La cartelera de agosto no se toma vacaciones. Esta semana, un avión se hundirá en mitad del océano, una isla será habitada por dinosaurios, una relación nace en Internet y tres cuadros de Rembrandt abren caminos muy distintos hacia la gran pantalla. Entre el espectáculo de supervivencia, la animación familiar, la comedia y un cine europeo más dispuesto a incomodar que a ofrecer respuestas sencillas, los estrenos del 7 de agosto recuerdan que también hay historias capaces de competir con cualquier plan de verano.
En mar abierto: sobrevivir al accidente solo es el principio
Un vuelo transatlántico se estrella en mitad del océano y deja a un pequeño grupo de pasajeros atrapado entre los restos del avión. Sobrevivir al impacto, sin embargo, es solo el comienzo: sin posibilidad inmediata de rescate y con los suministros agotándose, los protagonistas descubren que una jauría de tiburones rodea la zona.
Renny Harlin, responsable de títulos como La jungla 2: Alerta roja y Máximo riesgo, recupera así el cine de catástrofes y supervivencia con Aaron Eckhart y Ben Kingsley al frente del reparto, acompañados por Molly Belle Wright, Angus Sampson y Lucy Barrett. La película supone además el regreso del director finlandés al territorio de los escualos más de un cuarto de siglo después de Deep Blue Sea, estrenada en 1999.
Su historia fuera de la pantalla resulta casi tan accidentada como la ficción: el proyecto original quedó paralizado en 2014 por las similitudes de su argumento con la desaparición del vuelo MH370 de Malaysia Airlines y no fue recuperado hasta 2023, cuando se convirtió en la primera producción de la compañía fundada por Gene Simmons, integrante de Kiss, y el productor Gary Hamilton. Parte del rodaje se realizó en Nueva Zelanda y Gran Canaria.
El último mono: la machosfera también puede provocar risa
Alejandro ha convertido la seducción en un negocio y las redes sociales en el escaparate desde el que imparte lecciones a otros hombres. Convencido de que ninguna mujer puede resistirse a su método, acepta ante sus seguidores el reto de conquistar en solo tres días a Mariela, una cómica feminista que se ha convertido en su principal adversaria digital.
Joaquín Mazón, director de La familia Benetón, El casoplón y La vida padre, utiliza el choque entre ambos personajes para acercarse desde la comedia a la machosfera, los discursos enfrentados y las relaciones sentimentales en la era de Internet. Juan Dávila y Susana Abaitua encabezan un reparto en el que también aparecen Conchi Espejo, Óscar Lasarte, Xavi Francés y Paula García Sabio, con un guion firmado por Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano, ganadores del Goya al mejor guion adaptado por La cena.
La película fue rodada íntegramente en Valencia y obligó a Dávila a buscar humanidad en un personaje con el que reconoce no sentirse precisamente cómodo: “Mi personaje me cae fatal”, confesó el actor, que evitó inspirarse directamente en gurús reales para no convertirlo en una caricatura imposible de comprender. La cinta supone, además, el reencuentro de Dávila y Abaitua, que ya habían coincidido sobre los escenarios en 2013 en una representación de Mucho ruido y pocas nueces.
La Patrulla Canina: La dino película: los cachorros cambian la ciudad por los dinosaurios
Una tormenta sorprende a la Patrulla Canina durante una travesía y arrastra su barco hasta una isla tropical desconocida, habitada por dinosaurios. Allí, Chase, Skye, Marshall y el resto de los cachorros conocen a Rex, un perro que lleva años atrapado en el lugar y que se ha convertido en un experto en estas criaturas.
La aventura se complica cuando el alcalde Humdinger comienza a explotar los recursos naturales de la isla y provoca accidentalmente la erupción de un volcán que amenaza con destruirla. Cal Brunker, responsable también de las dos entregas cinematográficas anteriores, vuelve a dirigir y firma el guion junto a Bob Barlen. La versión original reúne voces conocidas como las de Mckenna Grace, Terry Crews, Jennifer Hudson, Jameela Jamil, Snoop Dogg, Paris Hilton y el divulgador científico Bill Nye.
Esta tercera película abandona Ciudad Aventura, escenario principal de las anteriores, y traslada por primera vez toda la acción a una isla de dinosaurios inspirada en la línea Dino Rescue de la serie. La franquicia llega a esta nueva entrega después de que sus dos primeras películas superaran conjuntamente los 356 millones de dólares de recaudación mundial. Como curiosidad adicional, los Backstreet Boys participan en la banda sonora con Bottle Up, una canción creada para acompañar la nueva aventura de los cachorros.
La ventana abierta: el amor digital abre la puerta a la sospecha
Rubén viaja hasta un remoto pueblo de la costa andaluza para conocer por primera vez a Merche, la mujer con la que ha mantenido una relación a través de Internet durante meses. Sin embargo, al llegar no encuentra a su pareja, sino a Vera, su hija adolescente, que lo recibe en una casa azotada por el viento de levante.
