La ultraderecha alemana tiene un nuevo e insólito ídolo de masas. Con tan solo 35 años, Ulrich Siegmund se ha consagrado como la estrella indiscutible de Alternativa para Alemania (AfD) tras arrasar en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt con un contundente 43,8 % de los votos. Esta victoria histórica plantea un escenario político inédito en el país: Siegmund podría convertirse en el primer miembro de la extrema derecha en gobernar un estado federado.
Lejos del perfil rígido que proyectan otros cuadros y líderes de su formación, como Alice Weidel o Tino Chrupalla, "Uli" ha cimentado su fulgurante éxito en una simpatía desbordante y un dominio absoluto de las redes sociales. Con medio millón de seguidores en Instagram y casi un millón en TikTok, Siegmund supera en tirón digital al mismísimo líder conservador Friedrich Merz. Su campaña ha sido un inteligente ejercicio de cercanía, combinando el tradicional puerta a puerta con paseos virales en ciclomotores Simson, un vehículo icónico de la extinta RDA explotado hábilmente para seducir a los nostálgicos de los "buenos viejos tiempos". Bajo su audaz lema "Todo es posible", su figura proyecta un talento comunicativo que, según conjeturan muchos analistas, tiene la mira puesta mucho más allá de las fronteras de Sajonia-Anhalt.
Sin embargo, su camino hacia la presidencia del Gobierno regional choca contra enormes obstáculos institucionales. Aunque la AfD fulminó a la conservadora CDU —que se desplomó 20 puntos—, no logró alcanzar la mayoría absoluta. Siegmund ya ha advertido que no se plantea gobernar en minoría, lo que le obliga a depender del apoyo de posibles tránsfugas debido al estricto "cortafuegos" o cordón sanitario que el resto de los partidos mantiene contra la ultraderecha. La única rendija táctica a su favor es la formación poscomunista Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), dispuesta a abstenerse en una hipotética tercera votación. Este cerco no es fortuito: desde 2023, las autoridades de Interior consideran a la rama de la AfD en este estado como un caso seguro de extremismo de derechas.
Nacido en 1990, poco después de la caída del Muro de Berlín, este joven político conecta con un electorado asolado por problemas estructurales, crisis demográfica y la mayor deuda pública per cápita de Alemania prometiendo "recuperar el pasado". Formado en comercio, estudiante de Ciencias Empresariales y exsumiller de café en Viena, su faceta de "tipo completamente normal" contrasta de plano con oscuras conexiones radicales. Varios de sus más estrechos colaboradores provienen de organizaciones neonazis ilegalizadas, y el propio Siegmund participó en 2023 en la polémica conferencia secreta de Potsdam. Allí se fraguaron planes de "remigración" masiva para expulsar a extranjeros y ciudadanos alemanes con raíces inmigrantes, en alianza con el extremismo identitario.
Aunque en público modera su discurso asegurando que solo busca deportar a "ilegales" y delincuentes, sus propuestas electorales son implacables: aboga por clases segregadas para niños refugiados, rechaza frontalmente la presencia de minaretes y almuecines, y clama por sustituir las banderas arcoíris de los edificios públicos por enseñas germanas. Además, promete cortar las subvenciones a lo que denomina "cultura y arte antialemanes". Ulrich Siegmund no solo busca el poder territorial; su verdadero y confesado objetivo es que el país "vuelva a honrar su propia historia en su conjunto y a estar orgulloso de ella".