Vida y estilo

Todo lo que debes saber para adoptar un galgo

Los galgos son unos perros tranquilos que se adaptan bien a la vida familiar.

Cuando llega el mes de febrero suele terminar la temporada de caza. Pero también empieza otra en la que algunos cazadores desaprensivos, más de los que nos gustaría, comienzan a desprenderse de la peor manera de los canes que, a su juicio, ya han perdido facultades. Unos son abandonados y otros sacrificados.

La raza de perros de caza que más sufre esta práctica es el galgo, o lebrel, que tras pasar el otoño y parte del invierno persiguiendo a la carrera liebres y otras piezas, puede ver terminados sus días abandonado o, mucho más triste, ahorcado si su dueño considera que no tiene las facultades necesarias para conservarlo hasta la temporada siguiente.

Afortunadamente, desde hace tiempo que existen asociaciones que se dedican a recoger y buscar un hogar para estos animales. Sus campañas por la adopción, unido a la indudable elegancia y buen carácter de estos perros, están logrando que cada vez más personas se lleven uno a casa.

Pero ojo, hay que huir de las modas. Son seres vivos que tienen sus necesidades concretas. Más todavía si cuentan una mochila traumática de abandono o maltrato.

Galgo o podenco

En las mismas circunstancias que los galgos se ve también otra raza de perro, el podenco. También velocista y también cazador, se asemeja mucho al galgo, aunque su fama es menor. Su carácter más independiente hace que sea menos común su adopción.

Para que no ocurra como a las liebres de la historia, que en plena persecución se pusieron a discutir si lo que les venía por detrás era galgo y podenco, estas son algunas de sus diferencias.

El galgo es más estilizado, más fino de cuerpo que el podenco. A su vez, este tiene una mayor altura media de cruz. Mientras un podenco adulto tiene una altura de entre 65 y 72 cm, el galgo se mantiene entre los 60 y los 70 cm.

En la cabeza, el hocico de los galgos es más fino y luce una trufa negra, del mismo color que los labios. En el podenco encontramos un morro también alargado y estrecho pero está truncado hacia la base. En su caso, la trufa varía entre rosada y marrón mientras que los labios son de tonalidad carne. Las orejas son muy distintas. El podenco las tiene puntiagudas y erguidas, mientras las del galgo se doblan por la mitad.

Haciendo honor a su esbelto aspecto, el cuello de los galgo es más largo que el de los podencos y se une a un tórax más elevado que el del podenco.

La personalidad de ambas razas es diferente, aunque ambas son cariñosas, el galgo es más tímido y el podenco es más enérgico, más independiente.

La familia adopta un galgo

La personalidad del galgo está condicionada por esa timidez que se vuelve dulzura con la familia, lo que hace que sea perfecto para convivir en casas tranquilas pero cuyos componentes sean aficionados al ejercicio físico, que no es necesario que sea muy intenso. Su carácter dócil y paciente facilitan su adaptación a un nuevo hogar.

Pero ojo, no hay que pensar que por ser un galgo, todo va a ser un camino de rosas. Cada individuo concreto tendrá su propio historial y sus propios traumas que hay que ir curando poco a poco.

A la hora de plantearse este paso hay que conocer algunas peculiaridades de esta raza, además de intentar conocer su pasado, ya que en demasiados casos hay maltrato y abandono. Y esta es otra labor de las asociaciones: informar de la situación concreta de cada individuo. Solo así la adopción será un éxito.

Estas serían algunas de las primeras cosas que hay que saber sobre los galgos antes de adoptar uno.

1. Ejercicio. Por su velocidad, el galgo se cría para carreras y caza y se le somete a un intensivo entrenamiento. Y aunque disfruta corriendo en espacios abiertos, de natural no es una raza especialmente activa. Son veloces y se arrancan , pero no necesitan correr, con tres paseos de 20 minutos al día les suele bastar para mantenerse en forma. Además, la edad también influye y los jóvenes necesitan más actividad que los mayores, como en todos los perros.

2. Duermen mucho. Tiende a la pereza, a relajarse y conservar la energía para cuando haga falta una carrera explosiva. Mientras está en casa puede pasar mucho tiempo durmiendo o, simplemente, tumbado. De hecho son perros potentes, explosivos pero no muy resistentes. Tiene una cierta tendencia gatuna a dormir la mayor cantidad de horas posibles. Esta característica los hace ideales para un piso

3. Abandono y malos tratos. La mayoría de los galgos acogidos y en busca de un hogar han sido abandonados o salvado in extremis. Por ello no es extraño que se muestren desconfiados y miedoso. Cambiar este estado es una cuestión de trabajo y paciencia, de lograr ganarse su confianza en un entorno que le resulte acogedor. En la mayoría de los casos evolución es positiva, pero no hay que dudar a la hora de buscar apoyo especializado en expertos en comportamiento. Y si se cuenta con experiencia previa, mejor.

4. El miedo es circunstancial. El galgo es una raza de perro muy sociable y cariñosa, ideal para convivir con niños, pero el maltrato, la mala vida que les haya podido tocar en suerte les puede afectar al carácter. El miedo es una manifestación de esa vida y hace necesario un período de adaptación en su nuevo hogar. En los centros de acogida ven la evolución de cada galgo y tratan de buscar la acogida más adecuada.

5. Les afecta el frío. El galgo es uno de los perros considerados frioleros. La poca grasa y el pelo corto que muestran la mayoría de las variedades de esta raza lo explican. Por ello es más que aconsejable ponerles un abrigo o una manta cuando sale a pasear en caso de frío y mal tiempo. Por esta misma razón no son animales que deban vivir en un caseta en el jardín.

6. Es aconsejable sacarlos con correa. Al menos al principio, hasta que cojan confianza con el nuevo entorno en el que se van a mover. Son potentes y reacción rápida. Si salen corriendo asustados, recuperarlos es muy difícil. Además, una reacción imprevista puede provocar accidentes. Aunque vaya sujeto, tampoco hay que confiarse, aunque de normal no den tirones, basta un descuido para que se suelte y huya. O haga caso de su instinto de cazador en un paseo por el campo y se lance a perseguir algún animal.

Teniendo estos conceptos claros, la familia puede dar el paso por adoptar un galgo. Así sabrá que aunque el camino sea un tanto laborioso, su compromiso por mejorar la vida de estos perros tendrá un fruto de lo más satisfactorio.

03/02/2022