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Una vacuna para cada tumor: así comienza la carrera por tratar el cáncer a medida

El éxito anunciado en melanoma abre la puerta a terapias fabricadas con las mutaciones de cada paciente, aunque el coste, los plazos y la falta de datos completos todavía limitan su llegada
Una dosis de la vacuna experimental de ARNm contra el melanoma
Una dosis de la vacuna experimental de ARNm contra el melanoma / Freepik.

Actualizado hace 3 segundos

Una vacuna diseñada para una sola persona y que no podría administrarse a ninguna otra. La idea resume uno de los mayores cambios que se están produciendo en la investigación contra el cáncer: dejar de tratar únicamente el tipo de tumor para atacar también las alteraciones concretas que presenta cada paciente.

El anuncio de resultados positivos en fase 3 de intismerán autógeno, la terapia personalizada de ARN mensajero desarrollada por Moderna y Merck, ha situado esta posibilidad más cerca de la práctica clínica. Administrada junto a la inmunoterapia denominada pembrolizumab, comercializada como Keytruda, logró prolongar el tiempo sin recaídas ni metástasis en pacientes operados de melanoma de alto riesgo.

Moderna desarrolla junto a Merck una vacuna personalizada de ARN mensajero contra el melanoma.

Moderna desarrolla junto a Merck una vacuna personalizada de ARN mensajero contra el melanoma. Moderna

Es la primera vacuna personalizada de ARNm contra el cáncer que obtiene resultados positivos en un ensayo de fase 3, el último gran escalón antes de solicitar su autorización. El resultado no demuestra todavía que esta estrategia vaya a funcionar frente a todos los tumores, pero ofrece una primera prueba a gran escala de que enseñar al sistema inmunitario a reconocer las mutaciones particulares de cada cáncer puede reducir el riesgo de que la enfermedad reaparezca.

Una fórmula distinta para cada paciente

Estas vacunas no previenen el cáncer como las que protegen frente al virus del papiloma humano o la hepatitis B. Son tratamientos terapéuticos destinados a personas que ya han desarrollado la enfermedad y, en este caso, han sido sometidas a una operación para extirpar el tumor.

Su fabricación comienza precisamente con una muestra del tejido eliminado. Los especialistas secuencian el tumor y comparan su información genética con la de las células sanas para localizar mutaciones exclusivas de las células cancerosas. Algunas generan proteínas anómalas, denominadas neoantígenos, que pueden funcionar como una especie de señal de identidad.

El tratamiento no elimina por sí solo un cáncer activo ni garantiza que la enfermedad no regrese: intenta destruir las células microscópicas que puedan permanecer después de la operación.

A partir de ellas se seleccionan las dianas con más posibilidades de activar una respuesta inmunitaria y se fabrica una secuencia de ARN mensajero personalizada. Una vez administrada, proporciona al organismo instrucciones para reconocer esas señales y movilizar linfocitos capaces de atacar las células tumorales que puedan haber sobrevivido a la cirugía.

La vacuna de Moderna puede incorporar información de hasta 34 neoantígenos distintos. Keytruda completa la estrategia al bloquear uno de los mecanismos que utilizan las células cancerosas para esconderse del sistema inmunitario. La vacuna enseña al sistema inmunitario qué debe buscar y Keytruda retira uno de los frenos que le impiden atacar. El tratamiento no elimina por sí solo un cáncer activo ni garantiza que la enfermedad no regrese: intenta destruir las células microscópicas que puedan permanecer después de la operación.

El melanoma abre el camino

El ensayo INTerpath-001 incluyó a 1.137 pacientes con melanoma cutáneo en estadios IIB a IV, completamente extirpado pero con riesgo elevado de regresar. Los participantes recibieron la combinación de intismerán y Keytruda o únicamente la inmunoterapia.

