer al docente indicios que le permitan valorar si detrás del resultado existe realmente un proceso de aprendizaje.

La huella que deja cada texto

Authory.tech funciona como un conector integrado en plataformas educativas como Moodle o Canvas. Mientras el estudiante realiza la tarea, el sistema registra diferentes datos sobre el proceso de redacción y los transforma en gráficos que el profesorado puede consultar junto al trabajo terminado.

Terminar un ejercicio en un tiempo anormalmente corto, introducir de golpe varios párrafos o utilizar palabras que no aparecen habitualmente en los textos del alumno son algunos de los patrones que pueden despertar sospechas. La plataforma también examina las revisiones realizadas y compara determinados indicadores con los del resto del grupo para ofrecer un contexto más amplio.

Una de las funciones que más llamó la atención del profesorado durante las pruebas fue el replay, que permite reconstruir tecla a tecla cómo se escribió el documento y reproducir el proceso a doble velocidad. Este seguimiento ayuda a distinguir entre un texto elaborado mediante correcciones y reorganizaciones y otro transcrito de manera prácticamente continua desde una respuesta generada previamente.

El profesorado consulta las métricas de Authory.tech durante una prueba piloto en el aula.

El profesorado consulta las métricas de Authory.tech durante una prueba piloto en el aula. Authory.tech.

Durante una de las sesiones, un estudiante negó inicialmente haber copiado hasta que la profesora le mostró los fragmentos que el sistema había identificado como texto pegado. En Bachillerato aparecieron procedimientos menos evidentes: algunos alumnos transcribieron las respuestas en lugar de insertarlas directamente, pero la velocidad, la ausencia de errores y la falta de revisiones despertaron las sospechas del profesorado.

Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que se haya utilizado inteligencia artificial. Un estudiante puede escribir con rapidez, pegar un fragmento redactado anteriormente o emplear un vocabulario más avanzado sin haber cometido ninguna irregularidad. Por eso, la herramienta no asigna un porcentaje de culpabilidad ni pretende decidir si las ideas son humanas: deja la valoración final en manos del docente.

En una actividad de inglés, por ejemplo, el sistema señaló que un alumno escribía considerablemente más rápido que sus compañeros. El profesor conocía su trayectoria y explicó que la diferencia respondía a su mayor dominio del idioma. El caso muestra por qué las métricas necesitan contexto y no pueden convertirse por sí solas en una acusación.

Ayuda o sustitución

La inteligencia artificial ya forma parte de la rutina académica de muchos estudiantes, aunque no siempre se utiliza del mismo modo. Puede servir para resolver una duda, ordenar información, practicar un ejercicio o revisar un texto, pero también permite entregar como propio un trabajo generado íntegramente por una máquina.

Un estudio citado por la Universitat Oberta de Catalunya señala que el 15 % de los estudiantes de Secundaria de Estados Unidos reconoció haber utilizado inteligencia artificial para completar una tarea entera en 2025, frente al 11 % registrado un año antes. Más de la mitad considera, además, que estas herramientas pueden perjudicar el desarrollo de sus habilidades de pensamiento crítico.

No queremos plantear Authory.tech como una herramienta anti-IA, sino como una herramienta que asiste al docente y le proporciona evidencias que desgranan el proceso de aprendizaje, Rosa García, responsable de comunicación del proyecto.

El problema para el profesorado no consiste únicamente en descubrir una posible trampa, sino en determinar dónde termina la asistencia permitida y dónde comienza la sustitución del aprendizaje. Pedir a una herramienta que sugiera una estructura no equivale a presentar un texto completo sin haberlo elaborado, pero entre ambos extremos existe una amplia zona gris que obliga a cada centro y docente a fijar reglas claras.

“No queremos plantear Authory.tech como una herramienta anti-IA, sino como una herramienta que asiste al docente y le proporciona evidencias que desgranan el proceso de aprendizaje”, explica Rosa García, responsable de comunicación del proyecto.