En el salón hay una gran ventana que permanece abierta pese al frío y que, según la joven, no puede cerrarse por una razón que se niega a explicar. A medida que avanza la conversación, las certezas de Rubén comienzan a resquebrajarse y la identidad que Merche había construido detrás de la pantalla se vuelve cada vez más difícil de sostener. Ana Graciani escribe y dirige este suspense psicológico protagonizado por Unax Ugalde, Adriana Camarena y Mara Guil, junto a Alberto López, Adriana Espina y Sofía Allepuz.
La película utiliza el aislamiento del paisaje, el viento y la ausencia de la mujer esperada para explorar la confianza, las relaciones digitales y la facilidad con la que una persona puede inventarse al otro cuando apenas lo conoce fuera de una pantalla. Su estreno mundial tuvo lugar precisamente en Bilbao: participó en la Sección Oficial de la 32.ª edición de FANT y terminó conquistando el Premio del Público al mejor largometraje, convirtiéndose en una de las propuestas mejor recibidas por los espectadores del festival.
El amor que permanece: lo que queda cuando una familia se rompe
Anna y Magnus han decidido separarse, pero el final de su relación no borra los años compartidos ni los vínculos que todavía los mantienen unidos. A lo largo de las cuatro estaciones, la película observa cómo ambos intentan reorganizar su vida mientras cuidan de sus tres hijos y aprenden a convivir con los recuerdos, las ausencias y una forma de afecto que persiste incluso cuando la pareja ha dejado de existir.
El islandés Hlynur Pálmason, director de Godland y Un blanco, blanco día, se aleja del relato convencional de una ruptura para construir un retrato familiar formado por momentos cotidianos, humor, melancolía y pequeñas irrupciones de lo extraño. Saga Garðarsdóttir y Sverrir Gudnason interpretan a los padres, pero buena parte de la intimidad que desprende la historia procede de una decisión muy personal: los tres hijos de la familia son, en realidad, los propios hijos del cineasta, que aparecen juntos por primera vez ante la cámara.
También pertenece a Pálmason la perra Panda, convertida en una integrante más del reparto y en la protagonista de la curiosidad más entrañable de la película. Tras su estreno en la sección Cannes Première de 2025, esta pastora islandesa recibió la Palm Dog, el galardón que reconoce cada año la mejor interpretación canina del festival. Panda no pudo viajar hasta Francia y aceptó el premio desde Islandia mediante un vídeo, mientras otra perra recogía simbólicamente su pañuelo rojo sobre el escenario.
El síndrome Rembrandt: cuando una obra de arte altera todas las certezas
Claire e Yves son físicos y llevan toda su vida profesional vinculados a la industria nuclear francesa. Su mundo se sostiene sobre cálculos, protocolos y certezas científicas hasta que, durante una visita a la National Gallery de Londres, Claire queda profundamente conmocionada ante tres cuadros de Rembrandt.
La experiencia abre una grieta en su forma de entender la realidad y la empuja a cuestionar la seguridad de los reactores EPR, especialmente ante fenómenos climáticos extremos que hasta entonces parecían poco probables. Yves observa con desconcierto la transformación de su mujer, pero pronto comienza a compartir la sensación de que se aproxima un desastre. Pierre Schoeller, director de El ejercicio del poder y Un pueblo y su rey, construye un thriller entre el arte, la ciencia y el miedo a aquello que no puede calcularse, protagonizado por Camille Cottin y Romain Duris, junto a Céleste Brunnquell, Denis Podalydès y Bruno Podalydès.
Aunque el título recuerda al síndrome de Stendhal, el cineasta ha aclarado que no pretende retratar un trastorno causado por la belleza, sino el instante en el que una imagen obliga a mirar el mundo de otra manera. Para sostener la parte científica, Schoeller trabajó con Davide Faranda, director de investigación del CNRS y especialista en fenómenos climáticos extremos, que asesoró el guion y terminó apareciendo en la propia película. El resultado convierte tres lienzos pintados hace casi cuatro siglos en el detonante de una pregunta completamente contemporánea: ¿qué sucede cuando la intuición advierte de un peligro que la ciencia todavía considera improbable?
La cartelera demuestra esta semana que una sala de cine puede ser refugio frente al calor, pero también un lugar desde el que asomarse a algunos de los temores y contradicciones del presente. Bajo los tiburones, los dinosaurios, el humor o los paisajes islandeses aparecen preguntas sobre la supervivencia, las relaciones construidas en Internet, los discursos que dividen y aquello que permanece cuando una certeza se rompe. Hay películas que entretienen, otras que emocionan y algunas que permanecen mucho tiempo después de abandonar la sala; elegir cuál de ellas acompañará este verano corresponde ahora al espectador.