Moderna y Merck anunciaron que la combinación consiguió mejoras estadísticamente significativas y clínicamente relevantes tanto en la supervivencia libre de recaída como en el tiempo sin aparición de metástasis a distancia. También aseguraron que no se detectaron nuevas señales de seguridad.

Células metastásicas de melanoma observadas mediante microscopía.

Células metastásicas de melanoma observadas mediante microscopía. valencju

Sin embargo, las compañías todavía no han facilitado las cifras completas de esta fase 3 ni existe una publicación científica revisada por pares. Los resultados se presentarán en un congreso médico y se remitirán a las autoridades reguladoras. Por ello, no es posible conocer aún la magnitud exacta del beneficio ni qué grupos de pacientes respondieron mejor.

Sí existen datos más detallados del ensayo anterior, de fase 2b y con 157 participantes. Tras cinco años de seguimiento, la combinación redujo un 49 % el riesgo de recaída o muerte y un 59 % el de metástasis a distancia o fallecimiento frente a Keytruda en solitario. Estos porcentajes no deben atribuirse todavía al ensayo de fase 3.

Del pulmón al páncreas

El verdadero alcance del avance dependerá de si puede trasladarse a otros cánceres. Moderna y Merck mantienen un programa formado por nueve ensayos en fases 2 y 3 que estudian esta terapia en melanoma y tumores de pulmón, vejiga y riñón, tanto después de la cirugía como en fases más avanzadas.

Tejido pulmonar con cáncer provocado por una mutación del gen KRAS, señalado en color morado.

Tejido pulmonar con cáncer provocado por una mutación del gen KRAS, señalado en color morado. Instituto Nacional del Cáncer de EEUU.

Otros grupos investigan estrategias similares. Una vacuna personalizada desarrollada por BioNTech y Genentech ha conseguido generar una respuesta duradera de células inmunitarias en algunos pacientes operados de cáncer de páncreas, uno de los tumores con peor pronóstico. Los resultados proceden todavía de estudios iniciales, pero indican que la estrategia podría tener recorrido más allá del melanoma.

No todos los cánceres presentan el mismo número de mutaciones reconocibles ni generan una respuesta inmunitaria equivalente. También pueden cambiar con el tiempo y crear un entorno capaz de frenar a las células defensivas. Por eso, una fórmula eficaz contra un tumor no puede trasladarse automáticamente a otro.

El reto de fabricar miles de vacunas únicas

La personalización constituye al mismo tiempo la mayor ventaja y uno de los principales obstáculos. No existe un lote idéntico que pueda producirse y almacenarse para miles de pacientes. Cada tratamiento exige obtener tejido suficiente, secuenciarlo, seleccionar las mutaciones, fabricar el ARN mensajero y superar controles de calidad antes de enviarlo al hospital.

Los avances en automatización e inteligencia artificial han permitido acortar un proceso que inicialmente necesitaba varios meses, pero la fabricación continúa requiriendo varias semanas. Ese plazo puede resultar decisivo en tumores agresivos y obliga a iniciar otros tratamientos mientras se prepara la vacuna.

A ello se añade el precio. Las compañías todavía no han comunicado cuánto costaría intismerán si recibe autorización, pero la secuenciación individual, la producción bajo condiciones farmacéuticas y la logística dificultan alcanzar los costes de un medicamento fabricado en serie. La eventual incorporación a los sistemas públicos de salud dependerá no solo de su eficacia, sino también de la capacidad para producirla a gran escala y demostrar que el beneficio compensa la inversión.

Las vacunas personalizadas no están a punto de sustituir a la cirugía, la quimioterapia o la inmunoterapia. Su futuro parece estar, al menos inicialmente, en combinación con ellas y en pacientes seleccionados. Pero el éxito anunciado en melanoma modifica una pregunta que la oncología llevaba décadas formulándose. Ya no se trata únicamente de saber si una vacuna contra el cáncer puede funcionar, sino para qué tumores, en qué pacientes y quién podrá acceder a ella.

2026-08-21T13:06:35+02:00
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