Más allá de los detectores

Los programas que intentan identificar textos generados por inteligencia artificial tampoco ofrecen certezas absolutas. Generalmente analizan el resultado final y buscan patrones lingüísticos asociados a estas herramientas, pero una redacción demasiado correcta o previsible puede despertar sospechas aunque haya sido escrita por el propio estudiante. Del mismo modo, un texto generado por una máquina puede modificarse hasta evitar su detección.

Rosa Garcia y Nil Gàllego presentan Authory.tech durante el encuentro tecnológico 4YFN.

Rosa Garcia y Nil Gàllego presentan Authory.tech durante el encuentro tecnológico 4YFN. Authory.tech

Por este motivo, cualquier indicador debe interpretarse con cautela y nunca funcionar como una prueba aislada. La Unesco recomienda que la incorporación de la inteligencia artificial a la educación mantenga un enfoque humano, adecuado a la edad del alumnado y respetuoso con la privacidad. Una sospecha algorítmica no debería sustituir el criterio del profesor ni justificar por sí sola una sanción académica.

El cambio también obliga a replantear las tareas. Pedir borradores, observar la evolución del trabajo, realizar una breve defensa oral o solicitar al estudiante que explique las decisiones tomadas permite comprobar mejor qué ha aprendido. La cuestión ya no es únicamente impedir el uso de la inteligencia artificial, sino diseñar ejercicios en los que utilizarla no permita reemplazar el razonamiento personal.

Los datos permanecen en el centro

El seguimiento de la escritura introduce también dudas sobre la privacidad del alumnado. Authory.tech asegura haber desarrollado la plataforma bajo el principio de “privacidad desde el diseño” y afirma que los datos personales no necesitan abandonar el sistema educativo del centro. La herramienta identifica a cada estudiante mediante un código y vincula la actividad registrada con ese identificador.

La empresa señala que trabaja siguiendo las directrices de las normas ISO 27001 y 27002 sobre seguridad de la información. Esto no significa necesariamente que disponga de esas certificaciones, sino que, según sus responsables, utiliza sus criterios como referencia para diseñar la infraestructura.

Tres pruebas en las aulas

Authory.tech comenzó a probarse a mediados de marzo con alumnado de ESO y Bachillerato del IES Eduardo Primo Marqués de Carlet, en Valencia. Se realizaron tres sesiones con capacidad para 20 estudiantes y dos profesores en cada una. Otras dos pruebas acordadas con diferentes centros tuvieron que aplazarse por las huelgas educativas.

En las encuestas realizadas posteriormente por la empresa, los docentes calificaron las métricas como fáciles de interpretar y otorgaron la puntuación máxima, cinco sobre cinco, a la posibilidad de recomendar la herramienta. También consideraron que podía contribuir a reducir el uso indebido de la IA, fomentar el pensamiento propio y aportar evidencias en las conversaciones con estudiantes y familias.

Alumnado del IES Eduardo Primo Marqués prueba Authory.tech durante una actividad en el aula. Foto: Alumnado del IES Eduardo Primo Marqués prueba Authory.tech durante una actividad en el aula.

Alumnado del IES Eduardo Primo Marqués prueba Authory.tech durante una actividad en el aula. Foto: Alumnado del IES Eduardo Primo Marqués prueba Authory.tech durante una actividad en el aula. IES Eduardo Primo Marqués / Authory.tech.

Una profesora destacó “la posibilidad de observar el proceso en tiempo real”, mientras que otra valoró “la precisión del programa para detectar el punto clave donde se ha pegado la información”. Los resultados deben entenderse como una primera valoración de un grupo reducido de docentes y no como una evaluación independiente de la eficacia de la plataforma.

Authory.tech comenzará a comercializarse el 1 de septiembre, estará disponible también en euskera y ofrecerá a los centros una prueba gratuita de 30 días.

La inteligencia artificial no va a desaparecer de las aulas y prohibirla por completo tampoco resolverá el problema. El desafío será enseñar a utilizarla sin que piense, argumente y escriba en lugar del alumno. En este nuevo escenario, un trabajo terminado dirá cada vez menos por sí solo: para saber si hubo aprendizaje habrá que mirar también el camino seguido hasta llegar a él.

2026-08-23T16:48:03+02:00
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