Bizkaia

Un vecino de Sodupe aprueba el Bachillerato a los 87 años

Luis Martín Montejo, vecino de Sodupe de 87 años, en su mesa de estudio.

Le ha costado algo más de tiempo que al resto porque, entre otras cosas, ha tenido que conciliar los estudios con el cuidado de los nietos y lidiar con el covid, pero lo ha conseguido. A sus 87 años, Luis Martín Montejo, vecino de Sodupe, acaba de aprobar el Bachillerato en el Instituto Vasco de Educación a Distancia, donde hay matriculados 1.600 alumnos, 800 de ellos de Bizkaia. "Yo sería el más viejo de todos, pero nunca he tenido ningún problema con nadie", afirma y anima a otras personas mayores a seguir sus pasos porque "estudiar mantiene el cerebro funcionando y eso evita muchas enfermedades".

Además de obtener su merecido título, Luis será homenajeado a finales de este mes en el instituto. "Algo quieren hacer, estoy agradecido", dice, restándose importancia. "Venía en transporte público hasta nuestro centro en Bilbao. Queremos hacerle llegar nuestro reconocimiento por el gran esfuerzo que ha hecho", destaca Xabier Valle, director del Instituto Vasco de Educación a Distncia.

"DEJÉ DE ESTUDIAR A LOS 14 AÑOS"

Antes de disfrutar de asignaturas como la filosofía y de pelearse con otras –"matemáticas es la que más me ha costado", confiesa–, Luis fue un aprendiz de la vida. "Dejé de estudiar a los 14 años para ir a un caserío en Lemóniz. Trabajaba en lo que podía, pero donde más estuve fue en Astilleros del Cadagua, de delineante. Empecé de pinche, con 18 años me hicieron oficial de tercera y luego pasé de la sala de gálibos a la oficina hasta que me prejubilaron en Astilleros Reunidos del Nervión, cuando la reestructuración naval, con 55 años", resume su vida laboral de un plumazo.

Además de aplicado, Luis es previsor. "Cuando vi que nos iban a echar, como no tenía ningún papel, dije: Voy a estudiar un poco y me saqué el graduado escolar en Solokoetxe, en Santutxu. Antes de que me prejubilaran, también puse una huerta para ayudarme un poco", cuenta.

"HE CUIDADO A ALGÚN NIETO"

Luis no es de esos hombres que se cruzan de brazos a ver la vida pasar ni de los que se resignan ante el deterioro propio de la edad. "Con 72 años me daba cuenta de que iba a la tienda y no me acordaba de las cosas, tenía que llevarlas escritas, así que me apunté a un cursillo de recuperación de memoria en Sodupe. Después me ofrecieron hacer la ESO, aprobé y luego me recomendaron que siguiera estudiando y fui al instituto, en Sarrikue", dice del tirón.

Todo esto después de que falleciera su esposa, que no veía con buenos ojos que Luis volviera a las aulas. "Supongo que sería porque era celosa y sabía que donde iba a estudiar había mujeres también", comenta. Una vez que se quedó viudo, abrió cuadernos y libros y no los ha cerrado más que cuando no le ha quedado más remedio. "Además de estudiar, me ha tocado cuidar a algún nieto, también he hecho cosas de tipo social, he estado cuatro años de administrador en la escalera haciendo todos los papeleos para poner el ascensor...".

Y eso sin contar con el coronavirus, que le tuvo alejado del instituto un año. "Cogí el covid, estuve ingresado en Cruces 26 días y no me dieron el alta completa hasta que pasaron 360. Me veía negro para estar de pie", afirma. Entre eso y algunos que otros compromisos, dice, tampoco ha "podido estudiar a tope". Entre pitos y flautas, Luis ha tardado más de una década en aprobar la ESO y el Bachillerato, pero a quién le importa correr cuando ya se está de vuelta.

"VOY A HACER UN APARATO"

Como no sabe "manejar demasiado bien" las tecnologías, aunque hizo "todas las cuentas del ascensor con el Excel", Luis ha acudido a las clases presenciales, en vez de asistir a las sesiones on line, y "así si hay que preguntar algo, se pregunta". No le debieron quedar muchas dudas porque ha aprobado el Bachillerato y, lejos de descansar, ya tiene otro proyecto entre manos.

"Voy a hacer un aparato que produce movimiento y puede servir para accionar un molino o un alternador de electricidad. No gasta combustible ni produce ningún residuo. Me extraña que no lo haya hecho nadie. Digo: Diablos, si esto se puede hacer, ¿por qué no? Haré uno pequeñito para demostrar que funciona y después se pueden hacer otros mayores que sean un complemento para la energía solar o los aerogeneradores", expone.

Activo donde los haya –"hago la compra solo y no uso makila"–, Luis también ha escrito, tras documentarse, "unas reflexiones sobre salud de las que he regalado muchas copias". De momento, subraya, "voy a construir este aparato porque es un deber moral y si me sobra tiempo, seguiré leyendo y estudiando". Dice que su artilugio, una vez puesto en marcha, no se para. Igual que él.

09/06/2022