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La plaza de la Virgen Blanca de la capital alavesa volverá a contener el aliento este martes 4 de agosto a las 18.00 horas. Y es que ese paraguas cruzando el cielo gasteiztarra es, sin duda, la imagen que todos recordamos de las Fiestas de La Blanca. No obstante, quedarse únicamente con la bajada y posterior subida de Celedón es comparable a abandonar un buen libro es su prólogo.
Y es que estas fiestas esconden en su interior un tejido de actividades emblemáticas -algunas de ellas centenarias y otras que surgieron como una alternativa moderna a viejas costumbres- con un arraigo brutal en común.
Aurreskus en honor a la Virgen Blanca.
Lejos de su imagen más representativa, la ciudad late a través de las cuadrillas de Blusas y Neskas, de las cofradías y de la propia ciudadanía que se anima a participar en aquellas actividades que forman la columna vertebral de unas fiestas que vuelven a adueñarse de sus calles.
Carrera de barricas
Aunque el ambiente festivo arranca oficialmente ahora, en agosto, el Día de Santiago (el pasado 25 de julio) sirvió de preludio con el Día del Blusa y la Neska. Fue allí donde pudimos disfrutar de la Carrera de Barricas. Este evento llegó en 2026 para sustituir a la extinta carrera de burros (activa desde 1962 y prohibida por la ordenanza municipal de protección animal bajo el mandato de Gorka Urtaran).
Carrera de Barricas de cuadrillas de Blusas y Neskas.
De hecho, está inspirada en el Bravìo delle botti de la Toscana italiana, y consiste en empujar barricas de 225 litros a los largo de un circuito por el centro de la ciudad. Tras cuatro relevos y mucho sudor, reivindica a Gasteiz como uno de los enclaves estrella donde disfrutar de la cultura ligada al vino de Rioja Alavesa.
Procesión del Rosario de los faroles
Pocas estampas son tan sobrecogedoras como la noche del 4 de agosto. Tras la euforia del txupinazo que aún resuena, a las 22.00 horas la ciudad se apaga para dar paso a un imponente silencio roto -en este caso- por la luz. Desde 1895, gracias a la iniciativa del profesor Manuel Díaz de Arcaya (que quiso dotar de esplendor a una modesta tradición de velas de 1855), más de 271 faroles de vidrio y metal policromado desfilan por las calles; convirtiéndolas en un museo de cristales rodantes que representa la solemnidad y el respeto por las tradiciones.
Procesión del Rosario de los faroles.
Ofrenda floral y aurresku de honor
Ya en la mañana del 5 de agosto (Día de la Virgen Blanca) el protagonismo recae sobre las cuadrillas. Blusas y Neskas desfilan hacia la balconada de San Miguel para realizar la ofrenda floral a la santa. El momento álgido llega con el aurresku de honor, esa reverencia en forma de danza tradicional vasca, ejecutada en un silencio sepulcral que contrasta radicalmente con el bullicio que dominará el resto de la jornada.
Ofrenda floral.
Herri kirolak
Por la parte que le toca, la plaza de los Fueros no solo acoge música de madrugada, ya que -durante las mañanas festivas- la arena se transforma en el epicentro del herri kirolak (deporte rural vasco). El corte de aizkolaris (troncos), el levantamiento de piedra (harrijasotzailes), el traslado de txingas o el yunque son el testamento vivo de los antiguos oficios del caserío convertidos -en este caso- en competición.
Herri kirolak.
Toros de fuego
Al caer la noche el día 9 en la calle Olaguíbel, concretamente a las 22.30 horas, el ambiente huele a pólvora con la llegada de los Toros de fuego. Se trata de una estructura con forma de bóvido, cargada de pirotecnia y transportada por un mozo, que persigue a la multitud lanzando chispas y petardos. Es la tradición más frenética, pues lleva décadas provocando carreras entre aquellos que más disfrutan de la adrenalina estando de fiesta.
Toros de fuego.
Pintxopote solidario
La gastronomía forma una parte indiscutible de la esencia de Euskal Herria, y en La Blanca se mezcla con la acción social. Diversas cuadrillas como Gasteizko jaiak, Kaletarrak, Zintzarri o Akelarre organizan pintxopotes solidarios en distintas plazas de la localidad. La dinámica consiste en repartir pintxos y bebidas a precios populares, destinando la recaudación a diferentes asociaciones benéficas.
Lanzamiento de abarkas y botas de vino
Si hay algo que caracteriza a los integrantes de las cuadrillas, es que tanto Blusas como Neskas llevan en los pies abarkas como parte fundamental de su indumentaria tradicional. Por eso, el lanzamiento de abarka es tan típico, porque consiste exactamente en lo que parece: coger el calzado de cuero y lanzarlo lo más lejos posible. En concreto el día 6 a las 17.00 horas, la plaza de los Fueros es testigo de un campeonato en toda regla que suele congregar a decenas de curiosos; mezclando así técnica, fuerza bruta y muchas carcajadas.
Lanzamiento de abarka.
Muy parecido es, en este caso, el evento que se lleva a cabo el día 8 a las 10.00 horas en la plaza de España. Pues, en este caso, lo que se lanza es la bota de vino Celedón en su novena edición.
Exhibición de bolo alavés
En un mundo hiperconectado, mantener vivos los juegos de antaño es un acto de resistencia cultural. Por eso, la bolera de la plaza de los Fueros acoge este 2026 la 59ª edición de la Exhibición de bolo alavés y el XI Campeonato de bolo alavés. A diferencia de otros estilos, en esta modalidad autóctona única no solo importa derribar los bolos, sino hacerlo con una técnica de lanzamiento muy específica. Sin duda, se trata de un deporte de precisión y veteranía que se niega a desaparecer, pues sus registros históricos del juego datan de los siglos XV y XVI.
Exhibición de bolo alavés.
Gambada popular
La solidaridad culinaria es un clásico de las fiestas de La Blanca. Organizada por la cuadrilla Gasteiztarrak desde hace ya tres décadas -este 2026 cumple su 30º aniversario- la Gambada popular congrega en la plaza del General Loma a miles de personas el día 8 a las 12.00 horas. Raciones de gambas y croquetas se reparten a cambio de donativos voluntarios en las huchas. El dinero recaudado se destina a causas nobles, apoyando a asociaciones en una demostración palpable de que el tejido festivo es también uno profundamente social y activo.
Gambada popular en La Blanca.
Entre muchas otras que se celebran estos días, estas actividades demuestran que Gasteiz en La Blanca no es únicamente el estallido inicial de su txupinazo. En realidad, se trata de la suma de estos momentos. Ya sea el cristal iluminado de los faroles, el ruedo de la barrica, la suela de la abarka cruzando el cielo o el sabor de una gastronomía de Euskal Herria solidaria. Es esa mezcla innegociable de devoción, deporte y raíces la que mantiene viva a unas fiestas que tienen nombre, presencia, representación e historia en cada rincón de la ciudad que espera con ansia cada año para volver a celebrarla.